El milagro de Princio: un grupo de médicos del HUCA salva la vida a un joven africano de 16 años
El joven malgache fue intervenido a la desesperada en el HUCA de una pierna en la que tenía una gravísima infección
Una asociación asturiana de sanitarios cooperantes logró traerlo pese a todos los obstáculos legales

VIDEO: Amor Domínguez

Tiene 16 años. Llegó a Asturias casi condenado a perder una pierna, y aquí permaneció durante tres meses. Hoy está en su pueblo de Madagascar, con las dos piernas, en la escuela y disfrutando con su familia y sus amigos. Eso sí, habitualmente sin wifi, hablando en régimen de presencialidad con los que tiene más próximos.
Tres meses en Asturias, y el minucioso trabajo de un equipo del HUCA compuesto por traumatólogos y cirujanos plásticos, modificaron el destino de Princio, un joven malgache de 16 años al que los integrantes de HASHTG (Asociación Humanitaria para la Formación Sanitaria) conocieron el pasado mes de junio en uno de esos lugares que aún existen en algunas latitudes del planeta: una leprosería emplazada en Farafangana, sureste de Madagascar, fundada en 1902 por la congregación de la Hijas de la Caridad y denominada Clinique Medico-Chirurgicale St. Vincent de Paul.
Allí llegó en junio de 2025 un grupo de sanitarios de HASHTG (por su acrónimo en inglés), asociación sin ánimo de lucro constituida en Oviedo en 2019 por “un grupo de amigos con inquietudes solidarias y docentes”, según explica Beatriz Duplá Parugues, impulsora y presidenta de la entidad, ginecóloga del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), profesora asociada y cooperante desde 2008.
Ya habían estado allí en varias ocasiones, la última en octubre de 2019, y el año pasado repitieron visita a la leprosería de Ambatoabo (Farafangana). “Las dificultades físicas y económicas del viaje no lo ponen fácil. Son cuatro días de ida entre autobús, avión y coche, cargados cada uno de nosotros con más de 50 kilos de material y medicación”, detalla la doctora Duplá.

Princio, durante su estancia en el HUCA. / LNE
Extrema pobreza
El panorama sanitario de Madagascar es muy parecido al que uno puede imaginar desde miles de kilómetros de distancia: el país sólo dedica a salud el 3,3 por ciento de su exiguo PIB, por lo que tiene una fuerte dependencia de ayuda externa en servicios básicos sanitarios. Otro dato: Madagascar registra una mortalidad materna de 390–400 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, una de las más elevadas del África subsahariana. El principal motivo es el limitado acceso a atención obstétrica de emergencia, especialmente en zonas rurales como Farafangana, donde el 87 por ciento de los habitantes sobrevive en condiciones de extrema pobreza.
Este es el contexto existencial de Princio al que llegaron los sanitarios de HASHTG hace menos de ochos meses, para una estancia de diez días. Un equipo multidisciplinar compuesto por dos anestesistas, dos cirujanos, una enfermera, una pediatra y dos ginecólogas arribaron a Ambatoabo cargados con 400 kilos de medicamentos y material quirúrgico para donar.
“Nada más llegar, la monja responsable del hospital nos dijo que había un chico de 15 años que tenía una herida muy grande en una pierna. Llevaba ingresado seis meses y ya no sabían qué hacer con él”, rememora para LA NUEVA ESPAÑA Beatriz Duplá. Y prosigue: “Lo habían operado tres veces. Nos llevó a verlo. La pierna estaba muy mal. Tenía una herida abierta enorme, con una infección muy grande en el hueso, una osteomielitis. Había perdido bastante hueso”.
La conclusión estaba clara: sólo quedaba amputar la pierna. Pero realizar una amputación en Madagascar “era bastante peligroso, sobre todo porque no teníamos antibióticos para curar la infección”, señala la médica asturiana.
La familia de Princio estaba angustiada: “Su padre y su abuelo nos pidieron que no le hiciéramos una amputación, que intentáramos algo distinto. Pero nosotros no teníamos medios allí. Ni nosotros ni en todo el país tienen medios para hacer una cirugía de este tipo”.
Laberinto administrativo
Los sanitarios de HASHTG resolvieron dejarse la piel por salvar al adolescente malgache. “Se nos ocurrió contactar con el Sespa, pero había muchas dificultades legales. La tramitación burocrática fue muy complicada, una locura total. Intervinieron la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo, la Embajada de España en Sudáfrica, el Consulado de España en Madagascar... Pensábamos en una acción similar a la que se hace con gente de Gaza y del Sáhara, con los que hay un concierto”, relata Beatriz Duplá.
Fue como una película de suspense. “Ahora nos decían que podía venir; a la media hora, que no… Nosotros ya habíamos comprado el vuelo, porque curiosamente tienes que tener el vuelo para pedir el visado, pero no sabes si lo vas a obtener o no. Al final, el trámite, que en teoría suponía tres meses, se resolvió en quince días por una suerte de casualidades, de conocidos, de contactos…”, indica la ginecóloga.
Princio viajó durante tres días hasta la capital de Madagascar, Antananarivo, y desde allí voló a Estambul y, posteriormente, a Bilbao. Llegó a Oviedo el 26 de julio y se alojó en casa de la doctora Duplá. Ingresó en el HUCA dos días después de llegar. Le realizaron los estudios preparatorios. Fue operado a principios de agosto por un traumatólogo, David Alonso, y dos cirujanos plásticos. El doctor Alonso es el responsable de intervenir a los niños de Gaza que vienen con problemas traumatológicos.

El joven malgache, en Fuente Dé, a los pocos días de recibir el alta. / LNE
No hizo falta amputar
La idea inicial es que harían falta tres cirugías y ocho meses. A la hora de la verdad, todo fue más sencillo. Le quitaron la parte del hueso que tenía infectada y le pusieron una especie de cemento antibiótico. A continuación, los cirujanos plásticos tomaron de la otra pierna un fragmento de piel, vasos y tejido, y se lo pusieron sobre la zona infectada, con una microanastomosis.
“No hizo falta amputar, fue muy bien. Le pusieron un fijador externo alrededor de la pierna para sujetarle, porque no tiene hueso. Estuvo ingresado con antibiótico intravenoso, porque tenía bastantes bacterias diferentes. Los cirujanos del HUCA tienen un nivel muy alto. Fue fenomenal. El 5 de septiembre se fue de alta, con el fijador”, relata la presidenta de HASHTG.
Participó en las fiestas de San Mateo con el fijador en la pierna. A finales de septiembre, ingresó de nuevo en el HUCA para que se lo quitaran. Recibió el alta y al fin de semana siguiente “ya estaba caminando, sin muletas y sin nada, incluso subimos a Fuente Dé”, señala la doctora Duplá. Y apostilla: “La recuperación fue impresionante”.
Sin muletas
En Asturias estuvo algunas semanas más y pudo conocer la región. “Aquí fue para él la primera vez de todo: del ascensor, de una vitrocerámica, de un avión, de agua corriente, de agua caliente, de la nevera llena… Yo le decía: ¿Y cuando vuelvas a tu país, cómo vas a hacer con la wifi? Él me decía: ‘Nada, nos sentamos y hablamos’”.
El 26 de octubre emprendió el regresó a su país, a través de Etiopía. “A los 15 días de llegar a Madagascar, ya volvió a la escuela. Está en su pueblo y sin muletas. Me llaman él y su hermano y su padre. Está fenomenal”, señala con satisfacción la ginecóloga ovetense.
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