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Francisco Pérez-Puchal, productor de faba asturiana: "Tenía tierras familiar, eché números y salieron bien de aquella, pero con Mercosur ya no hay nada que hacer"

Tiene 3,5 hectáreas en Las Regueras y alerta de la competencia de la alubia boliviana: cuesta menos de la mitad que la asturiana

Francisco Pérez-Puchal, con uno de sus caballos.

Francisco Pérez-Puchal, con uno de sus caballos. / F. P-P.

Mariola Riera

Mariola Riera

Oviedo

«Mi opinión es muy pesimista. No hay nada que hacer si aplican Mercosur, ni ayudas, ni medidas que lo conviertan en un mal menor. Será la muerte del sector primario en general», sentencia Francisco Pérez-Puchal. Tiene en Las Regueras una plantación de 3,2 hectáreas de fabas (blanca y verdina) y está adscrito desde hace tres años a la IGP. Con 38 años decidió hacerse profesional del campo: «Tenía tierras familiares y siempre me atrajo. Eché números y salieron bien de aquella, así que me lancé y profesionalice». Cultiva también fisalis, cría asturcones, tiene invernaderos...

«No me arrepiento. A mí de aquí no me sacan», sentencia. Ahora bien, está convencido de que nadie se preocupa por la agricultura y la ganadería y a la larga la sociedad lo pagará. Teme a la faba boliviana –Bolivia negocia entrar en Mercosur como quinto país–, que tirará por el suelo los precios. Algo ya hay, pero será mucho mayor en cuanto eche a andar el tratado. Ahora un kilo de faba IGP ronda los 19 euros. La boliviana u otra de fuera, menos de la mitad: se puede encontrar por 7. «Producen muy barato, además. A mi me cuesta producir un kilo unos 10 euros sumando productos para las plagas, maquinaria, tiempo, estructuras....».

Consumidor alerta

Pérez-Puchal cree que el consumidor es importante a la hora de valorar el impacto de Mercosur: «Tienen que saber, entender que no solo nosotros perdemos, sino ellos también, porque tendrán al alcance productos más baratos pero no sometidos a controles tan exigentes como los nuestros», explica. «Pero la gente mira el precio, sobre todo, es normal. Los salarios están estancados, las familias agotadas y la gente se lo piensa en medio de este capitalismo salvaje».

Insiste que con Mercosur ha llegado la «puntilla definitiva» al campo: «No desaparecerá, sino que habrá que diversificar, producir para comer y dejar de ser profesionales, porque no será rentable. Lo tendremos que tener de hobby. Una pena».

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