Pedro Prada, referente en oncología radioterápica: "Con la braquiterapia podemos acabar con un tumor sin dañar tejido sano"
«Valdecilla es el único hospital público del país que reúne protones, aceleradores y quirófanos en un mismo espacio», celebra el especialista que dirige la unidad de protones, una revolucionaria técnica contra el cáncer que echará a andar en 2027

Pedro Prada en el Club de LA NUEVA ESPAÑA. / Juan Plaza
Médico, investigador y referente internacional en oncología radioterápica, el doctor asturiano Pedro Prada es una de las figuras clave en el desarrollo de la braquiterapia en Europa. Jefe del Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, ha sido pionero en la implantación de técnicas de alta y baja tasa de dosis que marcaron un hito en el tratamiento del cáncer. Con una trayectoria que combina asistencia clínica de alta especialización, investigación traslacional y docencia universitaria, dirige hoy uno de los servicios oncológicos más avanzados del sistema público, donde la precisión milimétrica y la innovación tecnológica se ponen al servicio del paciente.
Usted fue pionero en la braquiterapia. ¿Cómo ha avanzado este tipo de tratamientos?
La braquiterapia la desarrollé en Asturias. Hicimos la primera intervención europea de alta tasa y la primera en España de baja tasa. Desde entonces, tecnológicamente todo ha mejorado muchísimo. Antes dependía mucho más del acto médico manual; hoy nos apoyamos en robots, en materiales específicos y en software que nos permite hacerlo todo con muchísima más precisión. Utilizamos programas informáticos que aportan una precisión tremenda. La técnica es parecida, pero hemos hecho cambios importantes. De hecho, aquí desarrollamos aspectos que hoy están admitidos en todo el mundo como verdad científica: la preservación de estructuras sanas, el tratamiento en tiempo real… Todo eso salió de aquí. Ahora la técnica es más delicada, más fina, más precisa. Cuando hablamos de precisión milimétrica no es una forma de hablar: es literal.
¿En qué están trabajando actualmente?
Nosotros tenemos dos grandes áreas. Me llamaron en su momento de muchos sitios: del Clínico San Carlos, de Santiago de Compostela, de Valdecilla… querían que me hiciera cargo del servicio para desarrollarlo sobre la base de todas estas técnicas. Tuve contacto con todos, pero donde vi mayor proyección fue en Valdecilla. Allí confluyen varias cosas muy difíciles de reunir: la parte asistencial, la investigación a través del Instituto de Investigación Valdecilla —dependiente del Carlos III— y un hospital virtual que es el mayor de Europa, donde se aprende con modelos animales o cadáveres, no con pacientes. Además, allí presido la Asociación Española Contra el Cáncer. Todo eso forma un conglomerado muy difícil de replicar. Mi objetivo era crear un servicio de referencia, donde pacientes de todo el país pudieran acudir para determinadas técnicas. Eso, entre comunidades, se paga, no es gratis. Y ahí entra también la política.
¿Cómo se estructura la parte quirúrgica?
En la parte quirúrgica no solo hacemos braquiterapia. También hacemos radioterapia intraoperatoria con electrones, con 50 kilovoltios, y mucha cirugía, a veces solos y otras en colaboración con otros servicios. Tenemos braquiterapia convencional, braquiterapia intraoperatoria y dos tipos distintos de intraoperatoria. Todo eso lo llevamos haciendo años.
¿Qué ventajas tiene este modelo?
Son tratamientos curativos de tumores —solo tratamos tumores— y los hacemos de forma ambulatoria: el paciente viene por la mañana y se va por la tarde. No amputamos, y los efectos secundarios son mínimos o nulos. Todo lo que tenemos nosotros no lo tiene ningún hospital público del país. Ni en Madrid, ni en Barcelona.
¿Puede optar cualquier paciente a estos tratamientos?
Sí. La comunidad autónoma del paciente solicita el tratamiento. Si su servicio de salud lo acepta, nosotros aceptamos a todo el mundo, sin rechazar a nadie. Después la cuestión económica se arregla entre comunidades. La parte quirúrgica es muy potente, de referencia nacional.
Además de la cirugía, ¿qué otros tratamientos realizan?
Tenemos radioterapia externa con aceleradores lineales, tomoterapia, aceleradores de electrones y estamos montando la unidad de protones. Todo eso en la sanidad pública. Además, contamos con tratamientos de apoyo como oncotermia, cámara hiperbárica o radioterapia 3D, que no sustituyen a los tratamientos curativos, sino que los refuerzan. También los tenemos todos. Es un servicio muy potente, comparable a los grandes centros americanos, pero dentro del sistema público.
La protonterapia es uno de los grandes avances. ¿Cómo funciona exactamente?
La unidad de protones ocupa más de 5.000 metros cuadrados. No hay ningún servicio europeo que tenga protones, aceleradores y quirófanos integrados en un mismo espacio. Es una inversión de la comunidad, no privada. Yo soy jefe de todo el servicio y director de la unidad de protones. La unidad requiere un búnker con paredes de dos metros de espesor y un tamaño mínimo similar al de una pista de tenis. La máquina llega en dos piezas de 90 toneladas cada una. Los protones se generan en el momento de utilizarlos. Partimos del hidrógeno, aplicamos una corriente eléctrica, se separa el electrón y queda libre el protón, que se dirige mediante imanes al tumor.
¿Qué ventajas tienen frente a otras radiaciones?
Permiten dejar la energía exactamente a la profundidad que quieras, solo en el tumor y no en los tejidos sanos. Puedes depositarlos a 5, 10 o 20 centímetros sin que atraviesen el cuerpo. Eso los hace muy selectivos y muy eficaces. Matan el tumor y respetan el tejido sano. Está completamente demostrado. Además, la máquina es capaz de seguir el movimiento del tumor, incluso con la respiración, como un misil guiado. Si detecta desviación, no trata.
¿Qué pacientes se benefician más?
Fundamentalmente los niños, porque están en crecimiento. También tumores del sistema nervioso central, tumores de cabeza y cuello, y ciertos cánceres de mama, especialmente los cercanos al corazón. No existe célula tumoral que no se pueda eliminar con dosis suficiente. El problema es cuando no se puede dar esa dosis por la localización. Los protones permiten aumentar dosis sin dañar.
¿Reduce también el tiempo de tratamiento?
Muchísimo. Tratamientos que con fotones requieren cuatro o cinco semanas pueden hacerse con protones en una sola sesión de milisegundos.
¿Por qué no está más extendido?
Por el coste. La instalación ha costado más de 52 millones y requiere ingenieros, físicos y personal especializado trabajando día y noche.
Ofrecen también otros servicios poco habituales.
Sí. Tenemos asistencia psicológica, tratamientos estéticos gratuitos, rehabilitación de fibrosis, tecnologías que no existen en otros centros públicos. Todo dentro del sistema sanitario.
¿Cuántos profesionales y pacientes atienden?
Somos unas 80 personas y llegaremos a 110 o 115. Tratamos unos 2.600–2.700 pacientes al año. Con protones, unos 300, porque no da para más.
¿Cómo valora la compatibilidad entre sanidad pública y privada?
Depende de la ética profesional. Yo no tengo ningún recorte económico ni limitaciones. Todo está bajo mi control. Lo importante es que el servicio funcione y sea el mejor.
¿Cómo tomó la decisión de ir a Valdecilla?
Me llamaron de muchos sitios, pero aquí vi más posibilidades. Fui primero en comisión de servicios y después pedí que la plaza saliera a oposición. No quería nada a dedo.
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