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Zaida llegó de Venezuela a Asturias "con una mano delante y otra detrás": "Decir a los inmigrantes que van a tener los papeles en cinco meses es engañarles"

Tras casi tres décadas en España, lamenta las dificultades para acceder a ayudas: "Por tener empleo, muchas veces me la deniegan, mientras que conozco gente que llega a cobrar bastante sin un contrato"

VÍDEO: Zaida Castro, inmigrante legal procedente de Venezuela: "No quiero la nacionalidad española porque si pido una ayuda, no me la conceden""

J.A.

Sara Bernardo

Sara Bernardo

Su madre acababa de fallecer y la situación en Venezuela ya auguraba un futuro incierto. Fue entonces cuando Zaida (nombre ficticio, dado que ha preferido ocultar su identidad para contar su historia) decidió hacer las maletas y poner rumbo a Asturias, donde aterrizó, como ella misma dice, “con una mano delante y otra detrás”. De aquello han pasado ya 28 años. “Tuve mucha suerte porque soy peluquera y, en aquel momento, una mujer me dio la oportunidad de trabajar con ella”, recuerda. Gracias a esa primera jefa consiguió también regularizar su situación administrativa. “Cuando le conté que estaba en situación irregular me dijo que no había problema, me hizo un contrato y me ayudó con los papeles”, relata con una sonrisa.

Sin embargo, casi tres décadas después, Castro sigue siendo venezolana. “No quiero la nacionalidad española porque, en mi entorno, quienes la pidieron están teniendo muchísimas más trabas para acceder a ayudas”, explica. Asegura que su condición de trabajadora le ha cerrado en más de una ocasión la puerta a subvenciones. “A mí, por tener empleo, muchas veces me las deniegan, mientras que conozco gente que llega a cobrar bastante sin un contrato. Entonces, ¿quién va a querer trabajar?”, se pregunta con evidente frustración.

Este martes, el Ejecutivo central aprobará un real decreto para regularizar la situación de unos 500.000 migrantes que acrediten una permanencia mínima de cinco meses en España. Para ello deberán presentar documentos como el empadronamiento, citas médicas o billetes de transporte dentro del país. Castro, no obstante, se muestra escéptica. “No lo veo nada claro. Creo que será lo de siempre: mucha palabrería”, afirma a las puertas del padrón municipal de Oviedo. “Vienes aquí, presentas todo lo que te piden y, aun así, o te deniegan la ayuda o tardan meses en tramitarla”, denuncia.

Reconoce que hay personas que “vienen y le echan morro”, pero insiste en que muchas otras llegan con la única intención de trabajar y labrarse un futuro. “Decirles que en cinco meses van a tener papeles es engañarles. Hasta que no lo vea, no me lo creeré”, sentencia.

En su caso, acaba de solicitar una ayuda para hacer frente al recibo de la luz. “No tengo claro que me la concedan”, admite. “Trabajo y tengo unos ingresos que, tal y como están las cosas, no son suficientes, pero solo por tener contrato ya es casi imposible acceder a subvenciones”, lamenta.

A sus 28 años de vida en España, Zaida Castro resume su experiencia con una mezcla de agradecimiento y desencanto: valora las oportunidades que le permitieron salir adelante, pero critica un sistema que, a su juicio, penaliza el esfuerzo y la estabilidad laboral que, aún así, no son suficientes. Mira a las nuevas generaciones de migrantes con cierta desilución: "Ojalá lo tengan fácil, pero yo no me lo creo".

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