La odisea de la ganadera María Vega para registrar una cabra enana en Asturias: "Fue una locura de papeles; me preguntaron hasta dónde iba a dormir... ¡Conmigo iba a responder!"
"Yo crío a mis vacas con amor y cariño, no puedo competir con las hectáreas de los de Mercosur", dice la candamina, de 68 años, que participó en la manifestación de Campomanes

Irma Collín

«Mi ganadería es pequeñina comparada con las grandes extensiones de los ganaderos del Mercosur, no puede competir con ellas ni tener tantas hectáreas. Pero yo crío a mis vacas con amor y cariño, y bien alimentadas. Nada químico. Hasta las desparasito con agua y ajo macerado como mucho...».
A María Vega le tiene muy indignada, no tanto la firma del acuerdo comercial entre la UE con los países de Mercosur, como que los ganaderos y agricultores del otro lado del charco tengan más libertad para producir y menos miramientos. «Estoy aquí porque se nos viene encima una competencia injusta tremenda», clamó este jueves durante la protesta contra el acuerdo en Campomanes (Lena).
Junto a otros ganaderos de Grullos acudió con el cencerro en la mano para llamar la atención de «tan grave injusticia». Vega tiene además un buen ejemplo de la gran carga burocrática y normativa que soportan los profesionales del agro en Europa y, en concreto, en Asturias. Explica su caso con gracia, pero también con contundencia: «Resulta que quise tener una cabra enana y me dispuse a sacarle el pendiente –CEA, código de explotación– para tenerla en situación regular. Pues bien, la tengo como mascota, pero yo quisiera tenerla registrada. Pero, ¿tú sabes todo lo que me pedían para poder registrar la puñetera cabra enana? Lo que no está escrito. Tenía que poner foto de la nave, dónde había ventanas... Llegaron a preguntarme dónde iba a dormir la cabra. Conmigo en la cama, iba a responderles, porque uno ya no sabe qué decir... Para un perro no te piden tanto. Muchas preguntas, papeles, es una locura. Y eso en los otros países no lo tienen».
Jubilación no: "Seguiré hasta que me muera"
Tiene esta candamina 68 años, así que podría estar jubilada. Pero no. «Seguiré hasta que me muera», afirma rotunda. Lleva toda la vida con ganadería, herencia familiar. Con 40 años se quedó viuda y tiró para adelante con dos hijos y la explotación: 60 vacas de carne que se alimentan en varios pastos de alquiler por Candamo y otros concejos vecinos.
«Esto me encanta, es mi vida. Aunque hay momentos duros y difíciles. Tiene que gustarte», advierte. Uno de sus hijos la ayuda, aunque tiene su trabajo. La otra hija vive fuera. «No les he inculcado esto porque es duro. Mi hija, como tenía que ir a la hierba en vez de salir de fiesta, no lo quiere ver. Pero mi nieta parece que apunta maneras y le gusta».
Pero el futuro no lo tiene claro: «No sé qué será de la ganadería. Yo estaré hasta que aguante y cuando llegue el momento mi hijo ya verá. Pero hoy por hoy no lo veo claro».
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