El relato de otra paciente asturiana con cáncer de mama: "Me retrasaron tres meses y medio una consulta que desembocó en mi segunda cirugía"
"Le pedí al cirujano que me informara en persona y me dijo que no era necesario"
"La Consejería de Salud dice que todo va bien. Mi experiencia y la de mucha otra gente es que hay mucho, mucho, que mejorar”

Imagen de recurso de una exploración de mama. / Freepik

Una usuaria del Hospital Valle del Nalón (Langreo), operada de mama en 2018, relata las vicisitudes de su nueva intervención de ganglios, realizada hace dos semanas. Este relato se enmarca en la sucesión de denuncias de mujeres, publicadas por LA NUEVA ESPAÑA, en torno a las deficiencias en la atención a las pacientes de riesgo de cáncer de pecho.
"Tengo 58 años y vivo en la cuenca del Nalón. En 2018, me operaron de cáncer de mama (Hospital Valle del Nalón) y tuve que recibir radioterapia (Hospital de Jove) y quimioterapia (HUCA) con pastillas durante cinco años. Todo fenomenal. Seguí pasando mis revisiones periódicas, tanto en Valle del Nalón (servicio de Cirugía General) como en el HUCA (Oncología Médica). En 2023, Oncología del HUCA me da el alta y siguen vigilándome en Cirugía.
Un día vi algo raro en una axila, como que los ganglios se estaban inflamando. Entonces, aparte de los controles que ya tenía, empezaron a hacerme una ecografía axilar cada cuatro meses. Iba haciendo las ecografías axilares y no se veía nada. El cirujano que me llevaba se trasladó a Cangas del Narcea.
En febrero de 2025, la radióloga ve algo en una ecografía. Era la misma radióloga que me había detectado el cáncer de mama, una profesional muy estricta en el trabajo. Decidió punzar y la biopsia no salió ni bien ni mal porque la masa era muy pequeña. Entonces me atendió una cirujana nueva, me dice que no hay nada relevante y me programa la siguiente revisión para junio.
El 30 de junio me hace otra ecografía una radióloga distinta y me dice que no le parece que haya variación. Tenía consulta para el 3 de julio con el cirujano para darme el resultado de la ecografía. El día antes de la consulta, 2 de julio, me llaman del hospital y me dicen que la consulta queda anulada. “Estamos reprogramando citas y ya nos ponemos en contacto contigo”, me dicen. Bueno, perfecto.
Tres meses y medio sin noticias
Pasa el mes de julio y nadie me llama. El 4 de agosto llamo yo al Hospital Valle del Nalón para que me digan algo de la consulta pendiente. Pido que me pasen con secretaría de Cirugía, nadie coge el teléfono, rebota a la persona de citaciones y me dice: “Si te dijeron que están reprogramando, es que están reprogramando”. Vale. La llamada duró 11 minutos y 59 segundos.
Pasa agosto y el 9 de septiembre vuelvo a llamar. Han pasado más de dos meses de la cita suspendida. Me hicieron una ecografía dos meses y pico antes, y sigo sin resultado. De nuevo nadie me coge el teléfono en Cirugía, y en citaciones me dicen lo mismo: que siga tranquila, que están reprogramando.
Llega el mes de octubre. Tres meses sin saber nada del resultado de una ecografía de una paciente de riesgo que ya ha sufrido un cáncer de mama. Vista la ineficacia de llamar por teléfono, voy directamente al servicio de Atención al Paciente del Valle del Nalón. Llego, expongo todo esto y lo primero que me dice la persona que me atiende es: “Oye, ¿no te llamaríamos y no cogerías el teléfono?”. “No, no es el caso”, respondo. Yo cojo todas las llamadas, y más si estoy esperando una llamada vuestra. Ella comprobó que era cierto, que no me habían hecho ninguna llamada, y me dice que me llamarán.
Me llamó al cabo de unos días y me dijo que me había conseguido una cita con Cirugía. Le di las gracias, pero le comenté que era muy triste el tener que ir a protestar para que te atiendan. No me replicó. Y me dio consulta para el 18 de octubre, tres meses y pico después de una ecografía inquietante y de una consulta anulada. Tres meses y medio, casi cuatro.
Todas las pruebas de golpe
Llego al cirujano y me pide disculpas por la demora. Me dice que se ha jubilado el jefe, que un cirujano que había marchado y que el que me llevaba a mí estaba de baja médica. Yo pensé que la agenda de ese cirujano quizá estaría en el limbo del olvido… El cirujano me pide de nuevo todas las pruebas por preferente. Me las hicieron todas el 31 de octubre. De nuevo me atiende la radióloga rigurosa, ve algo raro y decide punzar y sacar una biopsia. Me dicen que me llamarán en ocho o diez días para darme el resultado.
Pasan ocho días. Nada. Pasan diez. Nada. Entonces me pongo en contacto de nuevo con el Hospital Valle del Nalón. Llamo a Radiología y me dicen que quien tiene que decirme el resultado es Cirugía. Cuelgo y me pongo en contacto con Cirugía. Llamo a la secretaría de Cirugía, esta vez me cogen el teléfono y les digo que espero el resultado de la biopsia. Entonces me dice que me dan consulta para el 18 de noviembre.
La mala noticia... todo por teléfono
Cuál sería mi sorpresa cuando dos horas después me llama por teléfono el cirujano. Y me dice: “Tengo malas noticias. Lo que tienes ahí es maligno y tenemos que quitarlo. Tenemos que empezar con todo el procedimiento”. Esto por teléfono, y yo trabajando.
Empezamos con todo el procedimiento. Lo primero era la resonancia. Y él me llamaba por teléfono para decirme todas las pruebas que tenía que hacer. Acabé todas las pruebas: resonancia, gammagrafía… Y yo siempre tenía que llamar para que me dijeran los resultados, siempre tenía que ponerme en contacto con Cirugía. Mi impresión era que el cirujano se ponía a leer mi informe cuando yo llamaba, y al rato me llamaba él. Lo veía como saturado.
Cuando acabamos todas las pruebas, me llama un día para decirme que ya tenía los papeles del preoperatorio preparados. Que si podía pasar a recogerlos por el Hospital a primera hora. Le respondo que por supuesto, pero que cuándo vamos a tener una cita presencial. Me dice que no es necesario, que ya me está informando por teléfono. Y yo le digo: “Pero, oiga, me está informando desde hace días por teléfono sobre un cáncer. La otra vez, el cirujano enfrente de mí y me explicó todo lo que iba a hacerme. Usted no me explicado nada”.
Vaciamiento de la axila
Al día siguiente, fui a por los papeles del preoperatorio y por fin me explica lo que va a hacerme: una linfadenectomía, un vaciamiento axilar. El 10 de diciembre empiezo con el preoperatorio y ya me explica todo lo que me han hecho y lo que van a hacerme.
Me incluyeron en lista de espera el 4 de diciembre y me dijeron que tenía que estar operada en un mes, el 4 de enero. Al final, me operaron el 13 de enero. Salió todo fenomenal, no tengo ninguna queja, muy bien el trato, el trabajo y todo. Quedé encantada. Ahora estoy recuperándome y esperando por una consulta con Oncología Médica en el HUCA. Me sacaron diez ganglios y dos los tenía afectados. Habrá que ver si necesito quimioterapia.
Impresiones: no todo va bien
¿Conclusiones de todo esto?
1) Que una cirujana cayó de baja y parece que la gente de su lista de espera quedó en el limbo, incluso pacientes de cáncer, como yo.
2) Que si no doy la lata una vez y otra y otra, tienen pruebas que desembocan en un nuevo cáncer, pero ni las miran. Me hacen una prueba el 30 de junio y solo después de ponerme pesadísima durante tres meses y medio me ven el 18 de octubre.
3) Quizá los cirujanos están saturadísimos…
4) Lo de informar de un diagnóstico de cáncer, de unas pruebas y de una cirugía por teléfono, sin tiempo para una consulta en persona… Me resulta incomprensible.
La Consejería de Salud dice que todo va bien, que las mujeres con cáncer de mama estamos muy bien atendidas. Mi experiencia y la de mucha otra gente es que hay mucho, mucho, que mejorar”.
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