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Marcelino Cortina, CEO de la tecnológica Treelogic, que salió a Bolsa: "Ahora el sector TIC de Asturias llama la atención, antes no pintábamos nada"

"Estar cotizando en Bolsa nos da mucha visibilidad, cuando estás en el mercado te miran con otros ojos", asegura

Marcelino Cortina, CEO de Treelogic, en Oviedo

Marcelino Cortina, CEO de Treelogic, en Oviedo / Luisma Murias

Xuan Fernández

Xuan Fernández

Marcelino Cortina (El Entrego, 1965) es el consejero delegado de Treelogic, la tecnológica asturiana, con sede en Oviedo, que el pasado 18 de enero empezó a cotizar en Bolsa (en el BME Growth, el mercado diseñado para pymes en crecimiento), convirtiéndose en la sexta empresa asturiana presente en los mercados de valores. Cortina dice que Asturias vive "un buen momento" y tiene una visión muy positiva sobre un sector, el tecnológico, que en la región suma ya 4.000 trabajadores. El entreguín mira ahora la Bolsa todos los días, aunque no le quita tiempo para cultivar su gran pasión, que es la escritura de novela negra.

¿Ahora ve cómo va la Bolsa todos los días?

— Sí, claro. Yo nunca fui una persona especialmente metida en la Bolsa desde el punto de vista de la especulación a nivel personal, pero ahora hay otra perspectiva. Hay que estar al tanto. En el mercado BME Growth, donde está Treelogic, no se cotiza de forma continua. Solo hay dos momentos al día: a las doce y a las cuatro. Así que a las doce y diez miro qué ha pasado, y a las cuatro y diez vuelvo a mirar.

¿Le obsesiona?

— No, en absoluto. Nosotros seguimos haciendo lo mismo que llevamos haciendo muchos años. Tenemos un plan, una línea clara, y se trata de mantenerla. Es verdad que ahora tenemos más músculo y se nos abren nuevas puertas, pero el día a día no cambia radicalmente por estar en Bolsa. Nosotros ya teníamos un plan estratégico antes de salir a Bolsa y es el que vamos a seguir. Lo que nos permite la bolsa es desarrollarlo con más potencia y más soltura.

¿Estar en Bolsa da más visibilidad?

— Totalmente. Te ven mucho más: inversores, por supuesto; pero también clientes. Nosotros todo lo que hemos conseguido en Treelogic ha sido a pulso, con una fuerza comercial pequeña, picando piedra. Cuando empiezas fuera de Asturias, a finales de los noventa o principios de los dos mil, no te conoce nadie. Es un trabajo durísimo. Ahora la perspectiva es completamente distinta. Hay un reconocimiento y una visibilidad muy grande.

¿Se ganan más clientes?

— Sin duda. Es un escaparate enorme. Cuando dices que eres una empresa cotizada te miran con otros ojos.

Uno de los ejes de Treelogic es la ciberseguridad.

— Es el último gran negocio en el que hemos entrado. Llevamos muchos años en inteligencia artificial y en salud, pero en ciberseguridad llevamos unos tres años. En ese tiempo conseguimos seis contratos de gran calado con el Incibe (Instituto Nacional de Ciberseguridad), por más de nueve millones de euros. Eso nos permitió entrar con muchísima fuerza en un ámbito en el que no estábamos y nos dio nombre, respaldo y posición. A partir de ahí empezamos a desarrollar negocio y vimos que había recorrido.

¿Por qué está creciendo tanto la ciberseguridad?

— Tiene mucho que ver con la geopolítica y con la seguridad internacional. Cada vez hay más riesgos en el ciberespacio, para gobiernos, grandes corporaciones y también para pymes. Hoy, una pequeña empresa puede sufrir un secuestro de datos y verse obligada a pagar un rescate. A niveles más altos, la preocupación es enorme. Además, en Europa hay un interés claro en reducir la dependencia tecnológica de terceros países, y eso está impulsando especialmente el mercado europeo.

¿Cómo se reparte la facturación en Treelogic?

— Aproximadamente, un 15% corresponde a salud, un 20% a tecnologías de la información, un 12% a inteligencia artificial y el resto, más de la mitad, a la ciberseguridad. La cifra da importancia de lo que supone este sector (ciberseguridad).

Quieren expandirse en Latinoamérica.

— Es uno de nuestros campos estratégicos. Somos líderes en triaje de urgencias en España y tenemos el único producto nativo en lengua española. Eso nos da una ventaja enorme en Latinoamérica. Ya tenemos hospitales en países como Perú, Colombia, Uruguay, Panamá, México, Ecuador o Chile, todos ellos centros privados de altísimo nivel. Muchos vinieron ellos a buscarnos. Ahora el plan es reforzar nuestra presencia allí, incluso mediante la compra de alguna empresa local que nos permita crecer con más fuerza.

Treelogic toca ámbitos muy distintos, siempre relacionados con la tecnología. ¿La clave es diversificar?

— Exacto. Nosotros somos una empresa tecnológica. La salud es un mercado vertical muy claro, donde somos expertos tecnológicos y de negocio. En ciberseguridad o inteligencia artificial somos expertos tecnológicos con aplicaciones transversales a muchos sectores.

¿Cómo ha cambiado la empresa en los últimos años?

— En 2018 dimos el salto de sociedad limitada a sociedad anónima. Entró nuevo capital y eso supuso un antes y un después. En estos años la compañía ha crecido muchísimo. Los mercados también han cambiado: en ciberseguridad no estábamos y ahora es un sector explosivo; en inteligencia artificial fuimos pioneros y ahora es un mercado masivo.

Tienen empleados por toda España.

—Tenemos 112 trabajadores, de los cuales 57 vivimos en Asturias. El resto trabaja en otras 18 provincias de 9 comunidades autónomas distintas. El teletrabajo fue clave para nosotros. Con la pandemia pasamos de golpe a un modelo 100% remoto y vimos que la productividad no bajaba. Eso nos permitió acceder a talento en lugares donde antes era imposible. Tuvimos un salto muy grande: en 2018 éramos 65 trabajadores.

¿Tiene alguna pega ese modelo?

— Sí, el desapego. Se puede perder parte del sentimiento de pertenencia. Hay gente que tarda meses en conocer a alguien en persona. Eso es algo que me preocupa y en lo que trabajamos mucho, porque históricamente Treelogic se ha distinguido por cuidar a sus empleados. Aun así, tenemos una rotación mucho más baja que la media del sector, y eso dice mucho. Este modelo, en todo caso, nos va bien, nos permitió acceder a talentos a los que no podíamos.

¿Les cuesta encontrar personal?

— Muchísimo. La demanda de ingenieros, matemáticos o perfiles de telecomunicaciones es muy superior a la oferta. En ámbitos como ciberseguridad o inteligencia artificial están muy cotizados y hay que pagar bien. Para una empresa como la nuestra, que depende exclusivamente del capital humano, eso genera alguna dificultad.

¿La fiscalidad en Asturias es un problema? Es una queja recurrente entre algunos empresarios.

— No somos una empresa de grandes costes, respecto a alquiler de oficinas. ¿La cuestión fiscal? Pues hombre, el impuesto de sociedades creo que afecta igual aquí que en otros lados. No nos genera una diferencia muy grande. Salvo el País Vasco, que tiene su fiscalidad propia, así como Navarra, creo que nos daría igual estar en un sitio que en otro.

¿El auge de la industria de defensa en Asturias es una oportunidad para las tecnológicas?

— Sin duda ninguna. Yo he trabajado en Indra en el pasado y sé lo que puede implicar su llegada. Su desembarco en Asturias es una gran noticia en el plano empresarial. Van a montar una muy grande aquí. ¿A nosotros nos beneficia? Por supuesto. Nosotros hacemos tecnología de aplicación dual, civil y militar. Tener grandes actores cerca abre muchas posibilidades de colaboración. Es un sector que va a crecer mucho en los próximos años y hay un campo muy grande para que tengamos al lado a Indra, sin olvidarnos de Santa Bárbara.

Marcelino Cortina, CEO de Treelogic, en Oviedo

Marcelino Cortina, CEO de Treelogic, en Oviedo / Luisma Murias

¿Estamos ante un nuevo paradigma empresarial en Asturias, con el auge de las tecnológicas como Treelogic?

— No sé si se puede calificar exactamente de paradigma, quizá sea demasiado pronto. Ahora bien, el camino es claramente ese. La potencia de las empresas tecnológicas en Asturias empieza ya a llamar la atención fuera. Tradicionalmente el foco estaba en Madrid y Barcelona, pero hoy en Asturias ya somos alrededor de 4.000 personas trabajando en el sector tecnológico, y eso ya es una cifra relevante.

Asturias fue durante décadas la comunidad del carbón, ¿puede llegar a ser la comunidad de las tecnológicas?

— No sé si llegaremos a tanto, pero el camino es bueno. Hay grandes empresas de fuera asentándose aquí y también un tejido importante de empresas asturianas alrededor del clúster TIC. Todo eso suma. El caldo de cultivo es significativo.

¿Ese ecosistema ya se percibe desde fuera?

— Sí, claramente. Hace diez años Asturias no pintaba nada en este mapa, éramos un piojo. Ahora ya se nos mira; llamamos la atención. Hay un caldo de cultivo significativo y un efecto llamada evidente. Nosotros, los asturianos, venimos de un mundo en el que solo se hablaba de carbón, es que no había otra cosa. Esto era el mogollón del carbón asturiano o del acero asturiano. Para que lleguemos a ese punto en el ámbito tecnológico todavía falta, pero el camino es este y creo que hay mucha sensibilización.

La compañía asturiana Treelogic ha entrado en Bolsa

Directivos de Treelogic, en la salida a Bolsa de la compañía / Xuan Fernández

¿Qué papel juega la Universidad de Oviedo en este proceso?

— Un papel clave. Las titulaciones evolucionan, hay nuevos grados y másteres, y hoy quien estudia informática, ciencia de datos o matemáticas tiene paro cero. Salen colocados. Antes estudiabas matemáticas era para ser profesor; ahora faltan matemáticos y faltan profesores. Eso es un cambio radical.

¿Asturias va bien?

— En este aspecto, el tecnológico, sí, soy optimista. Obviamente nos queda mucho por andar, pero sí.

¿Y a nivel político?

—Es complicado, pero creo que se están dando pasos y hay una generación de líderes políticos en Asturias que no tienen 50 años. Creo que son personas que tienen gusto por la tecnología, por la innovación. Creo, en definitiva, que el Gobierno asturiano, sobre todo en la última legislatura, ha dado pasos en estos ámbitos de innovación, ciencia y tecnología. Probablemente el Gobierno que venga a partir de la primavera de 2027, sea del color que sea, seguirá incidiendo por ahí. Hablo desde fuera, me relaciono muy poco con políticos y voy a pocos saraos. Pero sí digo que soy optimista.

¿Cuándo saca tiempo para escribir?

—Me levanto todos los días a las 5.30 horas de lunes a viernes. Escribo en ayunas hasta las 7.30, cuando se levanta mi pareja, y ya nos ponemos a funcionar. Son dos horas en soledad en las cuales produzco mucho, porque estoy concentrado. Lo disfruto. Hay escritores que dicen que escribir es doloroso; yo no lo entiendo.

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