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Dos niños, una hipoteca y un ERE en el horizonte: el drama de Daniel, trabajador de Ence que vio crecer la fábrica y ahora puede quedarse en la calle

Daniel Pérez, destaca el arraigo a la empresa y el compromiso diario, mientras espera una solución que evite los despidos

Daniel Pérez durante la manifestación.

Daniel Pérez durante la manifestación. / S. B.

Sara Bernardo

Sara Bernardo

Hace 15 años, cuando Daniel Pérez apenas tenía 22, puso por primera vez un pie en la fábrica de Ence, en Navia. Era su primera experiencia profesional, pero siempre había crecido teniendo la empresa muy presente. "Mi padre trabajó en ella durante 40 años", explica.

Pérez es uno de los 368 trabajadores que ven peligrar sus puestos. La empresa planea un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que afectaría a 96 personas. Un tercio de la plantilla. "No nos dicen los nombres para que haya unidad", explica.

Al igual que sus compañeros, Pérez vive estos días con incertidumbre. "Todos trabajamos para que funcione, Ence forma parte de la comarca y damos lo mejor de nosotros para que las cosas vayan bien", lamenta. "Esta situación da mucha rabia porque sabes que no hay pérdidas económicas en la planta", agrega.

Pérez trabaja a turnos. Dos días lo hace de mañanas, entrando a la fábrica a las 5.30 horas. Otros dos lo hace de tardes y dos más por las noches, de 22.00 horas a 6.00 horas. "Lo damos todo, especialmente por el arraigo que tenemos a la empresa", explica. En su caso, desde el departamento de mantenimiento.

Para él, el despido supondría "un cambio de vida". Padre de dos niños pequeños, su "suerte" es el empleo de su mujer, en el hospital de Jarrio. "Podríamos ir tirando pero... Están los críos, la hipoteca, los gastos... Muchos compañeros se ven en mi misma situación", lamenta.

Tras el apoyo masivo de la comarca en la manifesación de esta mañana, a Pérez solo le queda la esperanza. "La sociedad está con nosotros y los ayuntamientos también, algo de peso tendrán en las negociaciones", confía.

Con 37 años y más de media vida ligada a la fábrica, Daniel Pérez sigue acudiendo cada día a su puesto sin saber qué ocurrirá mañana. Mientras espera una solución, continúa trabajando como siempre, con la misma rutina, aferrado a la idea de que la presión social y el diálogo puedan frenar un ERE que amenaza no solo a decenas de familias, sino también al futuro industrial de toda la comarca.

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