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¿Ha alcanzado el turismo en Asturias su máximo? Esto es lo que dicen (y no dicen) las estadísticas

El Principado registra por primera vez desde la pandemia un descenso de viajeros y pernoctaciones, pero en el sector creen que el dato no obedece a una saturación, sino a una “zona de sombra” en los datos oficiales a causa de los pisos turísticos, que no se contabilizan

Turistas en Asturias

Turistas en Asturias

Vicente Montes

Vicente Montes

Oviedo

¿Ha alcanzado el turismo asturiano un máximo? Esta es la pregunta lógica a la luz de los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística en su encuesta de ocupación de alojamientos turísticos y que cierra el balance de 2025. En un contexto en el que tanto los viajeros como las pernoctaciones van al alza en el conjunto del país, Asturias registra una bajada en ambas cuestiones por primera vez desde la pandemia. Sin embargo, el análisis de los datos revela que ese descenso se produce únicamente en los hoteles, mientras que otras modalidades (campings, apartamentos turísticos y turismo rural) mejoran los resultados de 2024.

Ese descenso no es parejo a otros datos estadísticos relativos al turismo, como el aumento de contrataciones en el sector hostelero. Asturias fue la comunidad con un mayor incremento de contratos en 2025, como publicó LA NUEVA ESPAÑA. “Tampoco ese dato coincide con la sensación que hemos tenido a pie de calle”, señalan fuentes del sector hostelero. ¿Cuál es la causa?

Tanto en la patronal como en el Principado se atribuye ese descenso a la sombra estadística que suponen las viviendas de uso turístico, los conocidos como “pisos turísticos” y sobre los que la administración autonómica ha iniciado una batalla regulatoria ante la existencia de negocios irregulares y economía sumergida aprovechando vacíos regulatorios.

Los pisos turísticos no cuentan para el INE, que no incluye dato alguno en sus estadísticas. Y aunque esa realidad ocurre en todas las comunidades autónomas (que no han registrado un descenso de viajeros el último año) sí es cierto que es un fenómeno que ha incrementado su peso en Asturias en el último periodo.

La foto fija que deja el cierre de 2025, por tanto, no encaja con una lectura simple de “tope de ciclo” del turismo en la región, sino con un cambio de objetivos: una parte relevante de la demanda se ha movido de los formatos tradicionales —en especial el hotel— hacia modalidades donde el visitante gana autonomía (apartamentos turísticos reglados) o hacia fórmulas de fuerte componente familiar y de naturaleza (campings). Y, a la vez, otra porción del flujo habría migrado hacia el universo de las viviendas de uso turístico, que, según sostienen tanto el sector como el propio Ejecutivo autonómico, genera un “punto ciego” que distorsiona el termómetro estadístico de la ocupación.

El trasvase se aprecia con nitidez en el comportamiento de la temporada alta. En agosto de 2025, los apartamentos turísticos fueron el segmento más dinámico: registraron 29.443 viajeros, frente a los 25.045 del mismo mes de 2024 y los 22.176 de 2023. La comparación con el periodo pre-pandemia es aún más expresiva: en agosto de 2019 se contabilizaron 19.291 viajeros.

También las pernoctaciones consolidaron la tendencia, con 128.987 en agosto de 2025, por encima de 2024 (123.495) y muy por encima de 2019 (94.031). Es decir: más visitantes y, sobre todo, más noches de estancia en un formato que se percibe como flexible, “doméstico” y alineado con estancias de varios días.

La evolución de la hotelería, en cambio, explica el titular del descenso global. En agosto de 2025 los hoteles recibieron 286.710 viajeros, una cifra ligeramente inferior a los 291.579 de agosto de 2024, aunque aún por encima de 2023 (275.162) y prácticamente calcada a 2019 (287.007).

Es una estabilidad que, sin embargo, no evita la erosión anual en pernoctaciones: el balance total del año pasó de 4.056.639 en 2024 a 3.847.234 en 2025, una caída de 209.405. El retroceso no se concentró únicamente en el verano: marzo fue el mes con mayor golpe (-65.539 pernoctaciones), seguido de septiembre (-46.103) y agosto (-29.101).

El patrón sugiere que el impacto se produce también fuera del pico estacional, lo que complica el diagnóstico: no sería solo una cuestión de saturación en los meses de mayor demanda, sino de redistribución de la demanda a lo largo del calendario y, especialmente, de cambio de alojamiento.

El turista extranjero sigue al alza

Además, los propios datos por mercados apuntan a una importante diferencia entre el turista nacional y el internacional en el mes clave del verano. En agosto, las pernoctaciones de residentes en el extranjero crecieron (de 106.045 en 2024 a 110.452 en 2025), mientras que las de residentes en España cayeron en 33.507.

La lectura es relevante: Asturias retiene —e incluso mejora— su tracción internacional, pero pierde en la contabilidad de las estadísticas oficiales a parte de su base doméstica, que es mayoritaria y la que más “mueve” la ocupación en la planta tradicional. 

El buen dato de los campings

Frente a ese retroceso hotelero, el camping se ha consolidado en cifras altas, muy por encima de los registros de 2019. En agosto de 2025 se contabilizaron 107.109 viajeros (prácticamente lo mismo que en 2024, 107.644, y por encima de 2023, 105.110). Y, sobre todo, el volumen de pernoctaciones en ese mes alcanzó 465.859, una magnitud que explica por qué la presión turística “se percibe” en el territorio incluso cuando la estadística de hoteles podría dar unas equívocas señales de enfriamiento.

El bono del Principado da el empujón al turismo rural

El turismo rural ofrece, a su vez, un comportamiento más ambivalente. En la temporada alta de agosto de 2025 se observó una corrección respecto a los años inmediatamente posteriores a la pandemia: 61.017 viajeros, por debajo de 2024 (63.313) y del pico de 2023 (67.085), en niveles muy similares a 2019 (61.886). Las pernoctaciones acompañaron la bajada, con 247.461 en agosto de 2025 frente a las 293.499 de agosto de 2023. 

Pero, al mismo tiempo, el balance anual cerró en récord: 304.979 visitantes en 2025, impulsados en la recta final del año por los Bonos de Turismo Rural del Gobierno del Principado de Asturias. Entre septiembre y diciembre —cuando comenzaron a canjearse— la afluencia creció un 9,6%, compensando la debilidad acumulada de meses previos, en los que el turismo rural venía arrastrando un descenso del 2,9%. En otras palabras: el rural habría perdido parte del “boom” de verano heredado de la era post-pandemia, pero habría ganado empuje en otoño e inicio de invierno, lo que encaja con la idea de una desestacionalización gradual.

La “salud económica” del turismo profesionalizado no dibuja un escenario de agotamiento del destino. La rentabilidad hotelera mantuvo un tono alcista: la tarifa media diaria subió un 8% interanual y el ingreso por habitación disponible (RevPAR) creció un 10%. Desde 2019, el Principado lidera el incremento del RevPAR entre comunidades, con un avance del 56,9%.

Este dato, clave para entender la cuenta de resultados del sector, sugiere que la planta hotelera ha conseguido sostener precios y rendimiento medio incluso en un año de caída de pernoctaciones: una combinación que puede interpretarse como reposicionamiento (menos volumen, más ingreso unitario) o como necesidad de defender márgenes ante costes crecientes.

También la distribución anual de la demanda apuntó a una desestacionalización leve pero sostenida. El tercer trimestre redujo tres décimas su peso —del 44,8% en 2024 al 44,5% en 2025— y los periodos fuera del verano concentraron el 55,5% de los turistas, frente al 55,2% del año anterior. A escala de política turística, es una señal valiosa: indica que el destino no solo “vive” del verano, aunque la presión se concentre en agosto.

De ahí que el debate real se haya desplazado del “cuántos vienen” al “dónde duermen” y “qué impacto dejan”. En el sector y en la administración se insiste en que una parte creciente del mercado se mueve hacia viviendas de uso turístico y que ese crecimiento amplifica la economía sumergida, dificulta la competencia en igualdad con la oferta reglada y, además, impide medir con precisión la presión turística real. 

Con ese telón de fondo, la pregunta inicial (“¿máximo turístico?”) admite una respuesta más matizada: lo que puede haber es un cambio de paradigma en la elección de alojamientos. Asturias puede estar manteniendo o incluso aumentando su atractivo, pero repartiendo su turismo de otra forma.

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