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Indra garantiza sus ambiciosos planes en Asturias en medio de tensiones con Moncloa

Ángel Escribano se reafirma al frente de la multinacional en medio de las discrepancias con el Gobierno central sobre la fusión con EM&E, a la que se opone la vasca Sapa

Confianza total del Principado en la hoja de ruta de la empresa para "fijar en Asturias capacidad productiva y tecnología"

Pedro Sánchez, Ángel Escribano y Jokin Aperribay

Pedro Sánchez, Ángel Escribano y Jokin Aperribay / LNE

Yago González / Pablo Gallén

Oviedo / Madrid

El presidente de la multinacional de defensa Indra, Ángel Escribano, se reafirmó ayer en su propósito de continuar al frente de la compañía y de liderar un plan estratégico que contempla cuantiosas inversiones en Asturias, como la ya realizada en Gijón, donde prevé llevar a cabo los mayores programas de renovación de vehículos blindados para el Ejército de Tierra. Lo hizo a raíz de trascender tensiones que han puesto en duda su continuidad en el cargo y que destapan, a su vez, una guerra a tres bandas por el control de la entidad.

En territorio asturiano, donde las inversiones previstas por Indra y el sector de la Defensa constituyen una apuesta clave para la industria, el consejero del Principado Borja Sánchez rehusó valorar los movimientos de la empresa y reiteró su confianza en que este sector "reciba un impulso muy grande en los próximos años" y "fije en Asturias tanto capacidad de producción como tecnología".

El presidente de la Cámara de Comercio de Oviedo, Carlos Paniceres, manifestó por su parte también confianza en que "Asturias sea el polo industrial del defensa terrestre", y que "tras la buena noticia de la inversión del Tallerón, vengan otras". Contactadas por este diario, otras organizaciones empresariales y partidos políticos de Asturias optaron por no hacer, por ahora, valoraciones.

Una operación problemática

En un comunicado remitido por la propia multinacional, Ángel Escribano salió al paso de informaciones que apuntaban a un desencuentro con el Gobierno español, que controla el 28% del capital de la firma a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), debido a que el proyecto de Indra de fusionarse con Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) podría suponer que la SEPI diluyera su presencia en el accionariado y, por tanto, que el Ejecutivo perdiera el control de la empresa llamada a convertirse en el gigante de la industria militar española en plena estrategia europea de rearme.

La operación de integrar Indra y EM&E, ya de por sí compleja porque implica un presunto conflicto de intereses (dado que EM&E está controlada por Ángel Escribano y su hermano Javier), se ha enrarecido en los últimos días después de que la SEPI haya mostrado sus dudas, pese a que desde finales de 2024, cuando la idea empezó a tomar forma, se había mostrado favorable.

No obstante, los recelos de Moncloa han ido creciendo en los últimos días. La razón es que la valoración de EM&E podría alcanzar los 2.000 millones de euros, frente a los 8.120 millones que capitaliza Indra en Bolsa. Esto podría llevar a los hermanos Escribano a controlar cerca de un 25% de la compañía si la operación se hace a través de una fusión por absorción. Esto es, realizar una ampliación de capital donde las nuevas acciones sean para los Escribano, con el objetivo de evitar un pago en efectivo. Si se tomara este camino, podrían ganar casi tanto peso en Indra como la SEPI.

La semana pasada el consejo de administración de Indra autorizó al consejero delegado, José Vicente de los Mozos, a negociar alternativas para que la integración de EM&E en Indra no suponga una pérdida de poder del Gobierno. Una de ellas sería que Indra adquiriese el 51% de la empresa de los hermanos Escribano.

La cotización en Bolsa

Mientras han ido conociéndose las reticencias del Gobierno a la fusión durante las últimas jornadas, la cotización de Indra en Bolsa se ha ido desplomando, emborronando la, por otro lado, astronómica revalorización bursátil que ha protagonizado en el último año, del 185%.

La sesión de ayer también se inició con caídas de los títulos de la compañía, sobre todo tras saberse que Ángel Escribano se reunió el pasado miércoles en La Moncloa con Manuel de la Rocha, director de la oficina de Asuntos Económicos y G20 de la Presidencia de Gobierno. Según distintas fuentes, los encuentros entre ambos tienen lugar con frecuencia.

Pero, a mitad de jornada, un episodio dio un vuelco a la cotización. Ante las especulaciones que el encuentro en Moncloa estaba desatando sobre una hipotética salida de Escribano como presidente, la firma difundió un comunicado en el que Escribano "reafirma su determinación de seguir trabajando en la construcción de una Indra más fuerte y sólida".

El directivo también reivindicó "unos resultados, cartera y posición financiera que avalan el rumbo seguido y el total respaldo del consejo de administración y sus accionistas", y remarcó su voluntad de seguir desarrollando el plan estratégico de la empresa, denominado "Leading the future" y que incluye, entre otros, los proyectos de blindados en Asturias.

Este comunicado se envió a las 14.45 horas, momento a partir del cual las acciones de Indra empezaron a remontar, para acabar cerrando la sesión con una subida del 2,31%. El mensaje oficial de Indra, de hecho, ratificaba lo que ya había declarado el propio Escribano a la agencia "Bloomberg" a primera hora de la mañana. "Quiero ser claro: nadie me ha pedido la dimisión ni existe ningún proceso en este sentido", dijo. Desde la SEPI, por su parte, señalaron que el relevo del presidente de Indra "no está sobre la mesa" y que se pronunciará sobre la operación en los órganos de gobierno de la compañía.

El frente de Sapa

Existe otro factor que complica aún más el asunto. De llevarse a cabo los planes originales para fusionar Indra y EM&E –una ampliación de capital con un canje de acciones–, no sólo la SEPI corre el riesgo de quedarse diluida, sino el resto de accionistas. El tercer grupo con más peso en Indra es Sapa, la compañía vasca dirigida por Jokin Aperribay –presidente de la Real Sociedad–, que siempre ha mostrado sus dudas sobre la operación y el "conflicto de interés" entre los hermanos, aunque en cualquier caso se alinearán en el voto junto a la SEPI, sostienen fuentes de la compañía.

Sapa, a su vez, es proveedor de General Dynamics, el gigante estadounidense con el que está enfrentado Indra después de que su filial española Santa Bárbara –con una fábrica en Trubia (Oviedo)– haya recurrido ante el Tribunal Supremo los préstamos gubernamentales para los dos mayores programas de blindados que la multinacional española quiere desarrollar en Gijón. Y, al mismo tiempo, todas las empresas mencionadas son aliadas en el consorcio Tess Defence, que está fabricando los 8x8 "Dragón". Uno de los directivos de Sapa es el catalán Raül Blanco, ex secretario general de Industria entre 2018 y 2022 y expresidente de Renfe entre 2023 y 2025. En algunas quinielas sonó ayer su nombre como sustituto de Ángel Escribano al frente de Indra si hubiera un relevo en la presidencia.

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