El médico gijonés, recién jubilado, repasa en una entrevista con LA NUEVA ESPAÑA su paso por responsabilidades de primer nivel
Faustino Blanco analiza sus 47 años de trayectoria profesional: "Cogí a la FINBA casi en quiebra y en crisis de identidad y ahora es una marca de prestigio"
"Ni de broma me planteo ser alcalde de Gijón; no estoy en ninguna quiniela ni me ofrezco"
"En el Ministerio de Sanidad, durante la pandemia de covid, mi falta de protagonismo fue buscada, pero estuve presente en momentos muy críticos"
"Yo no jubilé a ningún médico con 65 años; me tocó ejecutar una decisión del Gobierno de España a la que se adhirió el Gobierno de Asturias"

Faustino Blanco, en la redacción de Gijón de LA NUEVA ESPAÑA. / Ángel González

Faustino Blanco González (Gijón, 1953) acaba de poner fin a 47 años de actividad profesional. De este periodo total, aproximadamente la mitad ejerció como médico de familia y la otra mitad estuvo en cargos políticos y de gestión. Entre otras responsabilidades, fue director general de Salud Pública en Asturias, el primer gerente del Servicio de Salud del Principado (Sespa), consejero de Sanidad del Principado (2012-2015), secretario general del Ministerio de Sanidad (2018-2020) y director de la Fundación para la Investigación y la Innovación Biosanitaria en Asturias (FINBA) entre 2020 y el pasado 31 de diciembre. En esta entrevista con LA NUEVA ESPAÑA, repasa toda su trayectoria: la de un protagonista relevante en la sanidad española del último medio siglo. Y lo hace fiel a su estilo de toda la vida: sin esquivar una sola pregunta.
Estudió Medicina en Oviedo…
Hice la carrera en seis años, pero estudiaba y hacía actividad política. En mi promoción, empezamos en primero sobre 980 estudiantes y solo unos 86 acabamos en seis años.
Etapa en la Fundación Biosanitaria
¿Cómo valora esta etapa en la FINBA?
Lo que he hecho en la FINBA y el ISPA (Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias), que es una asociación indivisible, tienen que juzgarlo los propios interesados y la sociedad. Yo la valoro como muy positiva. He procurado cumplir los objetivos que había hablado con el patronato de la Fundación para aceptar el puesto. Yo no vine a pedir trabajo; vinieron a buscarme.
¿Cómo fue?
La institución estaba en una crisis de identidad y de futuro, en una situación casi de quiebra desde el punto de vista económico. Los gastos eran unos y los ingresos eran otros.
¿Y ahora?
En estos cinco años se ha puesto en valor la organización. Hoy, es una marca de prestigio. Hemos multiplicado el presupuesto por cuatro o por cinco, y no a base de subvenciones del Principado, sino a base de trabajo para captar fondos. La prueba de ello es que el peso relativo de las aportaciones del Principado en subvenciones nominativas está en el 21-22 por ciento. Y en cuanto a empleados, me encontré con 86, mucho empleo temporal, y me he marchado con casi 190, de los cuales 150 son fijos. Me pregunto qué empresa crece así en cinco años. Y hemos conseguido que el ISPA esté acreditado por el Instituto de Salud Carlos III, que no es cosa sencilla…
La acreditación y reacreditación del ISPA
¿Usted tuvo mucho que ver en la acreditación del Carlos III?
Un proyecto así, tan complejo, es coral. Yo me empleé a fondo en que toda la gente que tenía que construir ese proyecto estuviese perfectamente alineada y motivada. Ese equipo fue el que consiguió la acreditación. Lo que yo tenía era un conocimiento profundo de los entornos investigadores porque he tenido la oportunidad de formar parte de instituciones de investigación muy importantes en España. Ese activo lo puse al servicio de la organización.
¿Está garantizada la renovación de la acreditación del Instituto Carlos III?
Creo que las bases están bien puestas.
Toca este año…
Sí, este año. Y hemos preparado la reacreditación a conciencia. En 2025, elaboramos el plan estratégico 2026-2030. Y contratamos una consultoría-asesoría externa con muchísima experiencia para que nos preparara documentalmente todo lo necesario. El informe que hace nos indica que no debe haber ningún problema para la reacreditación. Tengo una confianza absoluta en que eso ocurra.
¿Se ha dicho que la falta de un comité externo podía lastrar la reacreditación?
No falta ningún comité externo, existe y se ha hecho con sumo cuidado. No se debería jugar con estas cosas, es crear incertidumbre. Eso hace daño a Asturias y a la investigación biosanitaria. Hay un comité externo acreditado, igual que antes hubo otro, y que antes de ese hubo otro, por cierto, de un altísimo nivel, que tenemos que agradecer a una persona con una enorme capacidad de movilización como es Carlos López Otín. Todos esos comités han tenido perfiles interesantes, pero se han ido haciendo cambios a lo largo de los años. El comité actual no desmerece de los anteriores. No habrá ningún problema con el comité externo. Pediría poner luces largas en los temas.
Un sueldo polémico
¿Siempre se sintió apoyado por el presidente Barbón?
Llegué de Madrid a mitad de agosto de 2020, después de dimitir del Ministerio, y a los cuatro o cinco días el consejero de Salud, Pablo Fernández Muñiz, me ofreció este puesto. Me lo pensé mucho y acepté en noviembre. Puse dos condiciones: que el patronato de la FINBA estuviera de acuerdo con mi visión y que hubiera un apoyo institucional. Fui a ver a Adrián Barbón a su despacho y me dijo que no había ningún problema.
Hubo gente que se escandalizó por su sueldo, que era de 85.000 euros brutos fijos y 25.000 euros más en variables, según objetivos…
Ese salario no me lo puse yo, me lo ofrecieron. En realidad, me ofrecían más dinero del que realmente fue. El que propuso una parte variable importante fui yo porque quería comprometerme a evaluación por resultados.
¿Y le parece mucho o poco?
Mi salario no se sale del marco de las instituciones públicas del país, aunque quizá en Asturias estuviera un poco fuera de lo que se maneja. Yo ganaba más como secretario general del Ministerio de Sanidad que en la FINBA. Y podría seguir ganando más si hubiese tomado otras opciones profesionales. Incluso en mi plaza de médico de familia en el centro de salud de El Coto puede que ganase más que en la FINBA. No nos damos cuenta de que en el Sespa hay unos cuatro mil médicos, y que de ellos entre mil y dos mil ganan más que el presidente del Principado con una cierta distancia, y eso no se discute.
El presidente del Principado gana unos 75.000 euros anuales brutos.
Sí, por ahí. Si un sueldo pequeño es el que justifica una gestión, me parece otra vez una mirada muy pequeña. Lo que hay que mirar son los resultados, porque a veces hay sueldos pequeños que tienen muy malos resultados, con lo cual los costes son muy superiores a los que podemos generar algunos.
Al conocerse la cuantía de su sueldo, hubo protestas y usted dijo que renunciaba…
No, no renuncié. Llamé al presidente Barbón y le dije que si mi nombramiento le iba a crear algún problema, que yo no sería el problema. Que dimitía y punto. Pero inmediatamente el patronato le dijo al Presidente que no, que seguían adelante con su idea. Y eso lo dijo el patronato en pleno. Ellos habían puesto el salario. Habrá pocos salarios tan conocidos por la ciudadanía.
¿Qué le parece cómo se ha gestionado su sucesión en la FINBA?
Hay que guardar distancia. Si me preguntaran cómo se hacen las cosas, probablemente tendría muchos matices que hacer. Pero es una opción que tienen los que han tomado esa decisión. Para mí, la FINBA tiene tanta importancia que lo que quiero es que esto salga muy bien. No bien, sino muy bien. Asturias necesita a la FINBA y al ISPA.
Da la impresión de que no está muy contento con el nombre de su sucesora, Celia Gómez, hasta la fecha directora general de Ordenación Profesional del Ministerio de Sanidad; antes fue gerente del Sespa entre 2012 y 2014…
Pues no sé por qué. Ya he dicho muy claro que mi deseo es que le vaya fantástico. Es mi sucesora y no voy a entrar en debates de otro tenor. Lo primero que salió cuando se supo que iba a ser mi sucesora es que yo fui la persona que la cesó en el Sespa. Y lo que dije en el momento del cese lo digo ahora. No tengo ningún problema de enemistad, ni entonces ni ahora. Nunca fue nada personal. Mi reflexión en aquel momento era que necesitaba otro perfil. Celia Gómez ya tenía una experiencia de gestión que nadie la va a discutir, pero en aquel momento no encajaba en la organización. Y eso lo mantengo ahora. Eso forma parte de lo que es la vida de las organizaciones.

Faustino Blanco, en el Puerto Deportivo de Gijón. / Ángel González
De todas sus etapas profesionales, ¿cuál fue la mejor y cuál la más complicada?
Complicadas fueron todas, en primer lugar porque todas eran transformadoras. Y satisfactorias, también. Es verdad que, en el ámbito sanitario, hubo más pulsión de cambio en los años 80 del siglo pasado. De esa pulsión de cambio vive hoy el Sistema Nacional de Salud. Y Asturias era tan punta de lanza que el primer mapa sanitario que se hace en este país regulado con normativa es el que se hace en Asturias en 1984. Ese mismo año, participé en la redacción del Real Decreto de Estructuras Básicas de Salud, que supone la aparición de la nueva de la medicina familiar y comunitaria.
Consejero de Sanidad de Asturias (2012-2015)
Usted, como consejero de Sanidad del Principado, ejecutó la apertura del nuevo Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA)…
Era disparatado lo que estaba ocurriendo. Llegué al cargo en 2012 con los efectos de la gran crisis financiera mundial que había estallado unos años antes. Y me encuentro con que tenemos un gran ajuste presupuestario. Nunca antes en sanidad se había bajado el presupuesto. Esa fue la primera vez. En el año 2011, el presupuesto ejecutado en Asturias fue de 1.556 millones de euros. Y para 2012 teníamos 1.430 millones y se empieza su gestión pasados los primeros seis meses del ejercicio. Para el Gobierno de Álvarez-Cascos, el HUCA no era su hospital. Yo me encontré con una obra inacabada. Teníamos que abrirlo y lo hicimos.
¿La huelga de médicos de 2012?
Ya he comentado que había una crisis financiera muy profunda. Le dije al Sindicato Médico (SIMPA) que, con semejante restricción presupuestaria, mi planteamiento era no tocar los salarios ordinarios ni reducir la plantilla, pero que eso determinaba aumentar la productividad. Se añadieron las dos horas y media semanales de Rajoy, y les dije que no podía ser añadiendo media hora diaria, sino un bloque de dos horas y media, porque, si no, ese tiempo no era productivo ni efectivo. Me dijeron que ellos ganaban todas las huelgas, y que esta la ganarían en 15 días. Estuvieron tres meses y medio. El acuerdo de salida de huelga, que negocié con Ángel Colmeiro, que ya ha fallecido, era muy positivo para el sistema sanitario público.
Ministerio de Sanidad (2018-2020)
En la primera etapa del covid-19 usted estaba en Ministerio de Sanidad, como secretario general, pero tuvo poco protagonismo público…
Eso es buscado. Si se lee el libro que ha publicado el ministro Illa, se ve que hay momentos muy críticos en los que, por razones de cargo, estoy en primera línea. El trabajo interior era determinante. No vivíamos, el modo de trabajo era continuo. Era una dedicación absoluta.
Usted sufrió en esos meses un evento cardiaco. ¿Tuvo que ver con esa tensión?
No puedes saberlo. Yo tengo de siempre una bradicardia, un pulso cardiaco lento. Pero por debajo de una cierta cifra no es compatible con la actividad normal. Tuvieron que ponerme un marcapasos. Me dieron el alta a las 24 horas. Fue en mayo de 2020. Volví a casa un sábado. Vine solo en el tren desde Madrid hasta Gijón. Cuando me sucedió, al enterarse el ministro, Salvador Illa, que es una persona muy sentimental, se sintió muy preocupado, se echó a llorar. Avisó al Presidente y Pedro Sánchez me llamó de inmediato. De hecho, yo estaba en la ambulancia yendo hacia el hospital.
Decía que llega a su casa de Gijón un sábado…
Sí, y el martes me llaman del Ministerio y me dicen que hay asuntos muy relevantes de la pandemia y que tengo que estar. Y el miércoles de nuevo estaba trabajando.
¿Se marchó del Ministerio por voluntad propia?
De todos los sitios en los que he estado me he ido yo. Nunca tuvieron que echarme. Cuando volví a Asturias, se creó una imagen prefabricada de que estaban hasta las narices de mí y me habían echado. La realidad es todo lo contrario. Cuando llega Salvador Illa como ministro, yo le digo que me voy, lo reseña en su libro, y él me dice que le han hablado muy bien de mí y que su idea es que continúe con él. Acordamos que me quedo unas semanas más. Al poco tiempo llega la pandemia y me plantea quedar unos meses. Y finalmente, como habíamos acordado, me voy del Ministerio.
Valoración de Pedro Sánchez
Usted fue sanchista de la primera hora. ¿Cómo valora a Pedro Sánchez?
Parece que valorar bien a Pedro Sánchez es compartir todo y mucho más de su proyecto… Pienso que tiene elementos críticos y a veces me preocupan algunas cosas, cómo no. Pero es un Presidente que tiene determinación, que ha tocado sectores muy importantes desde el punto de vista de una izquierda que expresa su voluntad de transformar. No digo una transformación radical, porque no soy radical, nunca lo he sido. Pero sabe asumir esa responsabilidad. En el covid fue ejemplo de responsabilidad. Después, claro, tiene una dificultad enorme de Gobierno porque los números parlamentarios son endemoniados, y eso desestabiliza mucho.
¿Sánchez y Cataluña?
En el problema catalán, que es el gran problema, lo que no vale es mirar para otro lado y pensar que cualquier indisposición a colaborar se resuelve con un 155. Esa es una visión muy cortoplacista y probablemente insostenible en el tiempo. Tienes que convencer de que esa deriva no solo pone en jaque el país, sino que pone en riesgo la propia continuidad y sostenibilidad de la comunidad autónoma. Y creo que Sánchez lo ha hecho con un alto coste, pero hoy Cataluña está mejor.
Jubilación, futuro y Gijón
Siendo consejero de Sanidad, usted jubiló a muchos médicos con 65 años, pero usted se ha jubilado con 72…
Yo, no. No fue así nunca. La jubilación a los 65 años fue una decisión del Gobierno de España a la que el Gobierno de Asturias se adhiere. Y a mí me toca ejecutarlo. Ahora se tiende a lo contrario, a que los médicos sigan más allá de los 65. En cada momento, la realidad determina decisiones.
¿No se le puede acusar de incoherencia?
No, para nada.
Y ahora, jubilado. ¿Qué tal estas primeras semanas?
Bien. Hay que mirar adelante y no hacia atrás. Estoy adaptándome. Vengo de mucha actividad, mucha tensión, mucho pensamiento, y ahora tengo una vida más tranquila.
¿A qué piensa dedicarse?
Estoy jubilado, pero uno no coge y se desenchufa. Tengo una perspectiva que poca gente tiene: toda la perspectiva de transformación del modelo sanitario desde 1980. Además, ocupé cargos diversos. Hay muchos foros en este país a los que me invitan a participar... No ahora, desde mi jubilación, sino desde mucho antes…
¿Le apetece ser alcalde de Gijón?
Vamos, me parece una broma. En primer lugar, porque no estoy en ninguna quiniela ni me ofrezco. Mi vida política acabó hace cinco años. Tengo la edad que tengo y me preocupan muchísimo la política y mi ciudad. Pero eso no significa que me ponga en disposición de nada.
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