La "Y" que cambió la vida de los asturianos llega a los 50 con achaques
Usuarios de la autopista, por la que circulan 65.000 vehículos de media al día, consideran que es "mejorable pero segura"
Dieciocho mil jornadas con tráfico ininterrumpido, en la actualidad con más de 65.000 vehículos de media diaria. La autopista «Y», la vía de alta capacidad que une Oviedo, Gijón y Avilés, está de aniversario, y celebra en general su buena salud, aunque también presenta achaques. El viernes cumple cincuenta años como arteria vital para el corazón de Asturias, insustituible.
Fue el 13 de febrero de 1976 cuando se inauguró, después de cinco años de obras en las que se utilizó como pavimento hormigón armado, prácticamente único en aquel momento. Hoy soporta más del doble del tráfico previsto inicialmente y tiene ya alguna «herida» que supurar. Así lo ven los usuarios habituales que todos los días se suben al coche y recorren parte de los 95 kilómetros de calzada de la autopista, que parte de Oviedo y se bifurca hacia Gijón y hacia Avilés, formando la «Y» que da nombre a la vía.
Tráfico diario
Objetivo
Diseñada para resolver el caos de tráfico existente en las carreteras del centro de la región por aquel entonces.
Relevancia histórica
Fue la cuarta gran infraestructura de gran capacidad construida en España y la primera estatal de este tipo sin peaje.
Técnica constructiva
Hormigón armado continuo sin juntas, inspirado en métodos de Bélgica y California.
Demandas de los usuarios
Petición de mejoras en el pavimento y quejas por los niveles de ruido en determinados tramos. Se forman atascos al mínimo incidente.
El ingeniero
«El desempeño del firme original de la autopista ha sido excepcionalmente bueno en sus 50 años de historia. Sin embargo, el tráfico y los años están produciendo un deterioro creciente, con grietas, baches e irregularidades». Lo dice el ingeniero de Minas Juan José del Campo Gorostidi, que además habla con conocimiento de causa y con doble condición: conductor experimentado en la «Y» —vive en Gijón y la utiliza prácticamente todos los días para desplazarse hacia Oviedo— y conocedor de sus características.
Del Campo realizó el pasado 4 de febrero una medición de la aceleración registrada en un coche en la autopista, desde Gijón y hacia el Oriente, utilizando una aplicación especializada de su teléfono. El resultado avala, según este ingeniero, la sensación común de cualquier usuario habitual. «La parte del tercer carril de la ‘Y’ (entre Lugones y Matalablima, inaugurado en 2023) es muy confortable. Sin embargo, hay otros tramos, especialmente a la altura del viaducto de Serín, llenos de fisuras y grietas que provocan baches. La autopista ha tenido un servicio fantástico y ha dado un gran servicio, pero necesita mantenimiento», diagnostica. «Hasta que la ‘Y’ llegue al deterioro que tienen las vías de ferrocarril en Asturias queda un trecho, pero todo se andará si no se hace nada», destaca.
En la imagen, el ingeniero Juan José del Campo Gorostidi, en un puente que cruza la autopista a la altura del viaducto de Somonte.
La bancaria
Esa percepción es compartida por más conductores de la «Y». Noelia Fernández, empleada de banca, vive en El Pito (Cudillero) y se desplaza todos los días a trabajar al Parque Tecnológico de Llanera utilizando la autopista.
Lo hace desde hace siete años. «El suelo es de hormigón y las ruedas se gastan mucho más», lamenta. El punto que más le preocupa es el que va desde la bifurcación hacia Oviedo hasta la zona de Robledo. «Ese tramo, para mí, es el más peligroso. Hay que ir con veinticinco ojos, viene toda la gente que se incorpora de Gijón y la vía está saturada». En días de lluvia, la sensación de peligro se acentúa. «El día que llueve, sálvese quien pueda», asegura, en relación a las aglomeraciones de coches. .
La conductora, que recorre la «Y» a las ocho de la mañana y regresa a media tarde, explica que el tráfico baja en verano o cuando no hay colegios, pero se queja del riesgo de congestión en caso de incidencias: «Cualquier accidente puede provocar un atasco de mucha envergadura».
En la imagen, Noelia Fernández, en el Parque Tecnológico de Llanera; a la derecha, Jorge Veiguela, con su camión, en El Musel.
Autopista “Y”
El conductor de ambulancia
El Sergio Fernández, supervisor en la empresa de ambulancias Transinsa, va de Gijón a Oviedo todos los días. Recorre ese trayecto de forma ininterrumpida desde hace ocho años. Subraya el efecto benéfico de ciertas reformas. «Se nota muchísimo la ampliación de la zona de Lugones, los tres carriles. Ahí el suelo drena estupendamente y el asfalto no tiene ruido», afirma.
Este último factor, el ruido, es una queja recurrente entre los usuarios. El contraste con el resto de la vía, de hormigón, es evidente. «El tramo de cemento tiene badenes, ya sabes dónde va a botar el coche», señala, antes de describir otro de los problemas recurrentes de la autopista: «Cuando estás llegando al cruce de Avilés desde Gijón hay bolsas de agua y se forman balsas que complican la circulación». El estado de los márgenes también llama su atención. «Los arcenes tienen muchísimo verdín y musgo. Si tienes que parar, te lo encuentras todo verde». En hora punta, el escenario es el conocido.
Fernández reconoce el valor de la infraestructura en comparación con otras vías. Y subraya el refuerzo que supuso la AS-II (entre Oviedo y Gijón, abierta en 2007 ) «se notó muchísimo» y «descolapsó la autopista».
En la imagen, Sergio Fernández, en la pasarela entre el polígono industrial del Espíritu Santo y Parque Principado, sobre la autopista «Y».
El camionero
Para los transportistas, la autopista se mide en toneladas y en tiempos de reacción. Jorge Veiguela es camionero y principalmente mueve granel y carbón dentro del puerto de El Musel, pero también utiliza a menudo la «Y», ya que transporta arena y grava desde unas canteras de El Naranco (Oviedo) hasta Gijón. Lleva un camión que, con carga, pesa 44 toneladas. «La autopista la veo regular, tirando a mal. El pavimento es mejorable, drena mal y notamos mucho el ruido», dice. El volumen de circulación a primera hora de la mañana le resulta especialmente inquietante: «El tráfico que puede tener a las ocho de la mañana mete miedo. Un golpe, un contratiempo a esas horas, y se arma». También señala uno de los puntos negros del trazado actual: «En hora punta se nota muchísimo el paso de tres carriles a dos. Hay veces que paramos por la cantidad de tráfico, en dirección a Gijón, justo donde se pasa de tres a dos».
Quejas aparte, nadie tiene dudas sobre la condición estratégica de la «Y», una infraestructura que, hará el viernes 50 años, cambió la forma de desplazarse, de relacionarse y de trabajar de los asturianos.
En la imagen, Jorge Veiguela, con su camión, en El Musel
El siderúrgico
Miguel González, metalúrgico, reside en Gijón y trabaja en la factoría de ArcelorMittal en Avilés. Su caso es significativo: ha estado presente en media vida de la autopista «Y», ya que la lleva utilizando desde hace 25 años. «Está un poco deteriorada, tiene bastantes baches y se nota cascada», afirma. El ruido también le incomoda, «y el gasto de ruedas también». Aun así, sigue apostando por la «Y» frente a las alternativas. «Yo prefiero la autopista por comodidad. Hay gente que dice que gasta más ruedas, pero yo siempre la uso». En cuanto a la seguridad, introduce un matiz que se repite entre los usuarios: «La autopista es segura, mejorable, pero segura. No digo que sea peligrosa si vas a la velocidad que debes», destaca.
La elección del hormigón para el firme se inspiró en Bélgica
La «Y» asturiana no fue una autopista cualquiera en el momento de su construcción. A comienzos de la década de 1970, el proyecto se planteó como una infraestructura moderna para su tiempo, pensada para absorber un volumen de tráfico muy superior al de las carreteras convencionales que había entonces en el centro de la región.
Fue, en su momento, la cuarta infraestructura de alta capacidad que se construía después de las de Barcelona-Mataró, Bilbao-Behobia y Madrid-Adanero. La de Asturias fue gratuita, a diferencia de las anteriores.
La obra, que costó 4.512 millones de pesetas de la época –cuando un piso costaba menos de un millón de pesetas–, se empezó a proyectar décadas antes, pero tomó el rumbo definitivo a principios de los años setenta del pasado siglo y vio la luz el 13 de febrero de 1976, inaugurada por el ministro asturiano Arturo Valdés González-Roldán, responsable de Obras Públicas en el Gobierno de Carlos Arias Navarro.
La construcción de la «Y» tuvo detrás a un gran equipo de trabajo, entre los que estaban Luis Galguera, que luego sería decano del Colegio de Ingenieros de Caminos de Asturias; Ignacio García-Arango, nombrado después jefe de la Demarcación de Carreteras, y Enrique Lafuente, ya fallecido, que fue responsable de la oficina de obra de la jefatura. Parte del equipo viajó a Bélgica y EE UU para ver in situ las técnicas empleadas en esos países para construir autopistas. Se apostó por el hormigón armado continuo, en parte debido a que era un material que permitía un mayor agarre del neumático al firme en caso de lluvia copiosa. Esa técnica procedía de Bélgica.
La construcción no estuvo exenta de críticas. Algunos sectores vaticinaron que se elevaría el tráfico de las tres ciudades y que causaría perjuicios medioambientales. La obra se ejecutó de todos modos. Ya nadie se imagina Asturias sin la «Y».
En la imagen, el ministro de Obras Públicas, Antonio Valdés González-Roldán, corta la cinta inaugural de la "Y" en Serín.