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Manuel Pavón, experto en empresas familiares: "Lo peor es cuando hay dos hermanos rivales"

El asesor, con 25 años de experiencia, ofrecerá una conferencia mañana en el Club LA NUEVA ESPAÑA

Manuel Pavón.

Manuel Pavón.

Yago González

Yago González

Oviedo

Manuel Pavón (Tetuán, 1960) lleva 25 años asesorando a familias empresarias, una labor en la que se entremezclan los conocimientos económicos y los psicológicos. Afincado en Barcelona, Pavón ha ayudado a más de 150 familias a llevar adelante sus negocios y, al mismo tiempo, garantizar una relación armoniosa entre sus miembros. El experto ofrecerá mañana en el Club LA NUEVA ESPAÑA una conferencia dentro del IV Foro de la Empresa Familiar Asturiana, organizado por este periódico y por la Asociación de la Empresa Familiar Asturiana (Aefas).

-El título de la jornada de mañana es «Hermanos en la empresa familiar: la generación enlace». ¿Qué es la generación enlace?

-Es un término que yo me he inventado. La mayoría de las empresas familiares están en la tercera generación familiar (ya que la empresa pudo haberse fundado antes). A los hermanos de esa generación los llamo «enlaces» porque reciben de sus padres un legado con unas características concretas y, a la vez, un mandato oculto de pasar ese legado a sus hijos. Es decir, son un enlace entre lo que esperan de ellos sus padres y lo que sus hijos esperan recibir. Esto les hace ser muy exigentes con sus propios retos.

-En todas las familias los hermanos discuten. ¿Más aún si están en una empresa familiar?

-La rivalidad entre hermanos es una cosa natural porque es la manera de conseguir la atención de los progenitores. Para ser el hijo ideal hay que competir. A partir de los 21 años ya se produce la individuación, en la que cada uno empieza a tomar su camino. Para esa individuación, para singularizarte y que los demás entiendan tu lenguaje, hace falta salir fuera del entorno familiar. El problema que tienen muchos «hermanos enlace» es que no pueden salir de la empresa, y eso les impide crecer y les genera insatisfacción.

-¿Abunda el caso en el que uno o varios de los hermanos cogen el testigo familiar con orgullo y motivación, y otros con rechazo?

-Claro. Es lo que se llama «lealtad invisible»: cuando no puedes ser asertivo y estás obligado a hacer algo que no quieres hacer. Esto genera muchísimas situaciones no resueltas que acaban pasando factura. Cuando estás llevando una empresa a regañadientes acabas teniendo una actitud muy pasiva.

-¿Las empresas familiares que desaparecen lo hacen por ese tipo de problemas personales?

-No. Las empresas, familiares y no familiares, desaparecen porque no se adaptan a los cambios del mercado. La pregunta es: ¿por qué no se adaptan? Porque los que lideran pertenecen a familias que no permiten que esas cosas ocurran. Para que una empresa familiar funcione de verdad, la velocidad de adaptación de la familia debe ser mayor que las propias necesidades de cambio de la empresa.

-¿Es más fácil gestionar la empresa si son dos hermanos que si son cinco?

No, al revés. Cuantos más hermanos haya, más repartido está el poder y, por tanto, más obligación tienen de llegar a acuerdos. En cambio, si son dos, la rivalidad les lleva a la confrontación. El peor caso que puede haber es el de dos hermanos rivales. Eso sí, si son complementarios, son invencibles.

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