Panero, logística del frío en transformación
La empresa asturiana refuerza su forma de trabajar con más control y seguimiento de la mercancía, una flota mayoritariamente a gas natural licuado y procesos cada vez más digitales

Cristina Sánchez, gerente de Panero Lógistica, en su despacho. / Pablo Solares
En la logística de perecederos, el margen de error es mínimo. No se trata solo de transportar: se trata de que el producto llegue a tiempo y en las condiciones correctas, especialmente cuando hablamos de alimentos. Panero se mueve en ese terreno exigente, donde cada retraso, cada espera en un muelle y cada apertura de puertas puede afectar a la temperatura y, por tanto, a la calidad del servicio.
Su operativa se apoya en bases situadas en el área central de Asturias, lo que le permite trabajar con rapidez en rutas regionales y, al mismo tiempo, enlazar con destinos más largos cuando el servicio lo requiere. En este tipo de actividad, la clave está en sostener un ritmo constante: coordinar entregas, encajar ventanas horarias, reorganizar rutas cuando surge un imprevisto y mantener la cadena de frío sin sobresaltos.
El día a día del "frío" es más práctico que teórico. Todo empieza antes de salir: preparar el vehículo, comprobar equipos y asegurar que la carga se realiza con agilidad para no "romper" la temperatura desde el origen. En distribución, la dificultad aumenta porque hay más paradas: en cada entrega se abren puertas, entra aire exterior y el sistema tiene que recuperar temperatura una y otra vez. Por eso pesan tanto tres cosas: planificación, mantenimiento y formación. Si cualquiera de esas piezas falla, la cadena se vuelve frágil.
En los últimos años, Panero ha dado más peso al seguimiento del servicio. La empresa trabaja con herramientas que permiten ver mejor qué está pasando en ruta: entregas, horarios, incidencias y, en determinados casos, también la temperatura. Ese control no es solo para "controlar": ayuda a resolver problemas antes de que se conviertan en un lío (un retraso que obliga a cambiar el orden de la ruta, una incidencia en un punto de descarga, una reprogramación de última hora). Y aporta algo que hoy valoran mucho los clientes: información clara y rápida sobre cómo va el reparto.
Otro aspecto que gana protagonismo es la energía. Panero ha apostado fuerte por una flota mayoritariamente a gas natural licuado (GNL), una alternativa que en el transporte pesado se ha usado como vía para reducir emisiones frente al diésel y, sobre todo, para dar estabilidad operativa cuando hay infraestructura disponible. En su caso, esa infraestructura existe: en Noreña funciona una estación de suministro de GNL/GNC asociada a sus instalaciones, con servicio 24 horas, que facilita el funcionamiento diario sin depender tanto de puntos lejanos.

Cristina Sánchez, gerente de Panero Lógistica, en su despacho. / Pablo Solares
Mirando a este 2026, el gas se conecta con otra palabra que empieza a sonar más: biometano. En sencillo: es un gas renovable que se obtiene a partir de residuos orgánicos (por ejemplo, de origen agroganadero o industrial). Su interés es evidente: permite reducir huella ambiental sin cambiar el tipo de vehículo si ya se trabaja con GNL/GNC. La evolución del suministro a biometano en red, si se consolida, puede ser una forma realista de avanzar en sostenibilidad en rutas donde la electrificación todavía no es viable.
Además de tecnología y energía, el sector empuja hacia lo digital por obligación. En este 2026, la tendencia es clara: menos papel y más documentación en formato digital para el transporte, lo que obliga a empresas y clientes a ordenar procesos, sistemas y comunicaciones para que todo "case" sin fricciones. Para Panero, que ya trabaja con seguimiento y control de servicios, este cambio encaja con una idea de fondo: la logística ya no se mide solo por entregar, sino por demostrar que se ha entregado bien y en condiciones.
Y queda el reto que nadie esquiva: el factor humano. El transporte sigue teniendo dificultades para cubrir puestos, y eso condiciona capacidad y crecimiento. En la práctica, mantener calidad de servicio en perecederos implica contar con equipos estables, formados y con una organización que reduzca tiempos inútiles (esperas, descoordinaciones, rutas mal diseñadas).
En resumen, Panero afronta este momento reforzando lo que más pesa en el frío: control, regularidad y respuesta. Con más seguimiento de la operativa, una flota alineada con alternativas energéticas ya disponibles y procesos cada vez más digitales, la empresa busca seguir cumpliendo en un mercado donde el listón sube y donde lo importante, al final, es que el frío no falle
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