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El campo, la novia a la que ahora todos quieren cortejar en Asturias: los partidos buscan abono para las urnas

El medio rural se ha convertido en un granero de votos ahora decisivos en la región y que pueden decidir el gobierno

Las agendas de las fuerzas políticas miran ahora a los pueblos de las alas, antaño olvidadas, y los colectivos agrarios, conscientes de ello, se han hecho fuertes

Protesta contra Mercosur, el pasado enero, por Oviedo.

Protesta contra Mercosur, el pasado enero, por Oviedo. / Luisma Murias

Mariola Riera

Mariola Riera

Oviedo

El voto del campo es ahora decisivo y en este escenario se enmarca el cortejo que han emprendido los partidos políticos a sus profesionales, con el presidente del Principado, Adrián Barbón, a la cabeza. Su importancia se vio en Extremadura y en Aragón, y lo será en las próximas citas electorales, incluida Asturias, donde el asunto rural ya calienta por la banda -ambas, izquierda y derecha- con vistas a las urnas en 2027.

Todos lo negarán, pero las necesidades de ganaderos y agricultores no importaban tanto hace un puñado de años al conjunto de los partidos. Posiblemente fue así hasta la pandemia. Los políticos no perdían mucho el tiempo, solo el justo y necesario cuando tocaba, en mirar a un sector primario en Asturias en vías de adelgazamiento, con sus profesionales –cada vez más mayores– resignados a no tener relevo generacional y en retirada. Como si la carne apareciera por arte de magia en los lineales del súper y la leche brotase al abrir los grifos como el agua, los dirigentes de los partidos se volcaron en Asturias en las grandes ciudades y localidades donde estaba –y está, aunque ha perdido poder de decisión– su granero de votos.

La prueba es que perdieron fuelle en muchos concejos de las alas y han llegado a tener serias dificultades para montar candidaturas y rellenar las listas. Tanto PP y, quizás en menor medida al tener buena red, el PSOE, como el resto. Los de nuevo cuño o minoritarios no han conseguido candidaturas en parte de la llamada Asturias rural –el 80% del territorio de la región–, hasta ahora porque no les interesaba o porque su interés era más bien las grandes concentraciones urbanas, pero también por falta de medios.

Cambio de tornas

Eso de centrarse en la ciudad funcionó, sí, pero ya no. Tras la pandemia cambiaron las tornas. Algo prendió en las cuadras y en los verdes prados asturianos: enraizó el orgullo de los profesionales por haber mantenido el pulso y lograr que todo el mundo tuviera bien llenas sus neveras y despensas (algunas a rebosar) durante el confinamiento. Entonces se aplaudió a diario a los sanitarios, pero también quedó claro que «sin el campo la ciudad no come». Y ese mantra se repitió, se asimiló en modo de advertencia y de grito de guerra que enlazó con el malestar latente por normas que emanan de la UE –el Pacto Verde Europeo en pro de la sostenibilidad, por ejemplo– al considerar que los «burócratas» de los despachos de Bruselas no pueden legislar sobre qué deben comer o cómo deben cuidarse las vacas cuando nunca han pisado una cuadra. De ahí aquellas marchas que llenaron de tractores las carreteras del Viejo Continente hace tres años.

Protesta contra Mercosur, el pasado enero, en Oviedo.

Protesta contra Mercosur, el pasado enero, en Oviedo. / Luisma Murias

A todo se unió un encarecimiento de costes de producción brutal por la guerra de Ucrania (2021), aliñado en Asturias con el creciente malestar por los daños del lobo al ganado –sin que se pudieran hacer controles hasta abril del año pasado por la protección de la especie– y con la sensación de abandono. También afloró el sentimiento de maltrato por leyes «absurdas» –implantar un registro digital de explotaciones cuando en gran parte del territorio, por ejemplo, no hay cobertura y sin tener en cuenta la brecha digital por la avanzada edad de los titulares– y por una administración regional que protagonizó retrasos en tramitar los fondos vitales de la PAC y otras ayudas. Todo junto, gasolina para una mecha ya prendida.

Profesionales que no se muerden la lengua

La cuestión ahora es que los profesionales del campo se ven con fuerza, están envalentonados y dispuestos a no callarse. Ahí están las protestas de las últimas semanas por toda Europa y, en concreto, en España, incluida Asturias, contra el acuerdo de la UE con Mercosur. Son porque se considera su contenido lesivo, pero también es la excusa perfecta para hacer ruido y alzar la voz advirtiendo a los políticos que el campo está ahí, cansado de callar durante años y que ahora está dispuesto a «morir matando», como ha figurado en alguna pancarta. Además, aunque el relevo generacional se resiste, lo cierto es que lo ha habido en parte, y esos pocos jóvenes que han dado el paso adelante para emprender o bien para quedarse con las explotaciones familiares llegan con más energía rebelde que sus padres: están dispuestos a pelear por sus derechos.

La irrupción de URA

En ese contexto de renovación debe entenderse la irrupción en Asturias de la organización agraria URA (Unión Rural Asturiana), que arrasó en las últimas elecciones al Consejo Agrario del pasado julio a fuerza de agitar el tablero con una presión continua a la Consejería de Medio Rural –la tractorada que convocaron con gran éxito en febrero de 2024 y colapsó Oviedo durante día y medio marcó un antes y un después–, desmarcarse en muchas ocasiones de los colectivos tradicionales y mantener una presencia pública y mediática casi constante, como si de un partido político se tratara. De hecho, esto último es una crítica habitual a URA, surgida en 2022 con el mantra de que las organizaciones de toda la vida ya no representaban al sector . A su dirección, en manos de Borja Fernández, se le reprocha que hace más política que trabajar por el campo. Pero lo cierto es que de alguna manera ha reactivado a los colectivos tradicionales, obligados a tener mayor y constante presencia pública, y a demostrar a ganaderos y agricultores que se mueven por los intereses del campo. Las discrepancias entre ellos son un hecho, pero lo cierto es que han protagonizado unos cuantos frentes de batalla unidos en los últimos meses en Asturias que no han pasado desapercibidos en el tablero político..

La agenda política mira al pueblo

La cuestión es que la agenda de los partidos ha visto engordada en los últimos meses –y más que lo hará– la presencia de los asuntos del medio rural. Sin ir más lejos, el presidente Barbón acudió a presentar el Pacto por el Medio Rural el pasado día 10 junto al consejero Marcelino Marcos y ante una nutrida representación del sector. Llegó a admitir el dirigente socialista la existencia de esa «sensación de abandono» que hay entre los profesionales asturianos y se mostró dispuesto a ponerle fin. «Impensable», cree el Presidente, es el futuro de Asturias sin contar el medio rural. Y los profesionales saben que también «impensable» es para los grandes partidos políticos concebir el próximo escenario electoral sin sus votos. Están dispuestos a que estos nos les salgan baratos. Y se dejan cortejar.

Si se mira la agenda de los partidos, a cuenta de la crisis de Mercosur, ahí están IU o la independiente Covadonga Tomé, que no se prodigaban mucho con los líderes agroganaderos y más bien venían marcado distancia –a la izquierda se le ponen los pelos de punta con eso de matar lobos para proteger el ganado y tiende a abrazar los postulados conservacionistas que chocan con el campesinado en cuestiones como la gestión forestal e incendios, por ejemplo–. Los dos han tenido más de una reunión con alguna organización y bien se han ocupado de remarcarla. Ahí está Barbón oficiando la puesta en escena del Pacto por el Medio Rural –del que por cierto se desmarcó URA, cuyas explicaciones compraron PP y Vox–, o el presidente del PP, Álvaro Queipo, que no perdió romería campestre el pasado verano y se ha enfundado el mono de apicultor. Por no olvidar la guerra del lobo, con socialistas y populares pugnando por atribuirse el mérito de la vuelta de los controles.

Porque es así: las cuentas que echan los grandes partidos están muy ajustadas y saben que por un puñado de votos en las alas se decidirá posiblemente quién gobierna en Asturias la próxima legislatura. PP y PSOE, y sobre todo IU, tienen mucho trabajo por delante para que su cortejo dé frutos después de años mirando tanto hacia la ciudad y tan poco al campo. Les lleva ventaja Vox, que hoy por hoy es la formación que más y mejor ha rentabilizado el malestar del sector agrícola ganadero. Su líder en Asturias, Carolina López, no se ha perdido ni una protesta contra Mercosur –hubo cola para fotografiarse junto a ella el pasado enero en la tractorada en Oviedo– y si la dejan, saldrá en batida a por lobos. Le resulta muy fácil prometer y criticar sin responsabilidades de gobierno, que sí desgastó, por ejemplo, al PSOE en concejos rurales del Occidente. Ella no tiene nada que perder y, como todos, tiene mucho ganar en el granero de votos que se ha convertido el campo asturiano.

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