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La historia de un hacha, una motosierra y siete horas de reparto: la odisea de llevar el periódico a la Asturias más recóndita en mitad del temporal "Oriana"

El argayo que cortó el corredor del Navia obligó a los repartidores a circular por caminos secundarios en los que se tuvieron que abrir paso ante varios árboles caídos para que LA NUEVA ESPAÑA llegase a los pueblos

"Esto va a ser una aventura", vaticinaban, con acierto, Santiago García y Nesti Rodríguez, que llegaron a su destino gracias a la solidaridad de vecinos como "Pepe el de Argul"

La odisea de repartir la prensa en medio del temporal que complica la circulación en Asturias

Sara Bernardo

Sara Bernardo

A última hora de la tarde, cuando las rotativas apenas habían comenzado su trabajo y LA NUEVA ESPAÑA estaba a solo unas horas de salir rumbo a los quioscos, la montaña decidió escribir su propio titular. Un argayo cortó el corredor del Navia a la altura de Pelorde (Pesoz). Y por si fuera poco, la borrasca "Oriana" soplaba con ganas en el occidente asturiano: rachas de más de 80 kilómetros por hora, con picos de 83 en Villayón. La combinación perfecta para poner a prueba a cualquiera, especialmente a quienes tenían que repartir el diario desde antes de que amaneciese este sábado.

Santiago García lo leyó y lo vio claro. Como para no hacerlo. Lleva 32 años repartiendo LA NUEVA ESPAÑA por la zona. En la madrugada de este sábado le tocaba la ruta a su compañero, Nesti Rodríguez, recién incorporado en junio. García intuyó que el corte del corredor obligaría a buscar alternativas y decidió acompañarlo. "Esto va a ser una aventura", se dijeron antes de arrancar, puntuales, a las seis de la mañana, desde la capital naviega.

Y lo fue. "En el Occidente, el periódico se leyó por los pelos, no fue el más madrugador", bromea García. Si lo habitual es completar el recorrido (unos 200 kilómetros en ruta circular, desde Navia hasta Villanueva de Oscos) en cuatro horas, esta vez necesitaron siete. El reloj corría y el cielo no daba tregua.

La experiencia, sin embargo, es un grado. "Como uno ya es perro viejo, salí de casa con un hacha por si el viento y la lluvia nos ponían algún obstáculo en el camino", explica García. La ruta alternativa elegida por culpa del argayo era una red de caleyas por las que la furgoneta entraba "más bien justa". Pero entró. Hasta que empezaron a aparecer los primeros pinos en la carretera, derribados por acción del viento y la lluvia. "Fuimos cortando como podíamos y haciendo hueco para avanzar", relatan. El hacha cumplió su función durante los primeros asaltos contra las ramas y los troncos medianos, pudiendo avanzar así la furgoneta.

Vecinos ayudan a Santiago García y a Nesti Rodríguez a despejar el camino para que LA NUEVA ESPAÑA llegue a los pueblos del Occidente.

Vecinos ayudan a Santiago García y a Nesti Rodríguez a despejar el camino para que LA NUEVA ESPAÑA llegue a los pueblos del Occidente. / LNE

Hasta que, a la altura de Argul (Pesoz), un pino de grandes dimensiones les bloqueó el paso. "El hacha era casi de juguete viendo aquello", admiten. La crónica parecía destinada a quedarse sin reparto. Pero entonces apareció un personaje clave en esta historia: "Pepe el de Argul", un vecino que pasaba por la zona y que no dudó en regresar a su casa y volver con una motosierra. "Pepe fue el que nos salvó", agradece García. El periódico se abría paso a golpe de serrín.

Para Nesti Rodríguez, acostumbrado a conducir como taxista en Cuba, la jornada fue un máster acelerado en asturianía. "Me gusta conducir, pero Asturias en días como hoy es un desafío", dice con media sonrisa, "Estoy aprendiendo mucho; menos mal que iba con Santi, que se conoce la ruta al dedillo", celebra quien llegó a Boal hace dos años deseando ver nieve y ahora "no la quiere ni en pintura", tras alguna que otra experiencia con ella.

Cuando por fin completaron la ruta, el Occidente ya estaba tomando el vermú. "Lo normal es volver a las 10.00 horas, pero volvimos a las 13.00 horas", narran. Siete horas, un hacha, una motosierra y varios pinos después, LA NUEVA ESPAÑA llegó a los quioscos del Occidente. Y Santi y Nesti, en vez de irse a tomar un desayuno, se metieron entre pecho y espalda "unos chuletones" para celebrar el trabajo bien hecho.

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