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María Lledó, diplomática, ex secretaria general para la UE y vicepresidenta de Acento: "La UE atraviesa una crisis de adaptación al nuevo orden mundial"

"Europa no puede limitarse a ser un mercado o un marco de reglas, necesita convertirse en un verdadero sujeto político, ganar soberanía y decidir por sí misma"

"Los gobiernos nacionales tienen que ver con el desapego ciudadano: lo bueno es mérito suyo y lo malo lo impone Bruselas"

María Lledó, en Oviedo, posando para LA NUEVA ESPAÑA.

María Lledó, en Oviedo, posando para LA NUEVA ESPAÑA. / Irma Collín

Mariola Riera

Mariola Riera

María Lledó (Madrid, 1972) cuenta con una amplia trayectoria en el Ministerio de Asuntos Exteriores y es una de las personas que mejor conoce en España las entrañas de las instituciones europeas y la política comunitaria, lo que le valió para coordinar la presidencia española de la UE en 2023 . Licenciada en Economía y en Ciencias Políticas, ingresó en la carrera diplomática en 1999. Por los despachos de Bruselas echó Lledó muchas horas hasta que en 2023 la fichó el exministro José Blanco para Acento. La ahora vicepresidenta de esta consultora de asuntos públicos visitó recientemente Oviedo, invitada por Equipo Europa para participar en unas jornadas sobre el 40.º aniversario del ingreso de España en la comunidad.

Parece que hay unanimidad: Europa está en crisis. ¿Cuál es su diagnóstico?

Efectivamente, la UE atraviesa una crisis de adaptación al nuevo orden mundial. Europa fue diseñada para un mundo postguerra fría, relativamente estable y regido por reglas, y hoy ese mundo ya no existe. La UE sigue pensando como "potencia normativa", pero el entorno exige también poder, seguridad y rapidez, podríamos decir que está desajustada respecto al mundo que vive. Sabe lo que quiere, pero no siempre sabe imponerlo o protegerlo. Esta situación exige una voluntad política compartida y contundente: o ajustamos el motor político, o iremos siempre por detrás.

¿Hay quizás cierto desapego, cierto desinterés por parte de la ciudadanía hacia la Unión?

La UE aparece como algo útil cuando funciona, cuando protege, como fue el caso de los fondos "Next Generation" o la gestión de la compra conjunta de vacunas durante la pandemia del covid, pero también es fácil de culpar cuando algo va mal. En mi opinión, los gobiernos nacionales tienen bastante que ver con este desapego: lo bueno es mérito nacional y lo malo lo impone Bruselas. En el Consejo se toman decisiones por unanimidad y luego, en casa, esos mismos gobiernos fingen no haber decidido nada. Eso contribuye a erosionar la confianza del ciudadano, la UE parece más un actor impuesto que elegido.

En un escenario mundial que ha cambiado, donde se impone cada vez más la ley del más fuerte (Ucrania, Groenlandia, Venezuela...), las debilidades de la UE se han visto más claras.

El desafío para la UE es sin duda complementar sus valores con poder real, es decir, traducir sus principios en capacidades estratégicas y de defensa creíbles en un mundo más competitivo y menos cooperativo, y para ello es necesaria esa defensa común, pasar de una mera coordinación intergubernamental a una verdadera capacidad estratégica y militar conjunta que reduzca poco a poco su dependencia de EE UU. Esto llevará tiempo, pero hay que empezar ya porque valores sin capacidades son un deseo; capacidades sin valores son otra cosa.

Usted es diplomática de carrera. ¿Está muerta la diplomacia? Y pongo las formas directas, sin rodeos, del presidente Trump como ejemplo.

¡No La diplomacia no está muerta. Cuando la fuerza empieza a ocupar el centro de la escena, la diplomacia más bien se vuelve indispensable para evitar que los conflictos escalen. Lo que está en crisis es la ilusión de que la diplomacia, por sí sola, basta. En el contexto actual, es imprescindible que vaya acompañada con capacidad de disuasión creíble. Sin diplomacia, el poder es destrucción.

Habla de que Europa debe reducir la dependencia de EE UU. ¿La alternativa es China, un país bajo una dictadura? El gigante asiático es el socio comercial ideal ahora?

No, no estamos en un mundo binario ni creo que Europa deba ser un satélite de nadie. La alternativa a EE UU no es China, sino una Europa que decide por sí misma, que ha trabajado su autonomía estratégica, su capacidad industrial, tecnológica y poco a poco defensiva, sin renunciar a su esencia, a sus valores. No creo que la respuesta a la situación actual sea cambiar de aliado sino ser independiente: Europa no tiene que elegir bloque, tiene que volcarse en su autonomía.

España cumple 40 años de socia de la UE. ¿Cuál es su balance?

Para España, la UE ha sido el mayor proyecto de modernización política, económica y social de su historia reciente. Sin la UE, España no estaría donde está en nivel de renta, infraestructuras, estabilidad institucional o proyección internacional. Esto es así. España gana voz cuando habla desde Europa. Hay que tener en cuenta que además es uno de los cinco países más grandes, con una población, que pese a la coyuntura actual, es mucho más europeísta que otras. Pero estos 40 años también dejan una lección.

¿Cuál?

Europa no puede limitarse a ser un mercado o un marco de reglas. Necesita convertirse en un verdadero sujeto político europeo, capaz de ganar soberanía y decidir por sí misma. De hecho, ya hubo un intento claro en esa dirección con el debate de la Constitución Europea en 2005: aun con sus imperfecciones, apuntaba a construir una Europa más política y más federal, con capacidad de actuar. La parálisis actual lo confirma: cuando Europa se acostumbra a una "defensa delegada", renuncia a construir un horizonte propio y a ejercer autonomía. Ese vacío lo aprovechan quienes quieren desgastarla desde dentro, y ahí los populismos actúan muchas veces como un caballo de Troya, más alineados con intereses externos que con la defensa del continente. Por eso, además de capacidades, hace falta recuperar la iniciativa política con una agenda social ambiciosa –vivienda, trabajo, derechos– que blinde a la ciudadanía y refuerce la legitimidad del proyecto europeo. No hay España moderna sin Unión Europea.

No se entendió bien en España esa permisividad o mirar para otro lado de Bruselas en la crisis de Cataluña y la posterior fuga del expresidente Puigdemont, ahora instalado cómodamente en Bélgica.

La UE no es un estado, sólo puede actuar donde los tratados le dan base jurídica e intervenir en casos como el de Puigdemont sería romper el equilibrio entre soberanía nacional y orden europeo. Cosa distinta es su tibieza respecto a las acciones que llevan a cabo ciertos estados miembros que en muchas ocasiones representan un desafío abierto a sus valores fundacionales. Y eso se explica porque los mecanismos sancionadores requieren mayorías muy amplias. Existe veto cruzado entre estados y sin duda hay miedo a la fractura interna. No creo que Europa mire para otro lado por indiferencia, sino porque sus instrumentos son imperfectos y su naturaleza es más jurídica que política.

Es un hecho que el campo europeo en general y el español y asturiano en particular están muy enfadados con la UE, no hay conexión... ¿Qué hacer?

Entiendo que la burocracia desespera, pero todo el sistema está montado para proteger al agricultor de un mercado salvaje, la PAC es parte del sueldo del agricultor y muchas veces marca la diferencia entre retirarse y seguir en el campo. Las normas no están hechas para fastidiarle, sino para que su producto valga más al llevar ese sello europeo. La UE no sólo paga, también invierte en la modernización de regadíos, la incorporación de jóvenes o el desarrollo rural. Esto no lo paga el estado sólo. Sin Europa, el campo español y el asturiano en particular estaríanmás aislado, más desprotegido y sería más débil. En regiones como Asturias, Europa es red y colchón.

Ese enfado tiene un riesgo, quizás, en el sentido que favorece los populismos, que pescan en río o campo revuelto. ¿Ve riesgo real de desintegración de la UE?

Claramente el malestar de los ciudadanos es el principal combustible de los populismos en la UE. Efectivamente puede conllevar su desintegración pero no por un colapso repentino sino por erosión interna, si los extremos se apropian de las decisiones europeas. Los gobiernos populistas no tienen interés en irse de Europa, sino en desgastarla. En cualquier caso, el mejor jarabe contra esas tendencias es ser capaces de dar respuestas a las demandas y preocupaciones reales de la ciudadanía europea.

¿Cree que Ucrania está preparada para entrar como estado miembro?

Ucrania no está preparada todavía para entrar en la Unión Europea. La adhesión exige reformas profundas y el cumplimiento de criterios democráticos y de derechos muy estrictos, la clave no está en entrar rápido sino en avanzar de forma irreversible.

¿Pero no hay, quizás, una obligación moral de integrarla?

Dicho lo anterior, efectivamente Ucrania no es un candidato cualquiera. Ha hecho una elección política clara por Europa y está pagando un precio altísimo por defender principios que son también los nuestros, como la defensa de su soberanía. La guerra no sustituye las condiciones de adhesión, pero sí cambia el contexto. Era necesario políticamente otorgarle el estatuto de candidato y también es nuestro deber intentar que cumpla las condiciones de entrada lo antes posible. No podemos pedir a Ucrania que muera por Europa y luego decirle que no está lista para vivir en ella, pero el cumplimiento de los criterios de entrada es fundamental.

¿Qué más países están cerca de entrar? ¿Para cuándo una ampliación de la UE?

¿Profundización o ampliación? Ese ha sido el eterno debate europeo. En líneas generales podríamos decir que la UE ha optado por la ampliación, porque dentro de su complejidad para los candidatos, es más sencilla para los estados miembros, pero en el contexto actual, creo que la profundización es más necesaria que nunca. Avanzar hacia la unión política, la creación de un mercado único de verdad, la reducción de nuestras dependencias, la consecución de una unión fiscal y monetaria, una política de defensa y seguridad común, ser capaces de dar respuestas a las demandas sociales de la ciudadanía, son los pasos prioritarios. Es cierto que la ampliación es importante para anclar a nuestros vecinos en Europa, países como Albania o Montenegro están avanzando a muy buen ritmo, pero el elemento clave sigue siendo el cumplimiento de las reformas.

¿Qué destacaría de su paso por las instituciones comunitarias?

Sin lugar a dudas mi participación en el diseño y desarrollo de nuestra última Presidencia del Consejo de la UE, al frente de la Secretaría General, un órgano que justamente se reactivó para esa tarea y que llevó a cabo un verdadero ejercicio país en el que tuve la suerte de poder participar.

Quisiera preguntarle por su opinión por el panorama político nacional, la crispación, la polarización, el enfrentamiento continuo, los dos grandes partidos sin un mínimo de entendimiento...

No voy a entrar, pues yo no he ocupado ningún cargo político y mi opinión particular, la verdad es que no creo que tenga mayor interés.

¿Qué tal el año y medio que lleva en Acento?

El balance es muy positivo. Ha sido mi primera experiencia en el ámbito privado después de 26 años en la administración y la verdad es que estoy muy contenta. Me he encontrado con grandes profesionales que operan desde la transparencia y la fiabilidad y me resulta muy enriquecedor ampliar los ángulos de visión. Ahora nos ha comprado Havas, el gigante de la comunicación parte del grupo Vivendi, así que aún más contenta.

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