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La larga espera de Genaro para cumplir su último deseo de volver a Pola de Laviana: 78 años, párkinson y casi dos años sin lograr plaza en la residencia

Tras meses de demora, le reconocieron un grado II de dependencia, pero la plaza en la residencia pública de Laviana se retrasa por la lista: "Es su último deseo y no va a llegar"

Imagen de recurso de un hombre en silla de ruedas mirando por la ventana.

Imagen de recurso de un hombre en silla de ruedas mirando por la ventana. / LNE

Sara Bernardo

Sara Bernardo

El único deseo de Genaro González es regresar a Laviana. A sus 78 años solo pide poder pasar sus últimos días en su pueblo, el lugar donde nació y donde construyó su vida. Sin embargo, la burocracia y los criterios administrativos han convertido ese anhelo en una carrera contrarreloj.

En abril de 2024 le fue reconocido un grado II de dependencia, tras meses de espera. La familia pensó entonces que el acceso a una plaza en la residencia pública del ERA en Laviana sería cuestión de semanas. Pero no fue así.

Tras enviudar, González comenzó a manifestar los primeros síntomas de párkinson, una patología degenerativa que fue avanzando progresivamente. En octubre de 2023, ante el empeoramiento evidente de su estado, su hijo, Rubén González, solicitó el reconocimiento oficial de la situación de dependencia. "La resolución tardó seis meses. Mientras tanto, tuvimos que tomar una decisión urgente y lo ingresamos en una residencia privada en Tuilla", explica.

Cuando finalmente llegó el dictamen favorable, la familia esperaba un traslado ágil a la residencia pública del ERA en Laviana, que cuenta con 104 plazas. Pero en lugar de eso, González fue incorporado a una lista de espera en la que, según denuncia su hijo, ya acumula cerca de dos años.

Plazas vacías y listas de espera

González asegura que en el centro lavianés se producen vacantes con cierta frecuencia. "Tengo amigos que trabajan allí y me dicen que a veces quedan plazas libres durante semanas antes de que se cubran", lamenta.

Desde la Administración, la única explicación que recibió la familia apunta al nivel de ingresos del solicitante. González es jubilado de la minería, con una pensión superior a la media. Según le trasladaron, cuando varias personas con el mismo grado de dependencia solicitan plaza en el mismo centro, el criterio económico puede influir en la adjudicación. "Eso hace que lo veamos muy difícil", reconoce su hijo.

El estado de salud de González ha seguido deteriorándose. Este verano sufrió un empeoramiento notable, quedando en silla de ruedas. En julio, su familia solicitó una revisión del grado de dependencia para actualizar la valoración a un nivel superior. A día de hoy, esa revisión continúa sin tramitarse.

La falta de un nuevo informe oficial limita sus opciones de prioridad en la lista de espera y prolonga la incertidumbre. "Siempre que voy a verlo me pregunta lo mismo. Él no quiere morirse en la residencia en la que está ahora", relata González. "Lo único que desea es volver a su pueblo", asegura.

El tiempo, decisivo

Para la familia, el problema no es solo administrativo, sino humano. "No va a llegar", teme su hijo. "Y lo que más me duele es el tiempo que tardan en ocupar plazas vacías por culpa de los trámites y la burocracia", explica.

La Ley de Dependencia establece plazos y criterios técnicos para la asignación de recursos, pero en la práctica las demoras en las valoraciones, las revisiones y la adjudicación de plazas son una queja recurrente de muchas familias en Asturias. "Para una persona dependiente lo más importante es el tiempo", insiste González. En el caso de su padre, cada mes de espera reduce las posibilidades de cumplir su último deseo: volver a Pola de Laviana.

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