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Del despacho al monte: el largo camino burocrático para matar un lobo en Asturias

Los participantes en las batidas, complementarias a los controles de los agentes del Principado recientemente suspendidos, tienen que someterse a un sinfín de requisitos y normas sobre armas, confidencialidad y aceptar la cadena de mando

El largo camino burocrático para matar un lobo en Asturias

El largo camino burocrático para matar un lobo en Asturias / LNE

Mariola Riera

Mariola Riera

Oviedo

Si frondosa es la maraña legislativa que rodea la gestión del lobo en España y, en concreto, en Asturias, no lo es menos la madeja burocrática que afecta a la puesta en marcha de las batidas complementarias al trabajo de los agentes medioambientales del Principado para llevar a cabo el programa de control con más eficacia. Son muchos los preparativos y los requisitos a cumplir –contar con un director del grupo que tiene que estar en todo momento presente en la batida, que todos los que se han apuntado asuman y firmen las condiciones, tener licencia de armas, confidencialidad...– y todo ello debe tramitarse, firmarse y aprobarse para llegar a la resolución final y poder salir al monte a por los lobos.

Y es que todo es poco para ir por el libro en la gestión de una especie que desata pasiones y posturas encontradas entre políticos, ganaderos, ambientalistas, y que infinidad de veces ha acabado en los tribunales. Lo sabe bien la Consejería de Medio Rural, que se ha visto obligada hace unos días a suspender el programa regional –al menos hasta junio– para modificar un artículo del plan de gestión (aprobado en 2015) que ha sido tumbado por el Tribunal Supremo. En unos días Medio Rural convocará el Consejo del Lobo para informar de todo lo ocurrido en los últimos días en torno al plan de gestión, el avance del programa de control y todas las cuestiones relacionadas.

Hasta ahora se habían matado en Asturias 31 de los 53 lobos previstos (hay que sumar 11 más muertos por otros motivos que también cuentan para los objetivos de reducir la población). Desde septiembre se habían autorizado batidas de cazadores para mejorar los resultados de los agentes medioambientales del programa de control, iniciado en mayo. Pese a que los ganaderos han defendido siempre que sean los cazadores los que se encarguen de abatir los lobos, una vez autorizados no es que hayan tenido mucho más éxito que los agentes. Y es que los requisitos a cumplir son muchos para poder salir a por ellos. Más complicado es luego encontrar uno y que se ponga a tiro, pero aún así no todo el mundo puede dispararle, sino que solo los autorizados en la batida, los batidores.

La batida

Entendida ésta como «modalidad de extracción colectiva en la que un grupo de controladores, apoyados por perros y/o batidores, organizan un control para dirigir al ejemplar hacia una zona predeterminada donde los controladores esperan para abatirlo», está formada por un director, los controladores y los batidores. Siempre requiere autorización expresa del Principado para utilizar esta figura en los controles del lobo ya que éste no es especie cinegética en la región. Para autorizarla hay que verificar que todo lo hecho anteriormente para matar un ejemplar no ha servido para nada y los daños al ganado no solo se han mantenido, sino que han ido a más. El número de ejemplares a eliminar por batida es uno en el territorio regulado por el plan de gestión; fuera, el número puede ser mayor. Eso sí, se podrá realizar el número de batidas necesario para alcanzar el cupo fijado.

El director, a pleno rendimiento

Debe ser personal de la administración regional, a poder ser, agentes medioambientales. Éste tiene que planificar y dirigir el operativo al frente del grupo; estar siempre presente; verificar documentación y requisitos; supervisar el desarrollo y cuidar que no se vean dañadas otras especies sensibles o protegidas; cumplimentar registros de control y de captura... No le debe faltar una emisora y en cuanto se haya abatido un lobo tiene que avisar al guarda mayor y coordinador.

Qué hacer si se abate un lobo

El director tiene que documentar hora exacta, el lugar mediante coordenadas GPS, realizar fotografías del lugar, el sexo, la edad estimada y estado del animal; aplicar el precinto inmediatamente; introducir el cuerpo en la bolsa, y coordinar su entrega.

Participación de voluntarios

Autorizada la batida en un lugar determinado se pide a los ayuntamientos la lista de voluntarios, que deben tener un representante. Todos deberán asumir las condiciones expuestas y dejarlo firmado en el registro de control. Los voluntarios que efectúen los controles (controladores) deberán contar con el arma de caza mayor adecuada, la pertinente licencia de armas, licencia de caza y el seguro obligatorio de responsabilidad civil (seguro de caza). Los controladores apoyan de forma auxiliar la ejecución técnica del control, siguiendo en todo momento las instrucciones del director. Y ojo: no pueden actuar de forma autónoma ni tomar decisiones sobre el abatimiento, y sí colaborar en la localización, rastreo y, en su caso, en el manejo del animal abatido. Los batidores pueden ejercer de auxiliares en la ejecución técnica del control, pero bajo las órdenes del director. No podrán portar elementos de pirotecnia o realizar fuegos. Sí usar elementos sonoros como bocinas y altavoces, así como perros. Si se incumplen estas condiciones es motivo suficiente para suspender la actividad. Batidores y controladores voluntarios deben firmar todos las condiciones. Y tendrá que emitirse una resolución previa para que finalmente puedan participar en la batida.

Confidencialidad

Por si fueran pocos todos los requisitos, los que participen en las batidas deben comprometerse a no divulgar información ni realizar fotografías de las salidas al monte y, en su caso, de los lobos abatidos.

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