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Corazón y riñón enferman al unísono: el HUCA, Cabueñes y San Agustín tendrán unidades cardiorrenales para pacientes con enfermedad renal e insuficiencia cardiaca

"La colaboración entre los servicios de Nefrología y Cardiología permitirá limitar las descompensaciones y evitar reingresos", sostiene el Sespa

De izquierda a derecha, Alfonso Pobes, jefe de Nefrología de Cabueñes; Beatriz Díaz, jefa de sección de Insuficiencia Cardiaca del HUCA;  Emilio Sánchez, director de Nefrología del HUCA; Aquilino Alonso, director gerente del Sespa; Berta Vega, cardióloga de Cabueñes; e Inés Moller, jefa de sección de Cardiología en el Hospital San Agustín.

De izquierda a derecha, Alfonso Pobes, jefe de Nefrología de Cabueñes; Beatriz Díaz, jefa de sección de Insuficiencia Cardiaca del HUCA; Emilio Sánchez, director de Nefrología del HUCA; Aquilino Alonso, director gerente del Sespa; Berta Vega, cardióloga de Cabueñes; e Inés Moller, jefa de sección de Cardiología en el Hospital San Agustín. / LNE

Pablo Álvarez

Pablo Álvarez

Oviedo

El corazón y el riñón están relacionados entre sí, y cuando uno falla, el otro empeora. Ésto es lo que ha decidido al Servicio de Salud del Principado (Sespa) a poner en marcha de manera progresiva unidades cardiorrenales (UCR) en los tres principales hospitales de la región: el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA, Oviedo), Cabueñes (Gijón) y San Agustín (Avilés).

Este modelo organizativo está diseñado "para cubrir todas las áreas sanitarias, mejorar la atención y reducir ingresos", señaló el gerente del Sespa, Aquilino Alonso.

Las UCR están aún poco extendidas en el Sistema Nacional de Salud y se concentran fundamentalmente en hospitales de alta complejidad. "Su implantación ordenada en los tres centros universitarios de Asturias refuerza la atención a la cronicidad avanzada y el desarrollo de estructuras asistenciales innovadoras", enfatizó el Sespa.

El proyecto ha sido presentado esta mañana en la sede del Sespa, en un acto en el que han estado presentes las cardiólogas Beatriz Díaz Molina, Inés Moller y Berta Vega y los nefrólogos Emilio Sánchez, Alfonso Pobes y José María Baltar.

Aumento de la incidencia

La iniciativa responde al aumento sostenido de pacientes con síndrome cardiorrenal, en el que corazón y riñón se afectan mutuamente. Esta interacción incrementa de forma significativa el riesgo de hospitalización, complicaciones y mortalidad.

Se estima que entre el 30% y el 50% de las personas ingresadas por insuficiencia cardiaca sufren deterioro de la función renal, mientras que hasta el 80% de quienes padecen enfermedad renal crónica avanzada desarrollan patología cardiovascular. Esta combinación configura uno de los perfiles clínicos más complejos de la atención hospitalaria.

Las unidades cardiorrenales estarán integradas por especialistas en Cardiología y Nefrología, con el apoyo de enfermería especializada, y funcionarán mediante consulta conjunta.

Los pacientes serán evaluados por ambos especialistas el mismo día y en el mismo espacio, con lo que se evitarán citas duplicadas y decisiones terapéuticas fragmentadas.

Riesgo cardiorrenal

Durante la consulta se realizará una valoración clínica integral que podrá incluir analítica, electrocardiograma, ecografía clínica y estudios de bioimpedancia, una técnica no invasiva que mide el porcentaje de grasa corporal, el estado de congestión y de sobrecarga de líquidos. Este examen permitirá definir el riesgo cardiorrenal y optimizar el tratamiento farmacológico

El modelo incluye circuitos específicos para pacientes hospitalizados, interconsultas intrahospitalarias y seguimiento ambulatorio tras un ingreso, especialmente en el denominado “periodo vulnerable” posterior al alta.

En los casos en los que los tratamientos convencionales pierdan eficacia, se valorará la indicación de terapias avanzadas como la diálisis peritoneal con objetivo de descongestión, una estrategia que permite controlar la sobrecarga de líquidos de forma sostenida y mejorar la estabilidad clínica.

Este sistema de atención persigue reducir descompensaciones y reingresos hospitalarios, una de las principales causas de deterioro funcional y pérdida de autonomía. La coordinación entre especialidades permite evitar las dobles consultas, anticiparse a complicaciones, ajustar precozmente los tratamientos y apostar por el manejo ambulatorio siempre que sea posible.

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