La cuenta atrás para el futuro de Hunosa: un retraso en activar la térmica de La Pereda abocaría a la empresa pública a su fin
El Principado apremia a la empresa a buscar soluciones y pedir otro permiso ambiental tras anularlo el TSJA
Así evitaría quedar sin permiso para conectarse a la red y enfrentarse a años de vacío multiplicando las ya millonarias pérdidas

la térmica de La Pereda. / FERNANDO GEIJO

El tiempo corre para la supervivencia futura de la central térmica de La Pereda, y de ella depende la de toda la empresa pública Hunosa. El revés jurídico que ha supuesto que el Tribunal Superior de Justicia de Asturias anule la Autorización Ambiental Integrada (AAI) de la instalación (cuya reforma supuso unos 55 millones de euros) deja a la hullera expuesta al cierre, con la que ha sido su principal apuesta, una central de generación eléctrica, en el aire.
Sin La Pereda en funcionamiento, Hunosa se cae como un castillo de naipes. Queda señalada como una empresa con 429 trabajadores (en gran medida vinculados a la central), a la que la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales inyectó en 2024 122 millones de euros para cubrir las pérdidas y cuyo presidente (Enrique Fernández, exconsejero de Industria) percibió en 2025 unas retribuciones brutas de 181.248,23 euros. Sin la luz de La Pereda, que llegó a representar más de la mitad de los ingresos de Hunosa, la antigua hullera queda a oscuras.
El tiempo corre para conectarse a la red eléctrica. El debate sobre cómo sacar del entuerto jurídico a La Pereda va más allá de resolver la situación en los tribunales. El tiempo apremia porque Hunosa se arriesga a llegar tarde a la conexión a la red eléctrica, concedida por el Gobierno central y que expira a finales del próximo año.
Esta conexión permite que la instalación, una vez convertida en planta de biomasa, pueda suministrar electricidad al sistema y obtener ingresos. El plazo otorgado para conectarse a la red era suficiente si La Pereda comenzase a operar a inicios de 2027, como estaba previsto. Pero si no logra ese objetivo, la conexión se pierde y otro operador podría solicitarla.
El «mecheru» del SOMA
Durante años, a la central térmica de La Pereda, de Hunosa, se la conocía como «el mecheru del SOMA»; otros la denominaban directamente como «la estufa de Villa», en referencia al exlíder del sindicato. Lo que sí vienen a reconocer los apelativos es el papel que tuvo el sindicato minero SOMA en el nacimiento del proyecto, pese a las reticencias de otros sectores y otros sindicatos como Comisiones Obreras.
El salvavidas de Hunosa
Lo cierto es que la térmica de La Pereda terminó siendo el salvavidas de continuidad para Hunosa. La central energética fue durante años excusa para mantener activa la extracción de carbón (con el pozo Nicolasa como último reducto). Fue tal su importancia para mantener abierta la minería que llegó a afirmarse que en La Pereda se quemaban «hasta piedras y tierra», reconocen fuentes próximas a la hullera, con tal de mantener encendida la llama de la térmica. Lo cierto es que fue necesario un encaje normativo para que la térmica pudiese quemar carbón de baja calidad
Biomasa y CSR
Con la reconversión energética, La Pereda quedó fuera de juego. Hunosa buscó la fórmula de que la instalación siguiese activa como central de biomasa. La idea ya sonaba un tanto descabellada sobre el papel, porque algunos estudios apuntaron que no habría biomasa suficiente en Asturias. A calzador se incorporó que el horno quemase también una cantidad de Combustible Sólido Recuperado (CSR), procedente del tratamiento de ciertos materiales de la basura de Cogersa. Inicialmente se habló del 25% aunque finalmente ese porcentaje quedó en el 10% por decisiones normativas.
Es precisamente ese porcentaje de CSR el que pone en jaque a la térmica. El TSJA ha tumbado el permiso ambiental al proyecto al considerar que hay demasiada ambigüedad respecto al CSR: ni se concreta la cantidad que se quemará (el proyecto habla de un máximo del 25%), ni su composición.
¿Cuáles son las alternativas? Dos opciones están en discusión. La primera, el Principado pide a Hunosa que rehaga la solicitud de la central limitándola solo a ser central de biomasa, descartando el CSR. La administración podría acelerar al máximo para otorgar una nueva autorización, con los dedos cruzados para que no se produzca otro recurso judicial.
La segunda opción es el planteamiento de Hunosa de pleitear y continuar con los planes. Esta salida no deja claro el horizonte futuro.
En medio, los sindicatos piden claridad: que la SEPI aclare qué futuro quiere para Hunosa. Las cuentas no salen si La Pereda no se activa a tiempo, ya que no se generará el empleo comprometido y que facilitó en parte la autorización para conectarse a la red para vender electricidad.
«En todo caso será un cierre de facto, porque hasta dentro de tres años no se podría hacer nada. Si Hunosa no ejecuta proyectos, no cumple hitos ni tiene iniciativas, ¿para qué mantenerla, se preguntará lógicamente la SEPI?», dicen en los sindicatos.
Sin La Pereda, sin aquel «mecheru» que causaba alguna sonrisa, Hunosa se queda fría y desvestida del sueño de convertirla en una empresa energética pública con un mínimo de viabilidad. Quedaría vivo el último reducto en el «pozu moqueta» (denominación para la sede de la empresa) donde trabajan técnicos y directivos, y donde algún salario tiene seis cifras.
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