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El misterioso espectáculo de ríos y cascadas que ha explotado en la montaña asturiana (y se puede visitar): Los Garrafes, cuando el agua blanca surge de repente y baja desbocada

Una detonación en el hayedo anunció que el fenómeno natural se puede disfrutar estas semanas

El misterioso espectáculo natural que ha explotado en la montaña de Quirós: así son Los Garrafes, ríos y cascadas de agua blanca que surgen con violencia

Roberto F. Osorio

Roberto F. Osorio

Roberto F. Osorio

Ni todo el mundo los conoce, ni se pueden ver con frecuencia. Hace unos días, con una explosión que hizo vibrar el hayedo, surgieron impetuosas las frías aguas de Los Garrafes/Guirrafes en la parroquia quirosana de Ricao, a las faldas del macizo de Ubiña. Un fenómeno natural intermitente y caprichoso que sigue sorprendiendo en los inviernos y primaveras lluviosas.

Las abundantes lluvias y nieves de los meses pasados rellenaron los inmensos depósitos kársticos que albergan las calizas de murallón del pico Campu Faya. A ello hay que unir el aumento de las temperaturas, lo que favorece que miles de litros de aguas blancas y frías broten por varios lugares. Garrafe viechu, Garrafe la Corraina o el Garrafe de Faya la Media son algunos de los topónimos de estas surgencias naturales.

Un ruido ensordecedor que provoca el correr impetuoso y precipitado de las aguas del deshielo invaden fincas y cortan caminos en una zona de varias hectáreas en el lugar llamado Pará, situado a unos dos kilómetros del pueblo de Bueida y en las inmediaciones de la pista que lleva al puerto de Ventana. Dos de esos manantiales, los más vistosos y espectaculares, nacen muy cerca entre sí.

La nueva señalización de Los Garrafes, en Quirós.

La nueva señalización de Los Garrafes, en Quirós. / Roberto F. Osorio

Uno de ellos brota entre las raíces de una haya centenaria y cruza un camino. El otro mana en la base misma de las paredes calizas del Macizo de Ubiña. Una corriente que desciende de forma vertiginosa por una amplia pendiente entre hayas y espineras sobre derrubios de ladera. Esa agua invade el prado de La Corraina y cruza el camino y más fincas para precipitarse en una bonita cascada. Un rústico mirador permite disfrutar de ese lugar.  En 2017 se acometieron unas obras por parte del parque natural de Las Ubiñas- La Mesa para señalizar el entorno, permitir un mejor paso con dos pequeños puentes y la adecuación de un pequeño mirador.

Un espectáculo de ruido y color

El caudal del río Ricao aumenta de forma exponencial y el color de sus aguas denuncia con claridad la apertura de estas surgencias kársticas del estiaje. El agua brota en otros lugares cercanos, ocho, pero de manera menos impactante. Brota entre la hierba en varias fincas más y aumenta el caudal de La Fontona, fuente regular en el camino del puerto Güeria.

El agua del deshielo y la roca caliza son las claves para poder explicar en cierto modo este fenómeno. La roca caliza se agrupa en esta zona en grandes macizos como el de Ubiña, siendo muy resistente a la erosión mecánica pero no a la disolución por la acción de agua del deshielo, muy rica en CO2 y, por tanto, muy agresiva. Además, al haber sido una zona de origen glacial, se produce el efecto en las pequeñas fisuras de la roca, que el hielo fracciona y dio lugar a formas abruptas y angulosas con profundas depresiones. Simas, cavernas y surgencias son comunes en lo que los estudiosos llaman el modelado kárstico de las calizas.

Probablemente, el agua del deshielo que proviene de las cumbres se filtra por numerosas grietas y pozos hacía unos enormes depósitos internos que van recogiendo los vertidos. Cuando se rebasa el nivel de dichos embalses naturales, lo vierte por sus bocas al exterior. La detonación que se escucha cuando brotan por primera vez es debido al aire que hay en los conductos y que es propulsado por la fuerza de las aguas.

Una imagen de Los Garrafes en Quirós.

Una imagen de Los Garrafes en Quirós. / Roberto F. Osorio

Sin embargo, todas estas explicaciones geológicas no podrán acabar con la magia de Los Garrafes y la imaginación de esos enormes depósitos naturales de agua del deshielo; y los caprichos del agua de salir en determinadas fechas y de forma no continua. Poder verlos es un misterioso placer, es algo que no se puede garantizar cuando se visita este bello paraje quirosano.

Este fenómeno natural, que llegaba a dificultar el tránsito de personas y animales en otros siglos, ahora con el cambio climático se atenúa e incluso hay años en los cuales apenas manan estos manantiales. En el siglo XIX, Madoz en su Diccionario Geográfico, que data de 1850, se refiere a ellos: “A una legua del pueblo en el sitio llamado los Guirrafes brotan en ciertas épocas del año con grande estruendo unas aguas blanquecinas y de extraordinaria violencia. Tienen la particularidad de romper su corriente en el mes de abril cuando los vientos son templados y vuelven a secarse cuando el tiempo es frío. Al romper procede una detonación como de un cañonazo y entonces los naturales retiran sus ganados de aquellos parajes para evitar que los arrollen las aguas”.

Los Garrafes volverán cada primavera a inundar caminos y prados como un ritual que llevan haciendo miles de años, y será una buena señal de que la naturaleza sigue imponiendo su orden.

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