La odisea del panadero que todos los días cruza un argayo a pie para que un pueblo asturiano tenga pan (y un vecino le ayuda al otro lado)
Un ganadero del pueblo de Viegu (Ponga) hace de enlace para que el reparto se mantenga mientras el derrumbe mantiene cortada la única carretera de acceso

Benito Díaz, cruzando el argayo de Ponga con las bolsas de pan
Benito Díaz, 58 años, regenta una panadería en Oseja de Sajambre (León), muy cerca de la frontera con Asturias. Su jornada laboral comienza a las seis de la mañana y cumple una función básica para buena parte del oriente asturiano: llevar el pan a decenas de pequeños pueblos repartidos por varios concejos, con los que abastece a cientos de vecinos. Cada día carga su furgoneta con unas 250 barras y al menos 100 hogazas y recorre una amplia ruta por cinco concejos: Ponga, Amieva, Cangas de Onís, Parres y Piloña.
Desde el pasado 15 de febrero hay un pueblo al que ya no puede llegar: Viegu, en el concejo de Ponga, con alrededor de medio centenar de habitantes. No es que los vecinos hayan dejado de comprar su pan. El problema es que el panadero no puede acceder al pueblo debido al colosal argayo que corta la carretera PO-2, el único acceso desde la N-625 a la altura de Vidosa, y que permanece cerrada desde esa fecha.
«Soy el único panadero de la zona que lleva el pan ahí arriba, no sube nadie más», explica Díaz. La situación se está resolviendo, de momento, gracias a la solidaridad vecinal, mientras el Principado trabaja en la retirada del desprendimiento. Cada mañana, pasadas las siete, el panadero llega con su furgoneta hasta el punto donde la carretera está cortada, se baja cargado con las bolsas de pan y cruza a pie el tramo afectado por el argayo. Al otro lado le espera David Junco, ganadero de Viegu, que recoge la mercancía y la sube en coche hasta el pueblo para repartirla entre los vecinos. «No queda otra, no va a quedar sin pan la gente…», asegura Junco.
El panadero podría acceder a Viegu por la carretera AS-161, pasando por San Juan de Beleño, pero ese itinerario le obligaría a añadir casi dos horas más a una ruta diaria que ya está medida al minuto. «No me daría tiempo. Tengo que seguir mi itinerario y, si tengo que ir por Beleño, entre subir y bajar sería inviable. David me está ayudando de forma voluntaria y desinteresada, aunque espero que puedan arreglar pronto el argayo, porque no va a estar yendo todos los días a las siete de la mañana. Me hace un enorme favor, a mí y a los vecinos», cuenta el panadero leonés, que regresa a su casa a última hora de la tarde después de un día de reparto.
Como ya conoce perfectamente las preferencias de sus vecinos de Viegu, Díaz prepara las bolsas con antelación y las identifica para agilizar el reparto, y luego cada habitante recoge su pan de manos de Junco. No es la primera vez que este panadero se enfrenta a una situación así: en 2019 ya tuvo problemas para acceder a la zona por un argayo en la N-625, en el desfiladero de Los Beyos, también en el concejo de Ponga.
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