¿Dónde van los alimentos que no se venden en un supermercado?
Supermercados masymas refuerza su compromiso contra el desperdicio alimentario con sensibilización, planificación y tecnología

Un establecimiento de Supermercados masymas
L. L.
Puede que alguna vez te lo hayas preguntado al ver una fruta con un pequeño golpe o un yogur a punto de alcanzar su fecha de consumo preferente. Lejos de desaparecer sin más, en muchos casos esos productos inician un nuevo recorrido. La entrada en vigor de la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario obligó al sector de la distribución a replantear cómo gestiona sus excedentes. En Asturias, Supermercados masymas (Hijos de Luis Rodríguez) ha convertido esa obligación en una oportunidad, construyendo un modelo que va más allá del cumplimiento normativo.
Cada mes, la compañía gestiona alrededor de siete toneladas de excedentes, principalmente productos frescos. Detrás de esa cifra hay planificación, tecnología y decisiones diarias orientadas a reducir al máximo el desperdicio. Gracias a la herramienta Planning Studio —un sistema basado en inteligencia artificial que predice la demanda por tienda y producto— masymas ha logrado disminuir sus mermas en un 30%. Ajustar pedidos con mayor precisión significa que menos alimentos sobran.
Pero ¿qué ocurre cuando, aun así, quedan productos aptos que no pueden venderse por motivos comerciales o logísticos? La respuesta llega de la mano de Comerso Iberia, con quien la compañía ha puesto en marcha un sistema de recogidas diarias ya operativo en las tiendas de Oviedo y Gijón y con próxima extensión a toda la red. Los excedentes encuentran así un destino concreto: organizaciones como la Fundación Cruz de los Ángeles, la Asociación Gijonesa de la Caridad, el Albergue Covadonga, Proyecto Hombre Asturias o la Fundación Alzheimer Asturias, entre otras, que cada día los convierten en apoyo directo a familias y personas en situación de vulnerabilidad.
El compromiso también es visible en tienda. Los productos con fecha próxima de consumo preferente están identificados con descuentos del 25%, una medida que ayuda al ahorro familiar y evita que alimentos en perfecto estado terminen desperdiciados.
La sensibilización es otro pilar. El pasado verano, dentro del proyecto europeo Sprint, masymas impulsó con la colaboración de Cogersa la campaña "Cada alimento cuenta", con consejos prácticos para planificar la compra, organizar la despensa o diferenciar entre fecha de caducidad y consumo preferente. Porque reducir el desperdicio no depende solo de lo que ocurre en un almacén. Empieza en la previsión, continúa en la tienda y culmina en los hogares.
Un modelo que, en definitiva, demuestra que gestionar bien los excedentes no es solo una obligación legal, sino una forma concreta de mejorar la vida de muchas familias asturianas.
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