El "efecto lunes" fue mortal en la mina de Cerredo: ni siquiera se ventiló la galería para extraer el grisú acumulado en el fin de semana
El informe final del Principado sobre el siniestro en el que murieron cinco trabajadores sostiene que se extrajeron entre 1.096 y 1.370 toneladas en una labor "clandestina", no autorizada, sin un sistema de ventilación adecuado y con las dos turbinas paradas la mañana de la explosión

Interior de la mina de Cerredo / LNE

El Servicio de Minas del Principado sitúa el origen de la tragedia de Cerredo, en la que fallecieron cinco mineros y cuatro resultaron heridos, en una doble irresponsabilidad: una extracción clandestina de carbón y una labor sin la ventilación necesaria para evitar la acumulación de grisú. El informe final sobre el accidente, ya remitido al Juzgado de Instrucción de Cangas del Narcea, sostiene que en la capa Z del piso 3º “Mangueiro” se extrajeron entre 1.096 y 1.370 toneladas de mineral en una galería que resultaba un "fondo de saco" (en encerrado), sin un circuito de aire adecuado y con las dos turbinas paradas el lunes de la explosión, de modo que ni siquiera se activó el único aporte de aire fresco disponible para limpiar la zona antes de reanudar el trabajo tras el fin de semana.
Se trata del denominado "efecto lunes" en las minas de carbón. El 31 de marzo de 2025, lunes, la explotación llevaba parada desde la tarde del viernes anterior y había permanecido todo ese tiempo sin ventilación, con las llaves de alimentación de las dos turbinas cerradas. En esas condiciones, el informe considera “más que probable” que los huecos trabajados “en encerrado” hubiesen acumulado metano durante el fin de semana, con distintas concentraciones en el aire y mayor presencia en las partes altas, de modo que la reanudación de la actividad exigía una revisión especialmente cuidadosa y la ventilación previa de la zona para eliminar el grisú.
El documento certifica que fue la acumulación de grisú la causa de la explosión, pero afirma que no puede acreditar qué causó la chispa que la inició. Destaca que se trató de una explosión mortal en una explotación que no podía estar funcionando, enmarcada en una actividad “premeditada y ejecutada clandestinamente”, desarrollada al margen de la autorización que tenía Blue Solving y oculta, según Minas, bajo la cobertura de trabajos permitidos de limpieza, retirada de materiales y recuperación de equipos.
Carbón extraído en una zona no autorizable
El documento recuerda que la resolución que autorizó la transmisión de derechos mineros a Blue Solving no abría la puerta a retomar la producción, sino que vinculaba la actividad al cierre y restauración de la explotación. La empresa podía desarrollar trabajos asociados a la recuperación de materiales, la retirada de residuos y la limpieza de galerías, pero no volver a arrancar carbón en la capa Z ni en ninguna otra.
El relato del informe describe una zona de trabajo plenamente preparada para la extracción, con sostenimiento reciente, vía férrea, tuberías, aire comprimido, maquinaria y un acceso reacondicionado hasta el área del siniestro. Según el informe, la adecuación del transversal del piso 3º comenzó a mediados de enero de 2025 y dio paso después a la apertura de dos chimeneas y al arranque de carbón en la capa Z. La cifra de producción estimada está entre 1.096 y 1.370 toneladas brutas hasta el 31 de marzo. Con todo ello, la inspección de Minas señala que no se trataba de una retirada marginal de restos carbonosos, sino de una explotación efectiva y sostenida durante varias semanas.
El informe da además por hecho que la empresa conocía perfectamente el límite de lo autorizado y que no cabe atribuir al titular minero desconocimiento sobre qué trabajos podían realizarse y cuáles no. Según el documento, la extracción se desarrolló tras el “escenario” que proporcionaban las labores de restauración y limpieza, de forma que la actividad ilegal quedase disimulada bajo tareas que sí tenían amparo administrativo.
“Total falta de ventilación”
El Servicio de Minas admite que el sistema observado en el transversal del piso 3º “Mangueiro” era “en principio adecuado para la ejecución de las labores autorizadas, limpieza, recuperación de materiales, etc.”, pero zanja de inmediato que “es insuficiente para las labores de arranque practicadas”. Y añade: “En el lugar del accidente el sistema de ventilación incumple no solo los requisitos reglamentarios para la ejecución de las labores de arranque realizadas, sino que se adoptan soluciones contrarias a la más elemental práctica minera”.
El propio informe enumera esas deficiencias. Explica que el aire procedente del transversal, impulsado por dos turbinas neumáticas, “no llega a la zona de trabajo”, porque el extremo final de la tubería “se queda retrasado más de 50 metros”. Añade además que una tercera turbina “no toma aire fresco” y que, por tanto, “no tendría más efecto que remover el aire, sin aporte efectivo de aire fresco para la dilución del metano”. Lo mismo ocurría con las pequeñas turbinas de 125 milímetros instaladas en las cavidades “en encerrado”, cuyo efecto, según Minas, era solo “remover el aire con un alto coeficiente de recirculación”.
La “inexistencia de un circuito de ventilación capaz de recorrer los frentes de arranque, que se avanzan ‘en encerrado’, sin una salida de retorno de la ventilación independiente de la entrada”, constituye para la Administración una infracción “directamente relacionada con la formación de atmósferas potencialmente explosivas, así como con contenidos de oxígeno por debajo de los límites reglamentarios”. En otras palabras: la mina no solo estaba mal ventilada para sacar carbón; estaba configurada de una forma que favorecía la acumulación de grisú.
El “efecto lunes”
Esa acusación se endurece aún más al llegar a la mañana del accidente. El informe recoge que “antes de la explosión de metano, se detectan incrementos positivos de metano y negativos de oxígeno, a medida que se avanza hacia la zona del accidente”, y atribuye esa situación a la “total ausencia de la ventilación, por encontrarse inactivas las turbinas instaladas en el transversal”. Minas precisa incluso que no era una parada forzada: “No se produce por falta del aire comprimido que las acciona sino porque las llaves de alimentación se encontraban cerradas”.
Tras un fin de semana de inactividad, recalca Minas," es más que probable, que los huecos ‘en encerrado’ acumulen gas metano con toda la gama de concentraciones en el aire, creciente al ascender hacia la parte alta de los huecos vaciados”.
El documento deja abierta, eso sí, una incógnita. Admite que “no se ha encontrado la causa cierta o probable que explique la fuente de energía necesaria para la ignición de la mezcla explosiva de aire-metano”, aunque recuerda que esa fuente “ha de haber existido”. Las hipótesis sobre la chispa quedan, por tanto, para la investigación judicial y pericial. Lo que la Administración da por fijado ya es el escenario previo: metano acumulado, oxígeno a la baja y ventilación inactiva.
¿Por qué las inspecciones no detectaron nada?
El informe justifica que las inspecciones previas de la administración no advirtieran la actividad. Así, señala que en la visita del 20 de septiembre de 2024, lo que se observó eran trabajos de recuperación de equipos, elementos metálicos, limpieza y acondicionamiento de accesos. Incluso precisa que Blue Solving aprovechaba residuos carbonosos y “carbón mezclado con tierras, de escasa entidad en cuanto a tonelaje, que no suponían incumplimientos sobre la actividad autorizada”.
En esas fechas, añade el informe, “el acceso al resto del yacimiento a través del transversal general se encontraba reglamentariamente inaccesible”, tanto por el estado de abandono como por las condiciones de ventilación y la imposibilidad de paso para máquinas y trenes. El propio documento reconoce además que, en una mina largo tiempo abandonada, “las labores de inspección se ven limitadas, por no tener un acceso seguro a cualquier punto de la mina, tanto por el estado del sostenimiento como, sobre todo, por la falta de ventilación”.
Además, Minas argumenta que los informes de seguimiento de las obras de restauración en el exterior y en las visitas a los pisos tercer, cuarto y sexto no se hallaron “indicios de actividad ilegal de extracción de carbón”. La explicación de fondo es que la labor clandestina habría ido tomando forma “tras el escenario” que proporcionaban los trabajos autorizados, de manera que la actividad extractiva quedase disimulada.
El vigilante que figuraba como “empresario”
Entre los incumplimientos que enumera el documento figura también la situación del trabajador fallecido que desarrollaba funciones de vigilancia y que no estaba dado de alta como empleado de la explotación. El informe señala que, tras revisar la documentación requerida a la empresa, se constató el incumplimiento de la normativa preventiva en el caso del fallecido que actuaba en “funciones de vigilante” y figuraba con categoría profesional “empresario”, “ante la ausencia de documento alguno al respecto”.
El informe recuerda que entre las funciones del vigilante estaba el reconocimiento de las labores antes del acceso de los trabajadores, la comprobación de que los tajos contaban con ventilación adecuada y la revisión especialmente cuidadosa del estado de la explotación tras los periodos de inactividad.
El documento añade que, según las declaraciones recabadas, ese trabajador accedía habitualmente antes que el resto para poner en marcha el equipo de generación, el compresor y las instalaciones de ventilación. Sin embargo, el día del accidente, los testigos que intervinieron inicialmente en el rescate declararon que las dos turbinas estaban inactivas y que fueron abiertas en ese momento.
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