La escritora asturiana Carolina Sarmiento publica nueva novela: "Hablo de voracidad y de la contradicción entre deseos de unos y necesidades de otros"
Con "Las Fronteras", en Siruela, debuta en una editorial nacional con un western distópico, thriller poético, donde la humanidad ha decidido deshabitar la Tierra

Carolina Sarmiento, ayer, en Oviedo, abrazada a su libro. / Irma Collín

Carolina Sarmiento (Oviedo, 1981) acaba de regresar a su casa en Gijón después de asistir en Madrid y de manos de Julio Llamazares al bautismo de su última novela, "Las Fronteras". Tras "Tarada" y "Vrësno", la periodista y escritora da el salto a las ligas mayores con la editorial Siruela en un western distópico donde se mezclan ruralidad, humanidad, poesía y ecología. Lo presenta este sábado 7 de marzo a las 19.00 horas en la Librería Matadero de Oviedo.
¿Qué supone editar con una editorial como Siruela?
Estoy muy contenta en Pez de Plata y hasta pasé noches de insomnio pensando en dar este salto hasta que me atreví a hablar con Jorge (Salvador). Era casi una sensación de traición, pero quería intentar encontrar una editorial mayor para tratar de alcanzar un mayor número de lectores. Su respuesta fue adelante, es tu decisión, suerte. Luego tuve la suerte de que el editor de Siruela había leído "Vrësno", lo que habla muy bien de Pez de Plata. Les escribí un viernes y el lunes me llamó. Solo tengo buenas palabras. Ha sido casi un año de trabajo profesional, artesanal, honesto, cercano.
¿De dónde sale esta idea distópica de un mundo que por acuerdo mundial va a ser deshabitado en al menos una de sus mitades?
Los libros se escriben a lo largo de los años. Me puedo remontar a un viaje a la Laponia finlandesa donde nos movíamos por parques nacionales en los que veíamos señales de "danger, do not pass". Era la frontera verde que separa Rusia de Finlandia, kilómetros de espesura salvaje con fauna salvaje para separar a dos pueblos enfrentados a lo largo de la historia. La idea de que la naturaleza puede frenar la violencia entre nosotros ya me pareció de novela. En otra ocasión escuché a un científico decir que si se redujera la población habría una posibilidad de frenar el cambio climático. También me pareció muy potente. Pero el resorte que me llevó a escribir fue un día que me desperté y horas más tarde, en un libro de fotografías, me encontré con una foto de mi sueño. De esa historia imposible de ver un caballo soñado revelado en una foto al día siguiente surgió un relato y me llevó a Finlandia y al científico.
Lo escribió sin plan preconcebido de distopías.
Escribo sin post-its y sin mirar al ordenador, para que la pantalla no me deslumbre y hacer caso a la intuición de una historia que me está siendo contada desde algún lugar. No puedo teorizar ni razonar sobre mi novela, pero sí sé que a lo largo de los años he convivido con guerras, conflictos y con el cambio climático. La distopía llegó para seducirme, te ayuda a proyectar miedos de ahora a un futuro próximo, pero no quiero hacer un alegato de nada. Sólo quería plantar un tío implacable en su misión de llevar hasta las últimas consecuencias un tratado de desocupación de la Tierra.
Una novela sin casi mujeres.
¿Y qué conclusión se saca de esa ausencia? Eso las convierte en protagonistas. Ellas huyen de un lugar donde desaparece la sociedad, deciden irse a un lugar donde hay vida y los que quedan son unos cazadores hambrientos aún de atravesar la frontera y cazar a pesar de la prohibición.
No es una novela con buenos y malos.
En las fronteras está la frontera entre el bien y el mal. En cómo aplica la ley el protagonista. ¿Es un ángel o un demonio?
Y casi sin nombres
Sólo hay uno, Aki, el sobrino del protagonista, y es la luz de la novela, la esencia de nuestra humanidad, el cariño y los cuidados. Eso es lo que nos define como especie.
Polémicas como la del lobo en Asturias tienen mucho que ver con esta novela. ¿Es consciente?
Es inevitable. "Las Fronteras" habla de la voracidad humana pero también de la contradicción entre los deseos de uno y las necesidades de otros. Recuerdo una vez que fuimos a la berrea y el guía, que era cazador, al ver a un ejemplar con una cornamenta bestial, llamó a sus colegas corriendo. Para él era un animal para abatir. Pero en la novela no entro en eso.
Su escritura es muy poética. Pero aquí hay también género negro.
Ni quiero aburrirme yo ni quien me lea. Hay una trama y hay acción. El guarda es un detective que trata de resolver el misterio de un robo. Y hay violencia de armas y violencia física entre hombres. Vi muchas películas del oeste y jugué mucho con el fuerte de Playmobil de pequeña. Quería llevar a la novela todo ese mundo violento del western. El guarda ejerce la ley como un sheriff. No quería renunciar a un hombre cabalgando a caballo y a esa literatura fronteriza que me apasiona. sea Cormac MCCarthy, Mariana Travacio o Bonnie Jo Campbell.
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