Conciliar y ganar poder: los retos de la conquista laboral a través de siete mujeres asturianas
Nadie discute que una de las grandes conquistas de las mujeres ha sido la incorporación al mundo laboral

De izquierda a derecha, Gadea Fernández, María José Menéndez, Dolores Pevida, Azahara González, Pilar Domínguez, Noemí Eiró y Laura López Varona. / .
Mariola Riera / María Terente Nicieza / Luján Palacios / David Orihuela / Demelsa Álvarez / Elena Peláez / Noé Menéndez / Carlos Tamargo
En la década de los 70 el 80% de las mujeres eran amas de casa. Y las que tenían un empleo, en su gran mayoría lo dejaban al casarse para atender el hogar, la familia... Medio siglo después nadie discute que una de las grandes conquistas de las mujeres ha sido la incorporación al mundo laboral: ser ama de casa es la excepción que confirma la regla. Pero ha tenido un coste que, al tiempo, es todo un reto: porque la mujer ha salido a trabajar pero sigue pendiente del cuidado del hogar y de los hijos. Los hombres se implican más, pero no del todo. La conciliación se resiste. Según un informe del Instituto Asturiano de la Mujer, el 37,5% de las asturianas declaran ocuparse de los hijos ellas solas; el porcentaje es 4,5 veces mayor que el de hombres. La conciliación es un reto, el paro femenino una lacra –hay más mujeres en edad laboral, pero menos que hombres activas– y la conquista de los puestos directivos es algo que hoy por hoy se antoja lejano: en esta área el 70% son hombres y el aumento del número mujeres, aunque efectivo, es lento. El tipo de ocupación que emplea a más mujeres en Asturias en la actualidad es el de trabajadoras de servicios de restauración y comercio. Científicas, profesiones liberales y administración pública (enseñanza, administrativas...) son también las ramas con mayor presencia femenina. Hay pocas agricultoras y ganaderas, pero la cifra no deja de crecer. Es la pescadilla que se muerde la cola: la mujer no renuncia a trabajar fuera de casa, pero se refugia en ocupaciones que le permiten estar cerca de sus hijos y pendiente del hogar. Ser titular de una explotación agroganadera es una.
Ésta es en líneas generales la reflexión que hacen para LA NUEVA ESPAÑA siete asturianas, con ocupaciones variadas y entre las más habituales en la región, sobre la incorporación al trabajo en 50 años de democracia coincidiendo con el 8M, una fecha para poner el ojo en las conquistas de las mujeres, pero también en sus retos, problemas y aspiraciones.
Laura López Varona, abogada
"En el Derecho la presencia de las mujeres está por encima de la de los hombres, no hay diferencia en salarios y nunca he notado discriminación entre hombres y mujeres", sostiene la abogada Laura López Varona, de Cangas de Onís. Comparte despacho con su marido, también abogado, en un modelo de colaboración donde la especialización llega con la experiencia, no con el género: "Esta confrontación que nos quieren hacer de las mujeres con los hombres no la comparto". Ejercer su oficio le permite percibir una realidad social aún presente: "Hay una carga que no soltamos que es la familiar. La mujer sigue entrando en la vida laboral con una mochila autoimpuesta, que no llevan los demás". Lo observa en divorcios o situaciones familiares complejas: "En los divorcios asumen la custodia compartida como si perdieran un activo con los hijos, cuando es al revés, adquieres una libertad. Nos falta reclamar ese espacio y ejercerlo sin culpa". Asegura que muchas de sus amigas "han llegado muy lejos profesionalmente y no han tenido que romper ningún techo de cristal." Como consejo a una joven abogada que comienza, Laura López Varona anima: "Que se ponga la toga y a luchar, que estudie, que confíe en sí misma y en el sistema. El concepto de la mujer como algo endeble y para proteger ya no existe. Yo siempre peleé en casa cuando mi madre decía los niños no tienen que hacer esto o aquello no son labores de mujeres". Y advierte de que la igualdad real no solo depende de las leyes, sino de la capacidad de cada mujer para ocupar el espacio conquistado.
Pilar Domínguez, ama de casa
Pilar Domínguez (Pola de Siero, 82 años) siempre tuvo claro que quería estudiar Medicina. Pero ya de bien joven se encontró con las trabas impuestas a las mujeres de la época. "Tenía cinco hermanos varones antes que yo, y yo quería estudiar en Valladolid, pero ellos tenían prioridad", relata. Así que se tuvo que conformar con estudiar Enfermería en Gijón, y con apenas 20 años ya fue bien consciente de que "mujeres y hombres reciben un trato diferente". Presidenta de las Amas de Casa de Pola de Siero, concejala del PP durante 9 años e hija del que fuera alcalde de Siero, Leandro Domínguez, ha hecho gala a lo largo de su vida de férreas convicciones: igualdad sin privilegios. "No me parece justo premiar a alguien por ser mujer. Defiendo la igualdad, no la diferencia", sostiene. Trabajó durante apenas unos meses en el HUCA de enfermera, porque "no había manera de ir en autobús a Oviedo", y después, como maestra en La Central, la antigua escuela de la Pola que preparaba a los Bachilleres. Fue por poco tiempo, porque cuando se casó con su marido Fernando en los años 70, tomó una decisión que marcó su trayectoria: trabajaría quien más ganara. "No había tu dinero ni mi dinero". Él, aparejador, tenía entonces mejores perspectivas y ella dejó su empleo para dedicarse a la familia. Juntos se trasladaron a destinos como Galicia o Argelia, siempre con sus dos hijos, convencidos de que el proyecto era común: "He tenido una vida maravillosa; he sido plenamente feliz". Lo que no quita para que mantenga intacto su carácter directo. Le indignan los casos de violencia machista y cree que el cambio empieza en la educación: "No se puede criar distinto a niños y niñas y esperar que luego todo sea igual".
Gadea Fernández, empresaria hostelera
Abrir un negocio propio a los 26 años requiere coraje; hacerlo en junio de 2020, en plena primera ola de la pandemia, es casi una locura. Gadea Fernández lo hizo en la calle Julián Duro, en La Felguera (Langreo) y no se arrepiente, ahora tiene su propia cafetería y pastelería. El camino no ha sido fácil, y menos aún siendo mujer. "No puedo decir cómo hubiese sido si fuese hombre pero lo que sí sé es que me ha costado mucho trabajo", dice. Tras formarse en el sector y trabajar para otros, vio en el traspaso la oportunidad de ganar su propio dinero, algo a lo que ya aspiraba desde niña, cuando vendía anillos y pulseras que ella elaboraba. "Quería valorarme por mi trabajo, sin depender de la valoración de terceros", explica. El reto de ser mujer y jefa. Ahora, con 32 años, es consciente de que la conciliación sigue siendo la gran asignatura pendiente. Para esta langreana, "formar una familia con un negocio pequeño es complicado porque quien se lleva toda la carga es la mujer. Cuando nace el niño sí que te puede ayudar tu pareja, pero el embarazo trabajando lo pasas tu". Es resumen, trabajar diez horas al día, como hace ella, y tener hijos no es la ecuación más sencilla de resolver. A este techo de cristal se suma el sesgo generacional y de género. En sus inicios, era frecuente enfrentarse al escepticismo de algunos proveedores: "¿Cómo vas a ser tú la dueña, y tan joven?". Esos comentarios, que cuestionaban su autoridad por edad y sexo, han ido desapareciendo, pero reflejan una realidad que muchas emprendedoras deben sortear para ser tomadas en serio. A sus 32 años, no se arrepiente. Su historia es un testimonio de esfuerzo y autoexigencia, un recordatorio de que detrás de cada escaparate hay una mujer lidiando con "dolores de cabeza" que el cliente no ve, pero con la satisfacción de ser la única dueña de su destino.
Dolores Pevida, profesora
Dolores Pevida se incorporó a la docencia en 1989 y fue directora de un Instituto cuando solo otra mujer ocupaba ese puesto en Asturias. Eran los años 90 y "tocaba ganar el espacio, que no era nuestro", afirma la profesora ovetense, catedrática de Secundaria, que vuelve la vista atrás y recuerda que fue "difícil", aunque no guarda en su memoria aquella experiencia como negativa. Tras iniciar su trayectoria docente en Mieres, Dolores Pevida, licenciada en Filología francesa y doctora en Lingüística Aplicada, recaló en el IES de Luces, en Colunga. Fue allí donde decidió optar a la dirección del centro, que ofertaba formación agraria y estudios de secundaria. Era un lugar "con mucha presencia masculina y se llegó a poner en duda que fuese mi sitio", señala. Aunque el ámbito educativo ya estaba entonces "feminizado", comenta la docente, "en la toma de decisiones no había muchas mujeres". Pevida tuvo que hacer frente, al llegar, a obras en el centro, que motivaron un traslado a Cangas de Onís y posteriormente a la vuelta a un edificio nuevo. Un instituto "que podía haber desaparecido" y hubo que trabajar para que no fuese así. La docente es presidenta regional y vicepresidenta nacional del Fórum Europeo de Administradores de la Educación, que trabaja para la mejora de la enseñanza. En esta organización encontró "un lugar para la reflexión" sobre el sistema educativo. Trabaja desde hace tres años en Inspección Educativa del Principado, pero antes fue docente en un aula de inmersión lingüística, en una etapa "emocionante", y directora del IES de Pando, en Oviedo. "Afortunadamente la sociedad fue evolucionando", dice, y "hay un cambio sustancial" en el ámbito educativo, con mucha presencia de mujeres, que ya eran mayoría en las aulas, en las direcciones de los centros. "La escuela tienen un papel importante para construir en igualdad, pero no se puede trabajar como una asignatura, tiene que servir de modelo", asegura.
María José Menéndez, ganadera
María José Menéndez Navia es ganadera a título principal desde hace nueve años en Noceda de Rengos (Cangas del Narcea). Está al frente de una ganadería de 150 vacas de la raza asturiana de los valles, que empezó de cero, y además tiene caballos. Pero matiza que no lo hace sola, cuenta con el apoyo de su marido José Luis Zalón, ya que pone énfasis en que en una ganadería "el trabajo es en equipo, no lo puede hacer todo uno solo". Su apuesta por la ganadería en extensivo llegó después de tener a sus hijas mellizas Carmen y Bárbara. Lo vio como la única opción para poder tener una conciliación real que le permitiese cuidarlas y estar presente. Esto supuso un cambió de vida radical para Menéndez, que es ingeniera de minas. En ese momento estaba trabajando en una empresa minera que elaboraba material para el sector y, previamente, había trabajado en diferentes minas del Suroccidente. "Estudias, te preparas, te incorporas al mercado laboral y tienes los hijos más tarde, entonces estás a tope y tienes que tirar de guardería y padres para poder criar a tus hijos, para mí eso no es conciliar, son ayudas, conciliar es poder cuidar de tus hijos", analiza. Desde su experiencia tiene claro que hay pocos trabajos que permitan una conciliación real. "Dependiendo del puesto de trabajo puedes mejorar un poco las condiciones que tienes, pero conciliar no", asevera. Sin embargo, destaca que siendo ganadera puede desayunar y comer con sus hijas, asistir a las reuniones del colegio, actividades y "siempre estás en casa". Por lo que considera que ganó con el cambio de profesión, en la que cada vez ve que hay más mujeres al frente. Ella misma lo vivió en su casa natal, en la que su madre también estuvo al frente de una pequeña ganadería.
Noemí Eiró, científica
Nacida en París en 1984, Noemí Eiró tuvo muy claro desde pequeña a qué quería dedicarse. El "boom del VIH" de la época le llamó la atención y se prometió a sí misma que encontraría una cura. "Mis padres me explicaron lo que era y con la inocencia de una niña dije que trabajaría para sacar una vacuna", recuerda. Su empeño le llevó a que sus primeras prácticas fueran enfocadas a desarrollar una vacuna para la variante de la costa marfileña del virus. "Fue un sueño cumplido". En el Centro Nacional de Biotecnología del CSIC enfocó más su carrera a la relación entre la inmunología y el cáncer. Ahora trabaja en el Hospital de Jove (Gijón) como investigadora de un equipo en el que desarrollan terapias a través de células madre para paliar diversos tipos de cánceres. Reconoce que el papel de la mujer en la ciencia ha estado oculto mucho tiempo. "En la carrera había muchas mujeres, en los laboratorios también, pero luego casi todos los jefes eran hombres", explica Eiró, aunque nota mejoría. "El panorama ha cambiado. Es un momento en el que hay que tener una visión dual/global y buscar mayor estabilidad para todos los investigadores", detalla. Como ejemplo de avance, menciona su caso. "A los pocos meses de reincorporarme de la baja de maternidad me hicieron indefinida en el hospital", recuerda. En su campo de investigación cuenta con ayudas para la concesión de becas. "En situaciones así amplían el periodo de evaluación del perfil investigador por unos meses más de los que has estado de baja", añade como muestra de que se puede compaginar vida y trabajo.
Azahara González, directora ejecutiva
"Que tú, como mujer o niña, te puedas ver reflejada en alguien es muy importante". El camino de Azahara González hasta llegar a ser directora ejecutiva de Sialtrónica, empresa avilesina especializada en la creación de pasos de peatones inteligentes, no fue sencillo. Antes de acabar la carrera de Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Oviedo se fue durante un año a Estados Unidos. Al regresar, quiso aprender sobre comercio exterior para, posteriormente, irse a vivir y trabajar a América Latina. Estuvo en la empresa de ingeniería Idom, en Bilbao, hasta que en un viaje de regreso a Asturias decidió que quería asentarse en su tierra. "He tenido la suerte de tener siempre mujeres que eran referentes. He tenido más jefas que jefes, aunque es verdad que me he movido en entornos más masculinos", señala González. Durante su estancia en el extranjero sí que notó "que el papel de la mujer estaba más relegado". Para ella, la clave para romper el techo de cristal está en que "a las mujeres con cargos de responsabilidad se les vea y ocupen espacio en las fotos". Ella se siente "una privilegiada" porque, a lo largo de su carrera, nunca ha sentido tener ese citado techo, aunque reconoce que sí hay profesiones que lo sufren. Su sector, el de la ingeniería, es uno de los que más se asocia a los hombres. "Sí que hay mujeres, pero no hay tantas que se vean. La gente tiene que acostumbrarse más a ello", sostiene. Lamenta que hay veces en las que, cuando alguien ve a una mujer en un puesto directivo, "se ponen a pensar que dónde estarán sus hijos". Su empresa "está comandada por mujeres", aunque explica que nadie se fija en el sexo de las personas que llegan. "El que vale, vale", sentencia.
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