Amelia Valcárcel recuerda los primeros años de luchas feministas en Asturias, la revolución de las “mocitas universitarias
"La igualdad estaba tan mal vista que a una socia un tipo le sopló un par de bofetadas en la calle solo por no seguirle la corriente", reseña la filósofa y referente del feminismo en España
"Que las mujeres españolas careciéramos de derechos civiles y políticos no era una de sus preocupaciones. El divorcio... Eso sí, al menos a un par, les interesaba. Pero aullaban como lobos ante la igualdad"

Pintada reivindicativa en una pared en Oviedo, en los primeros años del movimiento feminista asturiano.

"Era anárquica y operaba con la tiranía de la perfecta falta de estructuras". Amelia Valcárcel echa mano del clásico ensayo de Jo Freeman (1970) para describir los primeros y, en parte, caóticos años de la Asociación Feminista de Asturias (AFA), un colectivo que echó a andar en la región coincidiendo con la muerte de Franco y la incipiente Transición, alentado también por la instauración en 1975 del Día internacional de la Mujer, el hoy famoso, consolidado e indiscutible 8 de marzo.

POCAS FOTOS. «Habíamos acordado entre nosotras no hacernos fotos para no favorecer el... ¿personalismo?», explica Amelia Valcárcel sobre la práctica ausencia de imágenes de los primeros años de activismo feminista en Asturias. En la imagen, la filósofa, en aquella época, con el Coro Universitario. / .
AFA está de aniversario redondo: en noviembre celebrará 50 años de activismo que dan para mucho. En su puesta en marcha tuvieron que ver muchas mujeres, todas muy jóvenes, pero sobre todo rebeldes, dos condiciones casi siempre asociadas la una con la otra. Entre ellas, Valcárcel (Madrid, 1950), inquieta estudiante entonces en la Universidad de Oviedo, institución a la que quedó vinculada para siempre. La filósofa es sin duda una narradora –y protagonista– de lujo para abordar la evolución del movimiento en Asturias en estas cinco décadas de democracia.

Amelia Valcárcel en Gijón, en un acto, en la actualidad. / .
Declina Valcárcel escribir un artículo al uso, aunque sí acepta participar en un diálogo que no alcanza a ser entrevista pero que tampoco constituye unas memorias clásicas. Y así surge este reportaje, más bien una narración algo deslavazada, salpicada de recuerdos (y también de olvidos buscados), de críticas y alabanzas, de lamentos y celebraciones, que conforman el testimonio de la filósofa y catedrática, una de las referencias indiscutibles del feminismo en España, con varias obras en su haber que han devenido clásicas y siempre a tener en cuenta al hablar del movimiento en toda su amplitud, desde el académico hasta el de la calle y pancarta. Ahí siempre ha estado, está y estará Amelia Valcárcel.
Los orígenes de AFA
"Aquella asociación era una de mocitas de veinte años, por su mayor parte universitarias. Sabíamos lo justo de casi todo, o sea, de feminismo, de su tradición y de su historia... poco. Tampoco es que entonces hubiera mucho donde mirar. Pero teníamos voluntad de cambio, o, al menos, de discurso. Y además una pintora, Mabel". (El logotipo con el que aún hoy se identifica la asociación fue diseñado por la artista gijonesa Mabel Lavandera).
El funcionamiento de la asociación
"Era anárquica, y operaba con la tiranía de la perfecta falta de estructuras. Nos reuníamos en algún aula más o menos desolada de la Facultad de Letras porque, a pesar de que los problemas principales eran la falta de derechos y libertades, nuestra intuición nos avisaba de que en aquella otra facultad (la de de Derecho) teníamos poco futuro. AFA era anárquica, por lo cual se convirtió en objeto de curiosidad para los unos y de captura para los otros. Ya sabe, desviar la presión hacia la parte que menos convenga a los fines del Movimiento. Esto luego ha pasado muchas veces".
El nombre
"Decidimos ponernos un nombre y una iluminada sugirió que ‘Clara Campoamor’, si bien carecíamos de cualquier idea de lo que le debíamos a Campoamor. Digamos que acertamos a pura fortuna".
Los logros de AFA
"Tuvimos actuaciones notables: concurrimos a las elecciones dentro de Unidad Regionalista y ello tuvo su punto. Eso nos permitió asistir a reuniones de aquella llamada izquierda, que duraban hasta las cinco de la mañana, en cuartos de una sola bombilla y llenos de humo. Logramos introducir dos o tres cosas en el programa, tras mucho enfrentamiento. En verdad aquella gente no estaba por la labor. Que las mujeres españolas careciéramos de derechos civiles y políticos no era una de sus preocupaciones. El divorcio... Eso sí, al menos a un par, les interesaba. Pero aullaban como lobos ante la igualdad".
La lucha
"La igualdad estaba tan mal vista que a una de nuestras socias, Begoña López, a quien cariñosamente todo el mundo llamaba Begoñona, un tipo le sopló un par de bofetadas en plena calle sólo por no seguirle la corriente. Ni que decir tiene que salimos furiosas y lo denunciamos todavía más furiosas. Igual que nos interesamos en acabar con el delito de adulterio de alguna vecina de Oviedo cuyo cónyuge, que ya no vivía con ella sino a su aire, había decidido pedirle seis años de cárcel por haber encontrado una nueva pareja. Si el que todo estuviera por hacer diera alegría, más contento no podíamos llevar a cuestas".
La evolución
"AFA vivió mientras la dejaron. Luego pasó una larga temporada de silencio y reapareció cuando el feminismo se normalizó. Siempre tuvo un problema de entrismo, lo que significa delaciones, mal rollo, vigilancia mutua... pero todo cuanto ocurre a los veinte años brilla con luz propia".
Alguno nombres propios
"Recuerdo a Begoña, que ya no está, a Oliva Blanco, a María José del Río... De aquellos tiempos en que era imperioso aprender la democracia. Yo siempre llevé mi feminismo por mi cuenta, por la vía del estudio, el debate, la investigación. Y con enorme activismo, claro está. El feminismo de Asturias tiene una muy buena estudiosa en Carmen Suárez, que ha sido Consejera de Educación y le ha dedicado tiempo y libros".
El balance
"Concluyendo: desmontamos el delito de adulterio que no llegó a juicio; iniciamos la senda del Me Too; denunciamos la violación de una pobre chica con síndrome de Dawn por parte de unos anarquistas del pueblo... En fin, nos ganamos las simpatías feroces de alguna gente, pero hicimos nuestro trabajo. Contribuimos en la medida de lo posible a cambiar el aire irrespirable del machismo estructural".
El momento actual
"Ahora está en compás de espera, todo el feminismo, éste, el español y el internacional. Su éxito depende no sólo de las fuerzas y cabezas que alcance a reunir, sino del éxito global de las sociedades abiertas. Que no está asegurado".
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