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Carlos Paniceres desvela a LA NUEVA ESPAÑA sus planes de futuro: "Asturias está atrapada en la falta de decisión"

El actual presidente de la Cámara de Oviedo expone su decisión ante las próximas elecciones en la institución y repasa las necesidades de la región: "Echo de menos una generación de políticos dispuestos a adoptar medidas aunque tengan coste electoral"

Carlos Paniceres, presidente de la Cámara de Comercio de Oviedo.

Carlos Paniceres, presidente de la Cámara de Comercio de Oviedo. / Irma Collín

Vicente Montes

Vicente Montes

Oviedo

Aunque asegura que nada le haría más feliz que dedicarse a ver crecer los tomates en su huerta de Verdicio, cualquiera que conozca un poco a Carlos Paniceres (Priandi, Nava, 1969) sabe que tenerle quieto es más difícil que congelar la velocidad de un fotón. Tiene su propia paradoja: nadie sabe si el gato cuántico de Schrödinger está vivo o muerto; también es imposible saber si Paniceres hace o no política. Tuvo carné hace mucho, del CDS. Ahora dice que no tiene aspiraciones. O sí.

-Habrá elecciones en la Cámara de Comercio de Oviedo en mayo. ¿Qué hará usted?

-Después de pensarlo mucho he decidido volver a dar un paso adelante y presentarme de nuevo a la presidencia. Creo sinceramente que merece la pena culminar muchas de las cosas que están pendientes. Ya hemos hecho alguna ronda con empresas importantes y con distintos colectivos y la acogida ha sido positiva, sobre todo de ánimo para continuar el trabajo que se ha hecho en estos ocho años.

-¿Qué es lo que ha pesado más en esa decisión?

-La sensación de que estos ocho años han valido la pena y de que la institución está hoy en una situación radicalmente mejor que cuando la encontramos. Cogimos una Cámara con 17 empleados, con una situación financiera muy complicada y con una percepción social muy débil: mucha gente se preguntaba entonces qué hacía la Cámara o para qué servía. Ocho años después la realidad es distinta. Hoy tiene casi 50 empleados, el mayor presupuesto de su historia y, sobre todo, se ha convertido en una institución reconocida, respetada y escuchada. Ya nadie se pregunta a qué se dedica. A veces lo que se cuestiona es por qué está implicada en tantos asuntos. El problema de invisibilidad se ha superado.

-O sea, que vuelve al lío. Usted verá lo que le dicen en casa.

-Claro que hay sacrificio personal.Además conviene recordar, porque mucha gente lo desconoce, que el presidente de la Cámara no cobra. Es un ejercicio de responsabilidad social corporativa, de dedicar tiempo propio y tiempo de tu propia empresa a una labor colectiva. La Cámara no defiende a un grupo concreto, defiende el interés general de la actividad económica. Eso te lleva a meterte en muchos debates y frentes. También es verdad que robarle horas a la vida personal tiene un coste y que la exposición pública a veces es ingrata, pero la satisfacción de dejar una institución mejor de la que encontraste pesa mucho.

-Sea sincero. ¿Ha dudado o lo tenía claro desde hace tiempo?

-Lo he pensado mucho. Mis proyectos empresariales me obligan además a pasar bastante tiempo fuera de Asturias y eso te hace medir bien qué puedes asumir. Pero también es verdad que, mientras la salud acompañe y el equipo responda, y si el mundo empresarial así lo quiere, creo que hay razones para intentar un mandato más. Ha sido una reflexión muy meditada, valorando pros y contras. Esto tiene una parte gratificante, pero también otra de desgaste, críticas y tensión. En todo caso, hay algo que nadie puede negar: hoy la Cámara de Comercio de Oviedo es una referencia en Asturias.

-¿Mantendrá el tándem con José Manuel Ferrerira?

-Sí, si él quiere. Ha sido un colaborador imprescindible y muy complementario de mi forma de ser: yo soy más impulsivo; él aporta una visión más reflexiva. Esa combinación ha funcionado bien. Y no solo él: hay mucha gente del equipo, además de técnicos y funcionarios, que ha trabajado muchísimo y a la que solo puedo dar las gracias.

-La Cámara de Oviedo ha sido vista como un contrapeso frente a FADE. ¿Ha sido esa su intención?

-No. Le recuerdo que cuando llegué a la presidencia de la Cámara era vicepresidente de FADE y lo que intentábamos era reforzar la unidad empresarial y trabajar de forma complementaria. Lo que ocurrió es que la Cámara de Oviedo ganó protagonismo y visibilidad y eso generó tensiones, pero no porque quisiera sustituir a FADE, sino porque ejerció con más fuerza su personalidad institucional. Las cámaras tienen una naturaleza distinta, son entidades de derecho público, y a veces se ha simplificado ese debate como si fuera una lucha de poder. No creo que sea una lectura justa.

-¿El capítulo de la confrontación con FADE, tras las últimas elecciones en la patronal, está cerrado?

-Sí. He tenido conversaciones largas con María Calvo, la presidenta de FADE y coincidimos en la necesidad de normalizar las relaciones. Asturias necesita más unidad empresarial y más interlocución. Probablemente faltó diálogo por todas las partes. Cuando deja de haber comunicación empiezan las interpretaciones, los relatos y las sospechas. Y en Asturias hay demasiada gente dedicada a alimentar ese tipo de cosas. Por eso creo que lo importante es lo que hemos acordado ahora: si hay algo que chirría, se habla directamente.

-En las últimas semanas ha surgido la opción de una candidatura alternativa a la Cámara. ¿Eso ha pesado en su decisión?

-No. En un proceso democrático cualquiera puede presentarse. Pero quiero dejar claro que cuando apareció esa información en LANUEVAESPAÑA, la presidenta de FADE me llamó inmediatamente para decirme que ni ella ni FADE tenían nada que ver con ninguna operación para promover una candidatura alternativa. Se lo agradecí porque las relaciones institucionales deben funcionar así: si surge una duda, se descuelga el teléfono y se habla.

-De usted se dice, no sé si como virtud o como defecto, que es «demasiado político».

-No renuncio al hecho de que me gusta la política y a que creo que tengo criterio político. Nunca he pedido perdón por eso. Pero una cosa es la política partidista y otra la política civil. Los empresarios, igual que los sindicatos u otras organizaciones sociales, tienen derecho a opinar e influir en los debates públicos. A veces parece que si no estás en un partido no puedes tener criterio sobre nada, y eso no es verdad. Yo estuve en política partidista hace muchos años, pero hoy no estoy en ningún proyecto político.

-Para terminar de liarla, el alcalde de Siero, Ángel García «Cepi», lanza insinuaciones sobre crear un partido con usted presente en la misma mesa en una rueda de prensa.

-Aquello lo viví con bastante asombro. Yo acudí pensando que se hablaría de Costco o de las directrices comerciales, pero no esperaba asistir al anuncio de un supuesto proyecto político. Entendí enseguida que aquello iba a generar una bomba informativa y que me metía en un lío en el que no tenía nada que ver. La situación llegó a ser casi delirante. El momento en que decidí cortar aquello fue cuando me llamó mi madre, que tiene 84 años, para decirme: «Qué callado lo tenías, no me habías dicho que te ibas a presentar a las elecciones». Si hasta mi madre dudaba, el asunto había ido demasiado lejos.

-Y al tiempo que niega su interés en estar en política activa, mantiene abierta la puerta a estarlo en el futuro. ¿Cómo se come eso?

-No me gusta andar con medias verdades. Decir que la política no me interesa sería mentira. Me interesa y siempre me ha interesado. Pero hoy no se dan las circunstancias para dar ese paso. Estoy en mis proyectos empresariales y en la Cámara. Otra cosa es el futuro, que nadie sabe cómo viene.

-Es cierto que usted mantiene interlocución con todos los partidos. En este tiempo de trincheras políticas suena raro.

-Intento abordar los temas sin sectarismo. Si algo es bueno para Asturias me da igual de dónde venga. La Cámara ha querido ser una casa común, un lugar de puertas abiertas. Me preocupa la polarización actual porque falta diálogo. A veces discutimos sobre asuntos donde ni siquiera hay una verdadera diferencia ideológica, sino simplemente problemas que alguien tiene que resolver.

-¿En Asturias los debates se eternizan?

-Sí, y es uno de nuestros grandes males. Le diré unos cuantos asuntos que no se resuelven: el futuro de Perlora, la actuación urbanística en El Cristo, la gestión de la basura, la agrupación de sedes judiciales en Oviedo, la el área metropolitana, la conexión del puerto de El Musel… hay demasiadas cosas que se enquistan durante años. En esta región nos gusta mucho el diagnóstico, pero a veces el diagnóstico se convierte en refugio para no decidir. Por eso yo siempre vuelvo a una idea que me marcó mucho y que repetía el desaparacido Carlos de la Torre, a quien siempre echo de menos: «Hacer hacer». Menos recrearnos en el problema y más tomar decisiones. Le pondré un ejemplo. Las estaciones de esquí han estado funcionando durante 17 años con un generador. Este fin de semana activamos la conexión eléctrica y se puso fin a a años con ruidos. Lo pensaba en ese momento en que se hacía el silencio tras 17 años. Sin ruido. Eso resume muy bien lo que nos pasa. La no decisión es una decisión, y suele ser la peor. Asturias no puede estar atrapada en eso.

-La Cámara de Oviedo ha estado detrás de proyectos relevantes en esta legislatura: la Oficina Económica de Madrid, la ley de proyectos singulares, la oficina de captación de inversiones...

-Sí, creo se han impulsado instrumentos útiles. La Oficina Económica de Madrid, por ejemplo, está generando contactos, pero ahora hay que rematar y salir a buscar empresas. También la Oficina de Captación dio resultados con proyectos como Quirón o Amazon. Nada llega por casualidad: detrás hay años de trabajo silencioso. El caso de la sede del CSIC en Asturias lo resume bien: llevaba meses bloqueado entre administraciones y en la Cámara se resolvió en una semana.

-Luego está la pelea localista…

-Otro gran problema. Seguimos mirando las inversiones en clave de concejo cuando lo importante es lo que suponen para toda Asturias. El ejemplo de Amazon lo explica bien. Se quiso vender como una decisión territorial y no fue así. Fue a Siero porque era el sitio que ofrecía más rapidez y capacidad para competir con otros territorios. Olloniego no daba el tamño adecuado y Zalia iba retrasada. La realidad de lo que pasaba la sabíamos muy pocos: Fernando Lastra, José Manuel Ferreira, Adrián Barbón, Juan Cofiño y yo. Nadie más. Una inversión que llega a Asturias es buena para toda Asturias.

-Usted ha reivindicado el papel de la Cámara en la captación de Indra con la venta de El Tallerón de Duro Felguera...

-Eso ha sido muy relevante para Asturias. Primero, porque demuestra que las cosas no caen del cielo, sino que detrás hay mucho trabajo discreto, mucha coordinación e insistencia. El acuerdo sobre El Tallerón nació en la mesa octogonal de la Cámara, en colaboración con el Gobierno de Asturias, buscando posibles ubicaciones y poniendo en contacto a las empresas adecuadas. Recuerdo perfectamente cuándo empezó a hablarse de ello. Se trabajó con la Consejería de Ciencia y con Sekuens, y al final salió adelante. Y eso fue muy importante porque hablamos de un edificio sin futuro y de 180 familias que podían quedarse sin empleo. Hoy, en cambio, hay actividad, inversión y una expectativa industrial real. Y eso conecta con lo anterior. Hasta esa operación tuvo lectura localista o ideológica. Yo he llegado a escuchar que la alternativa tenía que haber sido la calderería pesada, y sinceramente me parece poco serio, porque esa alternativa no existía. Lo importante es que llegó un proyecto industrial viable, que se facilitó su aterrizaje y que se evitó que aquello acabara en decadencia. Esa debería ser la lógica.

-¿Es real la posible presencia de otras actividades de la industria de la defensa en Asturias?

-Sí. Nosotros seguimos trabajando en otras posibilidades, como contar con actividades en Barros (Langreo), porque creo que las cuencas tienen opciones. Ha habido otras ubicaciones que han estado encima de la mesa y que también han generado cierto conflico, como el suelo de Baterías en Avilés. Hay que seguir buscando proyectos que generen empleo y actividad. Lo mismo digo con otras iniciativas industriales o incluso con proyectos para centros de datos: si hay una inversió que pueda venir a Asturias, la obligación de la Cámara es facilitar que llegue. Esa es nuestra función.

-Ya que me asegura que no cuenta entrar en política en el horizonte próximo, veamos su programa ideal. ¿Qué hacemos con las necesidades energéticas de Asturias?

-Lo primero asumir la realidad: no podemos querer ser una región industrial y al mismo tiempo rechazar todas las infraestructuras energéticas. No queremos carbón, ni nucleares, ponemos reparos a la eólica, a la fotovoltaica y ahora a las baterías. Entonces, ¿de dónde sale la energía? Asturias fue exportadora y ahora tiene déficit justo cuando más la necesita. Eso obliga a decidir. Con planificación, con ordenación y con sentido común, pero decidir.

-¿Cómo abordaría el problema en la gestión de los residuos?

-Afrontando el problema de una vez. La basura no desaparece por no hablar de ella. Seguir trasladando el coste a ayuntamientos y ciudadanos no es la solución. Hay tecnologías y modelos posibles, pero hay que decidir. Es otro ejemplo de la no decisión asturiana.

-Elija: ¿Costco sí o no?

-Lo discutible es el camino elegido. Creo que se llegó tarde a actualizar unas directrices comerciales obsoletas y se buscó una vía tortuosa que puede acabar judicializada. Pero el proyecto empresarial en sí es positivo. Lo preocupante es el mensaje que Asturias lanza cuando cada gran inversión termina en conflicto.

-¿Universidades privadas sí o no?

-Sí, siempre que aporten valor. La universidad Alfonso X, que pretende instalarse en Oviedo, puede ayudar a reactivar el barrio de El Cristo, atraer talento de fuera y consolidar actividad sanitaria y académica. Eso no va contra la Universidad de Oviedo. Yo estudié en ella y creo firmemente en la universidad pública como vía de ascenso social. Pero defender la pública no significa cerrar la puerta a otras iniciativas.

-No hay manera de resolver el problema de las necesidades de la Justicia en Oviedo.

-Ese problema conviene repensarlo desde el interés general. Si existe un edificio como el de la Facultad de Minas y una necesidad como la que tiene la Justicia en Oviedo, lo lógico sería buscar esa solución intermedia que facilite, como se planteó en su día en el Consejo Social, que Minas acoja temporalmente actividad lectiva para que la Justicia pueda disponer de espacios en Llamaquique.

-¿Qué debe hacer el gobierno, el actual o el futuro, con la fiscalidad?

-Asturias debe acercarse a la media española y dejar de ser una «isla fiscal», como ha dicho el expresidente Pedro de Silva. No se trata de competir con Madrid, pero sí de evitar la deslocalización de patrimonios y directivos. El ejemplo con el impuesto de sucesiones y donaciones lo demuestra: se bajó y la recaudación mejoró.

-La vivienda es una de las principales preocupaciones ciudadanas.

-Estamos ante un problema de emergencia. Construir hoy es muy caro, faltan trabajadores, los materiales se han encarecido muchísimo y el producto final queda fuera del alcance de muchas familias. Así es muy difícil resolver el acceso a la vivienda. Por eso creo que hay que actuar en varios frentes a la vez: más suelo disponible, más agilidad administrativa, colaboración público-privada y una apuesta decidida por industrializar la construcción para contener costes y ganar eficiencia. Y luego está el alquiler, donde creo que hemos caído en una contradicción muy clara. Se aprueban normas que generan inseguridad en muchos propietarios y hacen que parte de la vivienda salga del mercado, y después se intenta crear instrumentos públicos para devolver confianza y vencer unos recelos que, precisamente, esa misma legislación ha contribuido a generar. Es decir, primero provocas el problema y luego intentas corregirlo.

-Se supone que Asturias está inmersa en la «guerra contra la burocracia». ¿Cómo vamos?

-Creo que la vamos perdiendo, aunque algo se ha hecho. Seguimos atrapados en una maraña de procedimientos que desespera a la gente y frena proyectos. No se trata de eliminar controles, sino de tener un sistema razonable y medir mucho mejor la eficiencia de las políticas públicas.

-Al gobierno que llegue en 2027, sea del color que sea, le pediría...

-Primero, dirigentes dispuestos a tomar decisiones aunque tengan coste electoral. Gobernar no puede ser vivir pendiente del ruido inmediato. Y segundo, apostar sin complejos por nuestras fortalezas: innovación, logística, industria y talento. Asturias tiene mimbres, pero necesita más ambición.

-¿Le preocupa el horizonte para Hunosa?

-Sí. Hunosa no es una empresa cualquiera. Tiene una dimensión territorial y social enorme. Lo que pasa con la térmica de La Pereda preocupa y hay que encontrar una solución. Y la SEPI debe entender que Hunosa no es una empresa más del grupo.

-El ministro Óscar Puente no nos hace mucho caso...

-Asturias necesita interlocución y respeto. Nostros hemos enviado comunicaciones conjuntas desde las cámaras y FADE, y hemos recibido silencio. El problema no lo tiene el Ministerio: lo tiene Asturias. Para mí la prioridad es la conexión del puerto de El Musel. Tenemos un puerto magnífico pero mal conectado. Yo sigo defendiendo la solución soterrada del vial de Jove para el acceso al Musel, que era técnicamente viable y estratégico..Además, se aprobó en un Consejo de Ministros. Tenemos otras actuaciones importantes pendientes de resolver: la salida hacia Ponferrada del suroccidente, la ronda de Oviedo o el peaje del Huerna.

-Seguro que en esta entrevista algún incendio ha generado...

-Puede ser, pero intento hablar siempre desde lo que creo que es el interés general. A veces acertaré y otras me equivocaré, pero no me muevo por cálculos pequeños ni por quedar bien con unos u otros. Soy así, va en el lote. Y si hay fuego, espero que al menos sirva para iluminar algún debate pendiente en Asturias. Si quisiera evitarlo, me dedicaría solo a mis negocios, a mi huerta en Verdicio, y viviría mucho más tranquilo. Pero al final siempre vuelvo a lo mismo: intentar defender lo que creo que es mejor para el interés general.

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