El MeToo del feminismo asturiano: el caso que las activistas sacaron de los despachos a las calles de Oviedo con carteles y pintadas en los lejanos años 80 del siglo pasado
El movimiento forzó en los años 80 uno de los primeros debates públicos y el posicionamiento político ante la «impudicia» y abuso de poder de tres médicos, despedidos y absueltos posteriormente por el juez, con una paciente

Feministas en una movilización en los 80, en Oviedo. / AFA

Cumple el movimiento feminista en Asturias 50 años de activismo y entre sus logros incuestionables figura haber cambiado la perspectiva social ante conductas, situaciones o hechos que antaño se asumían como normales y hoy resultan impensables.
La conquista del divorcio y la despenalización del adulterio –y el amancebamiento– para la mujer son dos de ellas, como también se ha logrado dar la vuelta de forma radical a la visión pública de los comportamientos machistas: si antaño eran silenciados o pasaban desapercibidos, hoy en día se difunden y denuncian a velocidad del rayo (a veces demasiada, todo hay que decirlo) en el afán de arropar a las víctimas y mantener a raya a los verdugos.
Hay una cosa clara: hubo que hacer mucho ruido, dar mucha guerra para lograrlo. Y eso fue lo hizo la Asociación Feminista de Asturias (AFA) en sus inicios, con muchos caballos de batalla por delante. «Sentamos el precedente del MeToo», resume la filósofa y feminista Amelia Valcárcel, que relaciona el incipiente activismo asturiano de finales de los años 70 y durante la década de los 80 con ese movimiento social de denuncia (y solidaridad y empatía) surgido hace una década en Estados Unidos, impulsado por mujeres víctimas del abuso del poder y la superioridad del hombre.
PINTADAS Y CARTELES. Hubo un caso que recuerda Valcárcel como buen ejemplo. Tuvo AFA que llenar de pintadas y carteles todo Oviedo en 1984 para llamar la atención y mostrar su indignación sobre lo ocurrido en el antiguo Hospital General de Asturias, cuya dirección despidió de forma fulminante a tres médicos (uno de plantilla y dos MIR) por haber entrado de madrugada en la habitación de una paciente y comportarse de manera inapropiada. El monumental enfado de las feministas se debió a la sentencia que declaró improcedente su despido al considerar no probados los hechos.
«ABUSO DE PODER». «Fue insólito, un abuso de poder de toda regla, una falta de deontología médica total, un escarnio, algo intolerable, una gamberrada monumental...», describe a LA NUEVA ESPAÑA Juan Luis Rodríguez-Vigil, que como Consejero de Sanidad tuvo que lidiar con lo ocurrido. Y también con las feministas. Porque la asociación no se calló y tenía su propia visión de los hechos. «Tres indecentes habían obligado a una paciente a diversas acciones para burla e impudicia. So pretexto de examen entraron en la habitación y casi mejor no lo cuento... El caso es que nuestro gobierno regional parecía no querer tomar medidas», recuerda Amelia Valcárcel.
MECANISMOS. El Principado sí que había tomado medidas y, como recalca Rodríguez-Vigil, los mecanismos funcionaron «a la perfección, porque había un departamento de enfermería muy profesional» en el antiguo hospital. «Una enfermera descubrió a los médicos en la habitación, se puso como una fiera y los expulsó. A las 8 de la mañana, en el informe del cambio de turno, quedó hecha la denuncia, que llegó a manos de la enfermera jefe. Media hora después la tenía el gerente en su mesa y sobre las diez me llamó para informarme. La propuesta estaba clara y no dudamos: sancionarlos mediante el despido. Así se hizo».
RECURSO. La cuestión es que los médicos recurrieron y ganaron. Según la sentencia de la Magistratura de Trabajo número 2 de Oviedo, no estaban probadas ninguna de las acusaciones que se les imputaba y se declararon improcedentes los tres despidos. Fue ponente, según recoge la crónica de «El País» del 28 de junio de 1984, el magistrado Tomás Maíllo, quien explica a este periódico que no recuerda el caso, aunque reseña: «La sentencia debió de ser correcta, pues parece que ni parte demandante ni demandada recurrió».
EL FALLO. Se dio la opción de readmitir a los médicos o indemnizarlos con algo más de 190.000 de las antiguas pesetas.«La sentencia fue disparatada», opina Rodríguez-Vigil. «Era intolerable lo que habían hecho, y por supuesto los despedimos», explica el entonces consejero, quien optó por no recurrir. De aquella alegó las escasas posibilidades que había de ganar.
LA MOVILIZACIÓN. Precisamente fue esto lo que colmó la paciencia de las feministas en Asturias, según recogió «El País»: «La única opinión contraria a la resolución del magistrado fue expresada, el mismo 15 de junio, por la Asociación Feminista Asturiana (AFA), que a través de un comunicado expresaba su ‘desacuerdo’, a la vez que pedía a la Consejería de Sanidad que recurriera el fallo y no readmitiera a los despedidos. Según la AFA, ‘este juicio y esta sentencia ponen de manifiesto que existe un menosprecio por lo que debería constituir el fondo del asunto: la agresión a una mujer, tratando, en cambio, de hacer prevalecer la opinión de las jerarquías y preservar su buen nombre. Las agresiones a las mujeres, un hecho tan cotidiano que hasta tiene cabida en un hospital público, parece no ser motivo suficiente que obligue a tomar las medidas que de raíz corten este tipo de conductas’».
LA ACCIÓN. Fue la de AFA la única reacción pública y contundente en la Asturias de la época. Y fue Juan Luis Rodríguez-Vigil el blanco de las feministas, como él mismo y Amelia Valcárcel recuerdan. Describe ésta última con humor mordaz: «Nuestro gobierno regional parecía no dispuesto a hacer nada, así que nos fuimos a ver al Consejero, pero con un plan. Había que poner aquellos desgraciados, médicos en prácticas, por lo menos en la calle. El Consejero daba largas. Fuimos a su despacho, esperamos. El plan era hacerle lo que estos guarros habían hecho a una paciente hospitalaria, preocupada, sola y aterrada. Tenemos la impresión de que (el consejero) se descolgó por la ventana. Nunca pudimos dar con él. Aunque temíamos por la salud de nuestra dentadura, estábamos completamente decididas a parar aquello del modo más expedito. Tras pasar cinco horas en el antedespacho y comprobar que se había esfumado... Levantamos el campo».
«SENTIDO DE LA PROPORCIONALIDAD». Juan Luis Rodríguez-Vigil rebatió entonces y rebate actualmente la postura de las feministas: «No sé qué querían, que los sacrificáramos en la plaza pública tal vez... Era deleznable, una mamarrachada lo que habían hecho aquellos tres. Se habían saltado toda norma de decoro, deontológica… Pero no la habían violado como se ponía en los carteles por todo Oviedo, eso era mentira. Bajo mi punto de vista había que actuar con sentido de la proporcionalidad a sus hechos. Los despedimos, tuvieron su merecido y castigo. Pero no era justo destrozarles la vida ni la carrera por lo que habían hecho. Por su parte, la mujer no quiso saber nada, optó por quedar al margen de todo».
A GOLPE DE «TUIT». Defiende Rodríguez-Vigil que actuó entonces como actuaría ahora. Admite, no obstante, que el comportamiento de la opinión pública ha variado. Pedro de Silva, entonces Presidente del Principado, no recuerda el caso. «Mi memoria no da para tanto», explica a LA NUEVA ESPAÑA. «Me parece oportuno utilizar este grave asunto para resaltar el cambio de contexto social, cultural e institucional en las más de 4 décadas transcurridas», añade De Silva. La comunidad que le tocó pilotar aquellos años estuvo marcada por una profunda crisis industrial y la reconversión de la minería y el naval. La economía dominaba la agenda en la Asturias de mediados de los años 80, que lo tenía todo por hacer en una democracia aún en pañales y estrenando el estatuto de autonomía. Era difícil que un caso como el del hospital llegara al despacho presidencial. Es ese otro síntoma de cómo ha cambiado la perspectiva, no solo social, sino también política de casos como el citado: entonces eran considerados secundarios, mientras que en la actualidad pocos dirigentes se resisten a reaccionar rápidamente y sobre la marcha a golpe de «tuit» incluso para, como poco, mostrar su apoyo a las víctimas.
EL SILENCIO. Según «El País», fueron las feministas las únicas que alzaron la voz en junio de 1984 y Rodríguez-Vigil el único que dio la cara. Sindicatos, colegio de médicos, profesionales en general o la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública en Asturiasmantuvieron «el más absoluto silencio». Incluso hubo una huelga de médicos secundada por casi la mitad de la plantilla en defensa de los tres compañeros. «No lo recuerdo así, hubo algún amago, pero no creo que fuera más allá…», apunta Rodríguez-Vigil.
EL BALANCE. Más de 40 años después, Amelia Valcárcel tiene claro y está convencida de que en su día hicieron lo que tenían que hacer: «Sentamos el precedente del MeToo. Y creemos que nunca se repitieron sucesos similares».
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