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Iván Rodríguez, 42 años y ganadero en Salas: "Con el cártel de la leche nos robaron; mi padre no pudo ver ganada la demanda, pero yo sí lo lograré"

El profesional asturiano es uno de los 1.500 que han presentado demanda en la región contra los precios pactados entre 200 y 2013: "Si alguien lo hizo mal con el sector fue la industria, no nosotros"

Iván Rodríguez, ganadero en Salas.

Iván Rodríguez, ganadero en Salas. / LNE

Mariola Riera

Mariola Riera

Oviedo

Pese a todo el sufrimiento, no se arrepiente de haberse puesto al frente de la ganadería familiar Iván Rodríguez García. Tiene 42 años y regenta una explotación que ya fundó su abuelo –de los primeros de Asturias que vendieron a Central Lechera Asturiana, recuerda– en Otero (Salas). Allí cría, entre madres y novillas, 114 vacas. Es uno de los alrededor de 1.500 ganaderos asturianos que han reclamado por el denominado "cártel de la leche", que entre los años 2000 y 2013 fijó mediante un "acuerdo ilegal" –según han concluido los tribunales– los precios y condiciones de las entregas, causando un perjuicio a los productores que algunos tribunales están cifrando ya en un 10 por ciento de la facturación.

"Mi padre se murió en 2020 con 61 años y no pudo ver ganada la demanda del cártel, pero yo sí espero verla. Es de justicia", resume. "Tengo malos recuerdos de los primeros años, lo que se trabajaba no llegaba para pagar nada. Me acuerdo que se había invertido en maquinaria y estaba todo carísimo", describe.

Indemnización

La ganadería de los Rodríguez vendía al año de aquella unos 300.000 litros año, cantidad que ahora supera con creces (al día salen de su explotación unos 2.500 litros). "Calculo que me tendría que pagar ahora unos 120.000 euros. Es dinero que nos robaron. No dudo en reclamar, lo que pasa que hay gente que tiene miedo por represalias o porque dicen que es tirar piedras contra nuestro propio tejado. Yo lo que digo es que si alguien lo hizo mal con el sector fue la industria, no nosotros", dice.

El oficio de ganadero lo aprendió desde la cuna. "Esto son 365 días y muchas noches al año. No hay nada que lo pague. Mis padres no tuvieron nunca vacaciones. Las primeras fueron en 2019: los mandé quince días a Benalmádena. Yo tuve años difíciles, de pensar que había hecho mal por quedarme en la ganadería cuando ves que lo que trabajas no te llega. Ahora afortunadamente la leche se paga de forma justa y esperemos que así siga".

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