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Mónica F. Prada, directora de Adansi: "Las personas autistas que no necesitan apoyos no han de tener un diagnóstico de TEA"

"Solo se puede diagnosticar TEA cuando el desarrollo en la interacción social, la comunicación y la flexibilidad genera una limitación real y la persona necesita ayuda"

Mónica Fernández Prada, psicóloga y directora de Adansi.

Mónica Fernández Prada, psicóloga y directora de Adansi. / LNE

Pablo Álvarez

Pablo Álvarez

Oviedo

Mónica Fernández Prada (Mieres, 1968) es psicóloga especializada en autismo y directora de Adansi (Asociación de personas con Autismo “Niños del silencio”). Esta entidad asturiana, con instalaciones en Gijón, Oviedo y Corvera, agrupa a familiares de personas con trastorno del espectro autista (TEA). En el momento actual, da cobertura a alrededor de 1.000 personas con autismo, desde bebés hasta adultos, y con necesidades muy diferentes que abarcan todo el espectro del autismo (afectados con grandes necesidades de apoyo, otros con necesidades moderadas y otros que necesitan apoyos puntuales). El próximo 2 de abril se celebra el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Ante esta efeméride, Mónica Fernández aclara conceptos y criterios en torno a un tipo de cuadros que reclaman empatía del conjunto de la sociedad.

¿Qué es el autismo?

El autismo es un tipo de desarrollo neurológico que hace que las personas se relacionen, se comuniquen y entiendan el mundo de una manera particular. También se caracteriza por una forma de pensamiento y de comportamiento inflexible. Por ejemplo, pueden mostrar resistencia a los cambios, intereses muy intensos y específicos, y la presencia de rituales o rutinas, entre otras características.

¿El autismo es siempre un trastorno?

Según los actuales manuales de clasificación (DSM-5 y CIE-11), el autismo se considera un trastorno cuando esa forma de funcionar limita a la persona y requiere de apoyos. Dependiendo de la cantidad de ayuda que necesite, se establecen tres niveles: TEA 1, TEA 2 o TEA 3, de menor a mayor necesidad de apoyo.

Entonces, ¿ya no se diferencia entre trastorno autista y trastorno asperger?

No. En los manuales anteriores, ambos estaban dentro de una categoría llamada “Trastornos generalizados del desarrollo”, que hacía referencia a las alteraciones en el desarrollo social y comunicativo y a la inflexibilidad. La diferencia entre ambos diagnósticos se basaba en otros criterios, como si había existido o no retraso en el desarrollo del lenguaje durante la infancia.

Se ha dicho que las personas con asperger tenían más inteligencia que las personas con autismo. ¿Eso es así?

No necesariamente. Según los criterios del DSM-IV, vigente en España hasta 2013, y la CIE-10 hasta 2022, el trastorno autista no estaba asociado a ningún nivel concreto de inteligencia: podía existir o no discapacidad intelectual. En el caso del trastorno asperger, sí se exigía que la inteligencia estuviera dentro de la normalidad o por encima. Cuando una persona tenía dificultades en el área social y comunicativa, y presentaba inflexibilidad conductual y/o de pensamiento, y obtenía resultados normales en una prueba de inteligencia, el único criterio que permitía diferenciar entre autismo y asperger era el desarrollo del lenguaje durante la infancia.

 ¿Por qué en los nuevos manuales ya no se hace esa distinción y se habla solo de TEA?

Por dos razones principales. La primera es que las alteraciones en la interacción social, la comunicación y la flexibilidad eran las mismas en ambos diagnósticos. Sin embargo, la diferenciación entre trastorno autista y trastorno asperger se hacía usando criterios que no definían el autismo en sí, como la inteligencia o el desarrollo formal del lenguaje.

¿Y la segunda razón?

Se comprobó que las categorías cerradas no eran funcionales. Las personas no siempre encajaban de forma rígida en los criterios, y además evolucionaban con el tiempo. Por ejemplo, podía pasar que algunas personas con diagnóstico inicial de trastorno autista evolucionaran muy favorablemente y acabaran necesitando menos apoyos que otras diagnosticadas de asperger.

 ¿El hecho de que ahora se hable de “espectro” explica el aumento de diagnósticos?

No, en absoluto. Solo se puede diagnosticar TEA cuando ese desarrollo en la interacción social, la comunicación y la flexibilidad genera una limitación real y la persona necesita ayuda. Antes también entraban todas ellas en la categoría de trastorno generalizado del desarrollo. Las personas autistas que no necesitan apoyos no tendrían diagnóstico de TEA. Ahora bien, cuando esa forma de funcionar sí genera dificultades, el diagnóstico es fundamental, porque la persona va a necesitar apoyos muy específicos y especializados.

Entonces, ¿el autismo no siempre es un trastorno?  

Exactamente. El autismo es un tipo de desarrollo neurológico diferente, inherente a la persona, y que va a estar presente a lo largo de toda su vida. Pero no siempre genera necesidades. Hay personas autistas que no precisan ayuda y, por tanto, no tienen diagnóstico de TEA. Hay otras que van a necesitar ayuda siempre. Y hay otras que van a requerirlas en determinadas etapas de sus vidas o puntualmente.

En los últimos años se están utilizando nuevos términos para evitar asociar automáticamente el autismo con un trastorno.

Muchas personas autistas, profesionales y entidades prefieren hablar del autismo como una “condición”. De hecho, la Real Academia Nacional de Medicina de España, en un manifiesto publicado en abril de 2025, recomienda utilizar el término “condición del espectro del autismo” para referirse al conjunto de las personas autistas y reservar el término “TEA”  únicamente para quienes necesitan algún tipo de apoyo. Personalmente, me gusta hablar de autismo en general y utilizar el diagnóstico de TEA cuando es necesario.

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