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Ramiro Lomba, economista y director del Sadei: "En estos momentos, la única opción de Asturias para mantener la población es la inmigración"

"El sistema de pensiones solo es sostenible desde la solidaridad territorial y por eso duele cualquier intento de romper la caja única"

"No hay una única política para el reto demográfico, es una combinación de muchas políticas ligadas al territorio, a cuestiones como rejuvenecer la población o asumir que son necesarias las migraciones, pero siempre con una base: que haya actividad económica que permita desarrollar esas políticas"

Ramiro Lomba, director del Sadei.

Ramiro Lomba, director del Sadei. / Mario Canteli / LNE

Oviedo

Ramiro Lomba Monjardín (Tineo, 1962) tiene una visión muy analítica de la evolución de Asturias en las últimas cuatro décadas, las mismas que lleva al frente de la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei). Considera que en estos momentos sostener la población asturiana por encima del millón de habitantes es imposible sin los inmigrantes y advierte, además, que su mano de obra va a ser más que necesaria. Los datos lo confirman: solo 18 concejos en Asturias tienen menos de tres mayores de 65 años por cada menor de 15.

-¿Está produciéndose un cambio de ciclo demográfico en Asturias?

-Ser del Occidente me posibilita una respuesta galaica a un tema que es muy complejo. Si hablamos de revertir el envejecimiento, no. No hay un cambio de ciclo porque seguimos teniendo un envejecimiento muy acusado. Si hablamos de crecer en población, entonces sí estamos ante un cambio de ciclo. Está pasando algo parecido a lo que pasó en la primera década de este siglo. Entre 2000 y 2009, Asturias mantuvo la población, o creció incluso algunos años, en base a llegadas de inmigrantes.

-¿Se puede sostener una sociedad en base a los inmigrantes que vienen?

-En estos momentos es la única opción para mantener la población. Nosotros tenemos un territorio donde nacen 4.500 niños al año y donde se mueren 13.000 personas. Y eso es matemáticas. Con la tasa de fecundidad de las mujeres y con la tasa de envejecimiento de la población asturiana es lo que va a pasar. Por tanto, perdemos 8.500 personas cada año por la vida vegetativa. Si somos capaces de incorporar más de 9.000 personas al año por la vía del saldo migratorio, pues entonces mantendremos o creceremos en población.

-Por lo tanto, la natalidad sigue siendo un problema.

-No ha dejado de serlo. Nuestras tasas de fecundidad son de las más bajas de España. Algo se ha mejorado con la llegada de la inmigración porque suelen ser colectivos más jóvenes, además con tasas de fecundidad bastante más elevadas en sus lugares de procedencia que aquí. Tampoco es que sea una solución definitiva. Pero lo relevante es que el colectivo de mujeres en edad fértil cada año es un poco más pequeño. En los años 80-90 podían nacer 15.000-16.000 niños al año y ahora solamente nacen 5.000. Y esto no tiene visos de una solución a corto plazo.

-¿Qué concejos situaría como ejemplos del cambio demográfico?

-Hay dos escalas. En términos absolutos, Oviedo y Gijón concentran el 63% de la población inmigrante. Oviedo, desde 2022, que es cuando realmente empieza este movimiento, ha crecido tanto como toda Asturias. En términos absolutos Oviedo crece un 4%, que es a mucha distancia del segundo. Y luego hay concejos que no tienen esa dimensión, pero que pesan mucho. Es el caso de Cabranes o Vegadeo, que se acercan al 10% de su población de origen extranjero.

-¿Hay ya en Asturias concejos que superen los 10 mayores de 65 años por cada niño?

-Ya tenemos al menos cinco concejos que tienen más de 10 personas mayores de 65 años por cada niño menor de 15. Es el caso de Illano, Yernes y Tameza, Grandas de Salime, Ibias y Pesoz. Pero hay otra media docena que están ahí, que están entre 8 y 9 por cada niño. En realidad, solo 18 concejos en Asturias tienen menos de tres mayores por cada niño. Los menos envejecidos son, en concreto, Llanera, Noreña y Siero. Y esto nos lleva a una reflexión, viendo quiénes son unos y quiénes son otros, que es que la geografía explica muchas cosas.

-¿Qué previsiones hay de envejecimiento en la región?

-Nosotros hacemos alguna previsión, pero no las hacemos públicas. Las hay que sí lo son, como las del INE. En ellas se apunta que Asturias tendrá sobre 970.000 habitantes en el 2039, pero yo creo que son previsiones que hay que revisar teniendo cuenta el escenario más reciente y la llegada de inmigrantes. Somos un territorio suficientemente pequeño como para que cualquier alteración pueda cambiar el signo ese del millón más o millón menos. La inmigración, por lo general, se mueve en función de la actividad económica. Nosotros no tenemos capacidad con nuestra demografía para resolver el problema de la sustitución en el mercado laboral. Por tanto, vamos a necesitar mano de obra; ya lo están detectando las empresas en múltiples sectores.

-En ese escenario, ¿el sistema de pensiones es sostenible?

-Solo desde el punto de vista de la solidaridad territorial. Por eso duele cualquier intento de romper la caja única. Si el sistema de pensiones dependiese de cada uno de los territorios, nuestro sistema de pensiones estaría quebrado. Muy pocas regiones podrían tener resuelto ese problema. Yo defiendo a ultranza el sistema de pensiones y que en Asturias haya una pensión mayor que en otros sitios, porque aquí hubo grandes empresas y altos niveles de cotización. Pero claro, sin la perspectiva de la solidaridad interterritorial es muy difícil la cohesión del país. Por eso yo soy bastante beligerante con las posturas de los nacionalistas que solo miran un momento determinado de la historia, porque la historia es muy larga.

-El envejecimiento conlleva un incremento de los servicios sociales y del gasto público. ¿Asumible?

-Las comunidades autónomas, particularmente en el noroeste de España, tenemos un problema de envejecimiento acusado, de ultraenvejecimiento, y eso conlleva más gasto en servicios sociales. Además, hay un cambio de hábitos de vida que va a hacer que este problema sea mayor que en el pasado. Antes, la familia jugaba un papel determinado de protección. Ahora, en buena medida, fiamos mucho más al ámbito de los servicios públicos. Además, las familias ya no son de tres generaciones conviviendo, de cuatro o cinco hijos en cada generación, sino que estamos en otra situación.

-Estos problemas se empiezan a dar ya en las residencias de mayores o con la dependencia.

-No soy experto en el tema y no me siento muy capacitado para opinar. He visto estos días en la prensa que el Principado va a poner dos residencias nuevas y otras medidas para crecer en más de setecientas plazas; pero, insisto, no es un tema en el que yo tenga un conocimiento profundo.

-¿Está Asturias aprovechando la “silver economy”, pensada para gente de 50-55 años?

-En parte sí. Seguramente no lo suficiente, pero tampoco sabría decirte dónde están los nichos de negocio. Es evidente que tenemos una cierta calidad de vida y un clima agradable que ha beneficiado al turismo. La gente ya no solo se mueve por sol y playa, sino que busca otras alternativas. Nosotros somos un destino muy atractivo en ese sentido.

-Dice el Principado que Asturias es atractiva para emprender, ¿lo confirman los datos?

-Los saldos de creación de empresas están siendo positivos. En cualquier caso, son estadísticas en las que hay que hacer un análisis más profundo. Un ejemplo. Si desaparece una empresa de 100 trabajadores, son portadas en los periódicos y hay manifestaciones. Si desaparecen 100 ganaderías, son invisibles absolutamente, nadie lo sabe. Al revés pasa un poco lo mismo. No solo nos bastan las cifras de que vienen empresas, hay que ver la calidad y cuáles. Hay proyectos que están llegando a la región, pero en paralelo están desapareciendo mucho comercio tradicional, mucho autónomo... Es un cambio social que es difícil de medir a través de una simple estadística.

-¿Es la fiscalidad un obstáculo para los inversores?

-Sin entrar en cuestiones ideológicas, en las que cada uno puede pensar lo que quiera, la fiscalidad para las empresas, en general, y exceptuando País Vasco y Navarra, es la misma en todo el país en cuanto a impuestos de sociedades y demás se refiere. Por tanto, no es la variable que más afecta a las empresas cuando deciden tomar decisiones de inversión. Pesa más la burocracia, los tiempos. También si hay disponibilidad de recursos humanos y naturales. Yo recuerdo cuando vinieron DuPont y otras empresas. La razón última no eran las subvenciones, que se las daban en cualquier sitio, era precisamente la disponibilidad de recursos naturales y la mano de obra colectiva.

-Si fuera su responsabilidad, ¿qué políticas pondría en marcha en materia de natalidad, inmigración y envejecimiento?

-Creo que el área de reto demográfico está haciendo un gran análisis. Marcos Niño tiene un perfil muy adecuado porque combina el impulso de una dirección de nueva creación con una experiencia como alcalde en un ámbito rural. Pero no hay una única política. Es una combinación de muchas políticas ligadas al territorio. Ligadas a cuestiones como rejuvenecer la población o asumir que son necesarias las migraciones, pero siempre con una base: que haya actividad económica que permita desarrollar esas políticas.

-¿Piensa en la jubilación al frente del Sadei?

-Ando en edades próximas, ¿no? En cualquier caso, vivo el día a día. He empezado una vida profesional trabajando un aspecto muy concreto, muy centrado, a lo mejor, en la coyuntura económica, y con el paso del tiempo vas descubriendo que hay muchas cosas importantes. Por ejemplo, ahora los temas de vivienda y de demografía me parecen capitales.

-¿Cómo ve el futuro del Sadei?

-Hay gente muy válida; el Sadei no soy solo yo. No voy a ser un obstáculo, es evidente. Yo quiero lo mejor para la casa. Voy a defender siempre su papel como fuente de información y de neutralidad. El Sadei es un organismo útil para el Gobierno, pero también para el resto de grupos de la Cámara.

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