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Los presuntos asesinos de “El Panameño”, en Llanera, se niegan a declarar ante el juez

Se les investiga por asesinato y organización criminal

Un furgón de la Guardia Civil, con los detenidos, entrando enlos juzgados de Oviedo

Un furgón de la Guardia Civil, con los detenidos, entrando enlos juzgados de Oviedo / LNE

Luis Ángel Vega

Luis Ángel Vega

Los dos primeros investigados por el asesinato de Emiliano Burke, “El Panameño”, que han pasado este viernes, en Oviedo, ante el magistrado del caso, Eduardo José González Martín-Montalvo, se han negado a declarar. Se trata de Rigoberto J. D., residente en la plaza de los Cuatro Caños de La Corredoria, y de José Antonio D. Ch., residente en la localidad barcelonesa de Llinars de Vallés, quienes se imputan los delitos de asesinato y organización criminal.

El primero, defendido por el letrado Ricardo Arribas, habría sido la persona que dejó un localizador en el coche de Emiliano “El Panameño”, lo que permitió seguir sus pasos. El barcelonés, defendido por José Miguel Méndez, habría acompañado al sicario Elías G. G., que ejecutó materialmente el crimen de Lugo de Llanera, y que está ahora encarcelado en Francia.

Se trata de uno de los responsables de la red de drogas para la que habría trabajado el panameño, y a la que habría sustraído 14 kilos de cocaína. El otro jefe del grupo es José Enrique G. S., residente en Gijón, en cuya vivienda se hallaron 34 kilos de hachís, defendido por Javier Busto. Este detenido pasará a disposición del juez en breve, junto a Luis Aníbal J., amigo personal de la víctima y quien habría facilitado la información crucial para su asesinato.

De hecho, Luis Aníbal quedó el día del crimen con Emiliano y otro amigo en un local de Lugo de Llanera, y les propuso ir a tomar algo a Oviedo. Salió en su coche delante del vehículo del panameño, e incluso dio la vuelta ante su tardanza. Fue en ese momento cuando el panameño se dio cuenta de que había pinchado. Detuvo el coche y eso fue aprovechado por el sicario para descerrajarle cinco tiros.

Burke había huido a Cádiz ante las amenazas de muerte para que entregara el dinero de 14 kilos de cocaína. Regresó para testificar en un juicio de tráfico de su hijo. Pero no se escondió. Se le pudo ver en Gijón paseando con su mujer y en también en Oviedo y Lugones. Su relajación fue mortal.

Los intereses de la familia de Emiliano Burke los representa el letrado Fernando Barutell, que ha pedido el ingreso en prisión de los dos primeros implicados que han pasado a disposición del juez.

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