Las costuras pendientes para vertebrar Asturias: radiografía de las carreteras retrasadas y pendientes en la región
La región acumula demoras de décadas en varias obras necesarias para mejorar la movilidad en las carreteras, siendo el Suroccidente la zona más castigada, con un colosal argayo en Salas que cumple cinco años | Barbón considera "inaceptables" los retrasos

Una imagen del argayo de Casazorrina (Salas), originado en abril de 2021. / FERNANDO RODRÍGUEZ
"Son inaceptables". Ese fue el adjetivo elegido por Alejandro Calvo, consejero de Movilidad, Medio Ambiente y Gestión de Emergencias del Principado, para describir los retrasos acumulados en varias obras estatales en el ámbito de las carreteras de Asturias. El dirigente socialista, en una crítica directa al Ministerio de Transportes, puso el foco en la "falta de explicaciones" del Gobierno central sobre proyectos que llevan años —en algunos casos décadas— encallados.
Las palabras de Calvo no son una salida de tono puntual, sino que abrieron un debate estructural pendiente en Asturias: el de la vertebración territorial a través de la red viaria. Una cuestión especialmente sensible en una comunidad marcada por su orografía, con comarcas aisladas y con una dependencia elevada del vehículo privado. Pese a que Asturias ha logrado avances notables en otras áreas —como la llegada de la alta velocidad ferroviaria o la consolidación de cerca de 30 destinos directos desde el aeropuerto—, la red de carreteras sigue presentando cuellos de botella históricos. Especialmente en las alas occidental y oriental, donde la sensación de abandono institucional se ha convertido en un discurso recurrente entre vecinos, colectivos y ayuntamientos.
Muchos de los proyectos clave dependen directamente del Estado, lo que limita la capacidad de actuación del Ejecutivo autonómico que preside Adrián Barbón (PSOE e IU), que se ve obligado a ejercer presión política sin poder ejecutar directamente las obras. Otros, sin embargo, sí son de competencia autonómica, lo que añade una capa adicional de responsabilidad compartida en una red que, en su conjunto, sigue sin dar respuesta a las necesidades actuales en varias zonas.
La eterna autovía del Suroccidente
Si hay una infraestructura que simboliza el retraso crónico en Asturias es la autovía del Suroccidente (A-63). Su culminación, desde Oviedo hasta La Espina, lleva más de dos décadas sobre la mesa, atravesando distintas fases, anuncios y paralizaciones, sin que todavía exista un calendario claro para su finalización. Se trata de un eje fundamental para concejos como Grado, Salas, Tineo, Cangas del Narcea, Allande o Degaña, que ven cómo su conexión con el centro de la región continúa dependiendo en gran medida de carreteras convencionales. La autovía permitiría no solo reducir tiempos de desplazamiento, indican los vecinos, sino también mejorar la seguridad y favorecer el desarrollo económico de una de las zonas más castigadas por la despoblación.
En estos momentos, el principal escollo es el tramo entre Grado y La Espina, aún sin concluir. Más allá, queda en el aire la posible prolongación hacia Ponferrada, una idea que en su día se planteó como una conexión estratégica con Castilla y León, pero que hoy muchos vecinos consideran ya poco realista.
Uno de los puntos críticos es el argayo de Casazorrina, a la altura de Salas. Este desprendimiento de tierras, producido en abril de 2021, sigue condicionando el avance de las obras casi cinco años después. Aunque actualmente hay presencia de operarios en la zona, la sensación general es de estancamiento.

Por la izquierda, Fernando Álvarez, María Isabel Rodríguez y Javier Martínez, miembros de la Plataforma del Suroccidente, con el argayo al fondo. | / FERNANDO RODRÍGUEZ
"No hay ningún avance, nada de nada; no sabemos plazos y nadie nos explica nada", denuncia María Isabel Rodríguez, fundadora de la Plataforma del Suroccidente. "Como esto siga así, acabará habiendo maleza en los tramos ya ejecutados", añade, reflejando el hartazgo de una población que ve cómo los proyectos se eternizan.
La falta de esta infraestructura tiene consecuencias directas: mantiene la presión sobre la AS-15, el conocido corredor del Narcea, una carretera autonómica considerada entre las más peligrosas de la región. Esta depende del Principado. "Da miedo, la gente tiene miedo a ir por ahí", resume Rodríguez. Aunque reconoce mejoras recientes en algunas vías autonómicas, insiste en que la situación general sigue siendo preocupante.
El corredor del Navia: mejoras, pero a ritmo lento
Otra de las arterias clave en el occidente asturiano es la AS-12, que conecta Navia con el Alto del Acebo a lo largo de 82 kilómetros, atravesando concejos como Coaña, Boal, Illano, Pesoz y Grandas de Salime. Se trata de la principal vía de comunicación hacia el interior en esta zona, enlazando con la Autovía del Cantábrico.
Durante años, las quejas sobre el estado del pavimento han sido constantes: baches, firme deteriorado y trazados poco adaptados al tráfico actual. En este caso, al tratarse de una vía de titularidad autonómica, el Principado sí ha comenzado a actuar.
Actualmente está en marcha una obra de mejora integral entre Boal y Doiras, con una longitud de más de ocho kilómetros y una inversión superior a los 10 millones de euros. El proyecto, con un plazo de ejecución de 30 meses, incluye actuaciones de gran calado.
Entre ellas, destaca "la modificación del trazado para mejorar radios de giro, lo que permitirá incrementar la visibilidad y la seguridad". También se contempla la construcción de un viaducto de 136 metros sobre el arroyo Muñón, así como la remodelación de la intersección con las carreteras AS-35 y BO-2 en San Llouguís.
Además, la intervención prevé la ejecución de un nuevo firme en todo el tramo, la optimización de los sistemas de drenaje, la renovación completa de la señalización y la restauración ambiental de taludes mediante revegetación con especies autóctonas.
Pese a ello, las críticas no han desaparecido. "Que se inicien estos trabajos está bien, pero hay otros tramos pendientes y esto va al paso de la tortuga", señala Miguel Mojardín, presidente de la Sociedad de Amigos de Boal. "Tememos que lo que se haga ahora quede en nada si no se continúa con el resto de la vía", advierte.
La vulnerabilidad de la carretera quedó patente hace apenas unas semanas, cuando un argayo en Pesoz obligó a cortar el tráfico durante una semana. Aunque la circulación ya ha sido restablecida, el episodio evidenció la fragilidad de una infraestructura clave.
Tramo entre Lieres y Arriondas
En el oriente asturiano, uno de los puntos más conflictivos se encuentra en la N-634, una carretera de titularidad estatal que recorre el norte peninsular desde San Sebastián hasta Santiago de Compostela. A su paso por Asturias, presenta varios tramos saturados, especialmente entre Lieres y Arriondas, donde la vía mantiene una única calzada.
Este tramo, de unos 35 kilómetros, afecta directamente a concejos como Siero, Nava, Piloña y Parres, y soporta una elevada intensidad de tráfico, tanto local como turístico. Las retenciones y la siniestralidad han sido durante años motivo de preocupación. El Principado lleva tiempo reclamando mejoras en este corredor, pero las soluciones han ido variando con el paso de los años sin llegar a materializarse. Uno de los proyectos más recurrentes ha sido el llamado túnel del Fitu, una alternativa planteada inicialmente en 1997 por Izquierda Unida de Parres y retomada posteriormente por el PSOE.
Este proyecto contemplaba la construcción de un túnel de 1,8 kilómetros, acompañado de una vía de alta capacidad de unos 12 kilómetros, como alternativa a la autovía del Sella, otra infraestructura que tampoco llegó a ejecutarse.
En 2007, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aseguraba estar realizando estudios de impacto ambiental y trazado, y en 2009 llegó a anunciar una inversión de 200 millones de euros. Sin embargo, el proyecto nunca pasó de la fase teórica.
Desde entonces, el túnel del Fitu ha reaparecido cíclicamente en el debate político, especialmente en periodos electorales, sin avances reales.
El peaje del Huerna: el gran conflicto político
Si hay una reivindicación que genera consenso casi unánime en Asturias es la eliminación del peaje del Huerna (AP-66). Esta autopista es la principal vía de alta capacidad que conecta la región con la Meseta, lo que la convierte en un elemento estratégico. El coste del peaje, que alcanza los 16,20 euros, es el más alto de su historia. El Principado basa su reclamación en la posición de la Comisión Europea, que considera irregular la ampliación de la concesión realizada en el año 2000 por el Gobierno de José María Aznar. Este proceso ha derivado en un expediente abierto en Bruselas que podría acabar en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. De llegar a esa ventanilla, la supresión es una posibilidad.
Sin embargo, los plazos son inciertos. Mientras tanto, el Ministerio de Transportes, dirigido por Óscar Puente, ha rechazado de momento eliminar el peaje, lo que ha provocado choques políticos entre el Gobierno central y el autonómico, ambos del mismo signo político.
Otras actuaciones pendientes
Más allá de los grandes ejes, Asturias acumula otras demandas en materia de carreteras. Entre ellas, destaca el desdoblamiento del tramo Lloreda-Veriña de la GJ-10, una infraestructura clave para el área industrial de Gijón, o diversas actuaciones de mejora del firme en la Autovía del Cantábrico (A-8), especialmente en su tramo oriental.
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