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¿Qué es el edadismo y cuál es su impacto en la población?

Frente a algunas tendencias despectivas, llegar a viejo debe ser un motivo de satisfacción, y no de tristeza o desilusión

Una pareja de ancianos en un parque de Barcelona junto a su perro.

Una pareja de ancianos en un parque de Barcelona junto a su perro. / David Zorrakino - Europa Press

Joaquín García Suárez

Joaquín García Suárez

Joaquín García Suárez es psicólogo y es el autor de este artículo

El edadismo es, con diferencia, la discriminación más devastadora del planeta y, sin embargo, la más extendida, tolerada e incluso interiorizada.

Todos vemos y oímos en medios de comunicación que uno de los mayores problemas a los que se enfrentan las sociedades modernas es el envejecimiento de población y la inversión de la pirámide de población. Tal vez no nos demos cuenta de que esta aseveración es, en sí misma, una manifestación de edadismo.

Qué es

¿Qué entendemos por "edadismo"? El significado es el de una discriminación con motivo de la edad. Además, carga de connotaciones negativas a un grupo determinado de población, en este caso los adultos mayores. Esto produce un impacto negativo en los sujetos afectados, tanto en la autoestima como en la propia imagen personal, ambos fundamentales tanto para la salud como para las relaciones sociales, como el papel en la familia o el entorno ambiental del día a día.

Por poner un ejemplo, imaginemos una persona, un adulto mayor; parece encontrarse mal, dolorido, cansado, inapetente y apagado. El impacto negativo del edadismo generalizado puede propiciar que el sujeto estime que son cosas de la edad, achaques de los años, digamos fatiga de materiales. Es, por supuesto, una hipótesis y, por supuesto, no es bueno para nada alarmarse por cualquier síntoma que nos afecte. Por lo tanto, volviendo a nuestro sujeto, víctima de la muralla de expresiones e imágenes negativas del envejecimiento, dilata en el tiempo su consulta con un especialista y el diagnostico adecuado, provocando así un agravamiento de los síntomas y, en el peor de los casos, haciendo más difícil el abordaje terapéutico.

Cuáles son los peligros

En el caso de esta discriminación, una de las peores cosas es que está tan generalizada que se normalizan, actitudes, expresiones o imágenes que tienden a menoscabarlos intereses de este grupo de población. Llega a tal punto que se constituyó un grupo de presión social, "El derecho a no ser un desecho", cuando se hizo público que, en los grandes centros de datos para las campañas comerciales a este grupo de edad, a los mayores se les trataba como desechos.

Me explico, no se trata de considerarlos basura, sino de apartarlos por no ser comercialmente atractivos. A medida que vamos sumando años, nuestras capacidades, deseos o recursos cambian, pero lo que no debe de cambiar es nuestro derecho a tener nuestros propios intereses, la forma en que entendemos la amistad, la familia y todo en nuestra vida cotidiana.

Estos nuevos criterios de salud no deben ser una barrera, sino una invitación a los autocuidados, a mimarse. En definitiva, fuimos niños y salió bien; fuimos jóvenes y también; y adultos, y funcionó. Podemos asumir el estado de adulto mayor o viejo con la misma fuerza e ilusión, porque si antes lo hicimos bien o nos salió bien, ahora aceptamos barreras y desafíos en nuestro día a día. Como reza el dicho, no se trata de llenar la vida de años, se trata de llenar los años de vida.

Las soluciones

No hace mucho, me entró la noticia de una señora en Japón que seguía trabajando todos los días en su huerto, Haru Asato, de 98 años. El alpinista Carlos Soria coronó una montaña de 8.000 metros. Científicos, artistas, profesionales... siguen con sus logros, pequeños y grandes, con edades avanzadas. Pienso que ya es hora de cambiar esta visión negativa de la vejez y el envejecimiento como un problema, un declive o una tragedia personal.

Desde la gerontología general se ha propuesto un modelo de intervención para adultos mayores que se conoce como atención centrada en la persona (ACP). Se basa en considerar los intereses de los sujetos tomando como referencia el desarrollo particular de su vida, y no una caricatura estadística de cómo debería ser.

Como reflexión final, hay que decir que los prejuicios y la discriminación son difíciles de eliminar, pero sí que podemos ser testimonio de lo diferente. Esas expresiones del tipo "ya no estás para eso", "no tienes edad para…", "estás viejuno", "¿qué se puede esperar con tus años?" y un largo etcétera no deben hacernos mella. Que no nos resten energías y que, dentro de nuestras posibilidades y recursos reales, afrontemos los retos de la vida diaria y el bienestar personal con ilusión y lo mejor de nosotros mismos en cada momento.

Digan lo que digan, no hay que olvidar que cada uno de nosotros, con sus circunstancias, es una joya irrepetible, un ser único en el mundo. Debe ser un motivo de satisfacción llegar a viejo, seguir cumpliendo años con salud, estar feliz... Un motivo de satisfacción y no de tristeza o desilusión, porque, como dice la gran gerontóloga Rocío Fernandez-Ballesteros, "envejecer es vivir y vivir es envejecer".

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