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David Uclés, premio Nadal de Novela 2026: "Más que incomodar al lector, me preocupa emocionarlo; ponerle en la piel de otros personajes, provocarle una diatriba personal respecto a un tema, removerlo…"

"La paz mundial es algo que solamente reivindican las Misses; es una utopía. Me veo más reivindicando un mundo mejor que se acerque a esa paz mundial soñada, que es imposible"

David Uclés, en la Casa Batlló, de Barcelona.

David Uclés, en la Casa Batlló, de Barcelona. / Pau Gracia

María José Iglesias

María José Iglesias

David Uclés (Úbeda,Jaén, 1990),  ha ganado la 82º edición del Premio Nadal de Novela 2026 con "La ciudad de las Luces Muertas", y el miércoles, 1 de abril, a las 19.00 horas, el Club LA NUEVA ESPAÑA, junto con Librería Matadero 1 y Tribuna Ciudadana, le recibirán en el Auditorio de Oviedo. Su obra ambientada en la Barcelona de posguerra, es una "carta de amor" a la ciudad que narra una historia distópica de 24 horas sin luz tras un apagón, destacando el realismo mágico y el homenaje a Carmen Laforet. En esta conversación, Uclés reflexiona sobre esa “lucha constante contra el caos” que define la condición humana. Barcelona, ciudad que admira profundamente, emerge como un símbolo de luces que persisten más allá de su origen. Herederos de voces como la de Carlos Ruiz Zafón, sus textos transitan entre lo real y lo imaginado. El autor reivindica el poder emocional del arte como herramienta para comprender al otro. Lejos de grandes discursos abstractos, defiende el cambio desde lo local y lo cercano. Su proceso creativo, marcado por la inmersión histórica, revela una mirada obsesiva y comprometida. Uclés no escribe para complacer, sino para interpelar, conmover y remover conciencias. Con "La ciudad de las Luces Muertas", confirma una voz literaria que no teme mirar de frente a la oscuridad.

¿Entramos en una era de luces muertas, o llevamos tiempo en ella sin habernos dado cuenta?

Bueno, la humanidad finalmente es una continua lucha contra la oscuridad, una lucha además perdida porque acaba como acaba. Acaba en la muerte, entonces siempre estamos en una constante lucha por mantenernos, por no desaparecer como individuos y también como sociedades. En este caso yo analizo ambas realidades en la novela. La desaparición del individuo, de su memoria, de sus recuerdos y la fragilidad de las sociedades ante otros entes políticos, sociológicos, naturales. Y cómo puede sobrevivir, entonces siempre estamos en una continua lucha contra el caos y la oscuridad. Ahora políticamente quizá un poquillo más, pero socialmente siempre hemos tenido esa lucha.

Admira a Zafón y adora Barcelona…¿si tuviera definir la ciudad en una frase?

pues ¿qué voy a decir? Barcelona es la ciudad de las luces muertas. Es esa ciudad que está iluminada por astros cuyos cuerpos celestes ya no existen pero su luz todavía sigue llegándonos. 

También siente veneración por Carmen Laforet, la protagonista de su libro...

Carmen Laforet es la figura central de la novela. Su vida es un paralelismo con la historia que cuento en el libro. Es una de las figuras de la literatura que más han hecho por dar a conocer Barcelona, con la novela "Nada", una radiografía impecable de un momento de la ciudad. Era fundamental para mi que fuese la protagonista.

El título es el primer impacto. ¿Por qué luces muertas? 

Para mí, esos intelectuales y artistas que ya no viven en Barcelona todavía nos siguen emitiendo su luz.

¿Cree en la función social del arte?

Sí, no es que crea, es que existe, no hace falta creer, es una realidad que existe. Y me afecta y veo cómo afecta al resto y tiene una función imprescindible, muy importante, para emocionar al otro y ponerlo en el papel o en la situación de otras personas en circunstancias incómodas o inhumanas a veces. 

¿Y en el poder de lo cercano?

Sí, creo mucho en la política local, de hecho creo solo en la política local, la estatal me parece tan kafkiana y burocrática que no tiene mucho mi confianza, pero sí la local, los cambios han de hacerse a nivel local, como mínimo. 

Durante 7 años sólo vio pelis sobre la Guerra Civil…¿Por qué?

Pues porque cualquier material que consumiera sobre la guerra civil, ya fuera literatura o cine, me ayudaba de una manera consciente e inconsciente a recrear toda la historia de la guerra civil que intenté narrar en “La Península de las Casas Vacías”.

¿Se ve reivindicando la paz mundial en una ceremonia cultural o su activismo es algo más sofisticado?

No, la paz mundial es algo que solamente reivindican las Misses, hay muchos gifs sobre eso, sobre Misses, (risas). Miss Bogotá o Miss no sé qué,  diciendo que desea la paz mundial, la paz mundial es una utopía, no me veo reivindicando la paz mundial de manera literal, sí me veo reivindicando un mundo mejor que se acerque a esa paz mundial soñada que es imposible, claro. Me veo simplemente señalando aquellos problemas que afectan sobre todo a mi sociedad porque creo mucho en el cambio desde lo local. Principalmente me veo hablando de literatura  y esa es mi función mayor, hablar del mundo que nos rodea y criticarlo pero desde la literatura. 

Ahora que tiene legitimidad institucional, ¿Le preocupa volverse previsible o complaciente?

No me preocupa en absoluto que me vean de una manera u otra a mí, me da igual, lo van a hacer, independientemente de cómo me muestren. Lo que sí que me preocupa y trabajo por ello es la visión que tiene el público de mis novelas, pero de mí me da igual, la verdad. Yo pasaré, pero los libros quedarán y esa es mi fijación. 

¿Le interesa incomodar de verdad al lector o, en el fondo, escribe para ser aceptado y reconocido?

No escribo para ser aceptado y reconocido, eso lo tengo claro. Tengo muy presente la condición caduca del ser humano y me preocupa bastante poco mi lugar en la sociedad, nunca me preocupa y me sigue sin preocupar. Más que incomodar al lector, me preocupa emocionarlo, ponerle en la piel de otros personajes, provocarle una diatriba personal respecto a un tema, removerlo… eso sí, pero no únicamente mediante la incomodidad, también mediante la reflexión apaciguada. 

 Si su obra dejara de venderse mañana, ¿seguiría escribiendo lo mismo o descubriríamos otro David Uclés completamente distinto?

Hombre, si mi obra deja de venderse completamente, pues seguiría intentándolo con otras novelas y si no hay manera y se deja de leer, pues sí, me dedicaría a otra cosa, claro. No tiene sentido escribir sin lectores, para mí no lo tiene. Esa es mi respuesta a esa pregunta tan catastrofista.

¿Es el escritor que siempre quiso ser? 

No me pienso tanto como escritor. Pienso en mis textos, pero no a mí mismo como escritor. No hay ningún momento en el que yo me siente y diga  «oye, voy a hacer tal o cual, en este estilo, en el otro, en realismo mágico». No, escribo como me apetece y luego pues ya que los críticos se encarguen de meterme en un cajón o en otro, ¿no?  Pero es la obra que quise que fuera, más que el escritor que quise ser. 

¿Cómo debe acercarse el lector a este libro? 

Con curiosidad literaria. Curiosidad hacia la ciudad de Barcelona, por supuesto, pero también hacia todos aquellos intelectuales que moldearon la ciudad de Barcelona. Es una novela en el sentido un poco metaliteraria y que juega mucho con la biografía de diversos autores que vivieron en la ciudad. Y, bueno, también es una gran alegoría al realismo mágico.

El Nadal es exquisitez literaria…

Estoy muy feliz de haberlo ganado con esta novela. Creo que es una novela muy nadalesca, si se puede decir el adjetivo, y ha sido un honor poder hacerme con él, con este libro.

Dígame, por favor, un verso de Miguel Hernández que le haga levitar…

 “Pintada, no vacía, pintada está mi casa del color de las pasiones y de gracia”. 

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