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Mario Suárez Porras

Mario Suárez Porras

Profesor del colegio de las Dominicas en Oviedo y presidente de la Asociación de Fotógrafos de Naturaleza de Asturias (AFONAS).

Objetivo natural: Parada y fonda del zarapito trinador en Gijón

Los riesgos del adelanto de la migración prenupcial de las aves limícolas

Tres zarapitos trinadores, en el pedrero del Piles, en Gijón.

Tres zarapitos trinadores, en el pedrero del Piles, en Gijón. / Mario Suárez Porras

Acaba de empezar la primavera y ya comienza a apreciarse cierto movimiento de migración prenupcial de aves limícolas en nuestras costas cantábricas. Entre las especies observadas se encuentran algunos zarapitos trinadores ("Numenius phaeopus"), chorlitejos chicos ("Charadrius dubius"), un macho de combatiente ("Calidris pugnax"), un chorlito gris ("Pluvialis squatarola"), un chorlito dorado europeo ("Pluvialis apricaria)" y una pareja de archibebes comunes ("Tringa totanus"), todos ellos avistados en la costa central asturiana.

Llevo más de veinte años fotografiando limícolas y, en todo este tiempo, hay dos aspectos que me han llamado especialmente la atención. Por un lado, la disminución en el número de ejemplares migrantes y, por otro, el adelanto cada vez más evidente de la migración prenupcial en el norte de España, especialmente en la Cornisa Cantábrica y en humedales del interior, así como cambios en los patrones de invernada.

Sin duda, ambos fenómenos están relacionados con el cambio climático. El aumento de las temperaturas globales está alterando los ciclos biológicos (fenología) de estas especies, obligándolas a ajustar sus desplazamientos para sincronizarse con la disponibilidad de alimento y las condiciones óptimas de reproducción.

Muchas de estas aves realizan paradas durante su migración en nuestras costas cantábricas, incluso en zonas muy urbanizadas como la bahía de Gijón. Es el caso de los tres zarapitos trinadores que aparecen en la fotografía que acompaña este artículo, tomada hace unas primaveras en el pedrero del Piles, con las luces de la ciudad al fondo. Este tipo de imágenes, que podríamos denominar "hombre y naturaleza", donde se combinan la luz artificial y la natural, me resultan especialmente atractivas y siempre que se dan las condiciones intento captarlas. Tengo varias fotografías de este estilo cuyos protagonistas suelen ser agujas colipintas ("Limosa lapponica") o zarapitos trinadores, como los que ya empiezan a sobrevolar nuestros cielos rumbo a sus áreas de cría en el norte de Europa. Algunas de estas tomas, casi nocturnas, me han dado diversas satisfacciones en concursos internacionales. En concreto, la imagen de hoy recibió una mención de honor en Montphoto y fue finalista el año pasado en la exposición del Festival de las Aves de Francia.

Preocupa especialmente el descenso en el número de aves limícolas observadas durante la migración y el adelanto de sus fechas, ambos fenómenos vinculados al calentamiento global.

Se observa un claro adelanto en la reproducción. En regiones como el Ártico, el deshielo prematuro ha provocado que estas aves adelanten la puesta de sus huevos para que el nacimiento de los polluelos coincida con el pico de abundancia de insectos.

Esto conlleva un riesgo de desajuste ecológico: si las aves llegan demasiado pronto o demasiado tarde debido a señales climáticas erróneas, pueden encontrarse con una escasez de alimento si el ciclo de las plantas o de los insectos de los que dependen no ha variado al mismo ritmo.

Este fenómeno convierte a las limícolas en valiosos bioindicadores. Su comportamiento permite a científicos y organizaciones como SEO/BirdLife medir el impacto real del cambio climático en los ecosistemas. Los estudios han demostrado que el momento de la migración está estrechamente ligado a la temperatura: al registrarse primaveras más cálidas, las aves inician antes su viaje hacia el norte. De hecho, ya se han documentado variaciones significativas en las fechas de llegada y partida, con diferencias de hasta quince días en algunas regiones respecto a registros históricos.

En pocos días comenzará de forma más evidente la migración primaveral en nuestras costas cantábricas, ese momento en el que las aves hacen una pausa para descansar y alimentarse antes de continuar su largo viaje hacia las zonas de cría. Sería deseable que pudieran hacerlo en condiciones favorables, como durante siglos, y que sigamos teniendo la oportunidad de contemplar este espectáculo natural.

Sin embargo, la realidad invita a la preocupación: cada año son menos, y cada año llegan antes, como si algo se estuviera resquebrajando en ese equilibrio que siempre dimos por hecho.

Y, sobre todo, que no tengamos que seguir escribiendo despedidas como la de un pariente cercano del protagonista de este artículo, el zarapito picofino ("Numenius tenuirostris"), declarado extinguido hace justo un año por la comunidad científica. Su desaparición, la segunda de una especie en Europa en lo que va de siglo, no es solo una cifra: es un silencio más en nuestros cielos y en nuestras costas, un recordatorio de que lo que hoy aún vuela sobre nosotros podría dejar de hacerlo.

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