El legado del Tallerón y las incógnitas de Barros y Oviedo tras la salida de Escribano
Dudas sobre los otros dos proyectos de Indra en la región

Un vehículo blindado 8x8 "Dragón" en el Tallerón de Indra, en Gijón.

El último gran acto organizado por Ángel Escribano como presidente de Indra tuvo lugar en Oviedo. Fue en la soleada mañana del pasado 17 de marzo, en la fábrica de armas de La Vega. Allí, junto a los principales dirigentes políticos y empresariales de Asturias (salvo el presidente del Principado, Adrián Barbón), Escribano reunió a más de 300 compañías del norte de España para convencerlas de sumarse a la ambiciosa estrategia industrial de la multinacional. Una estrategia que tenía en Asturias su eje neurálgico gracias a la fábrica de vehículos militares construida en el antiguo Tallerón de Duro Felguera, en Gijón.
Mientras el acto de La Vega tenía lugar (y en el que se anunció que la compañía abriría en la ciudad un centro de I+D ubicado en ese mismo histórico recinto fabril), un nuevo rumor que ya se había desatado semanas atrás volvió a infiltrarse en los corrillos de los asistentes: el Gobierno, dueño del 28% de la empresa a través de la SEPI, pedía la cabeza del ejecutivo madrileño. La empresa, sin negar esa intención gubernamental, no se pronunció oficialmente. Pasaron los días y, aunque la SEPI fue explícita en su deseo de que Escribano se apartara, parecía que este ganaba el pulso a Moncloa. Pero ayer se confirmó que no. Se abre ahora una incógnita: ¿qué pasará con las inversiones de Asturias (las que están haciéndose y las pendientes) en las que el ejecutivo se había implicado muy personalmente?
El empresario y directivo ya había puesto el ojo en la región nada más llegar a la cúpula de Indra a comienzos de 2025. Concretamente, lo había fijado sobre la fábrica de blindados de Santa Bárbara Sistemas en Trubia (Oviedo). En una entrevista con LA NUEVA ESPAÑA el 9 de marzo, Escribano anunció su deseo de comprar la factoría a la filial de la estadounidense General Dynamics European Land Systems (GDLES), histórica proveedora de los blindados del Ejército español. Sin embargo, GDELS (presidida por el ovetense Antonio Bueno) rechazó la oferta.

Recinto de Duro Felguera en Barros (Langreo). | JUAN PLAZA
Así que Indra optó por hacer la guerra por su cuenta, pero sin abandonar Asturias. Unos días después, durante una comparecencia en el Congreso de los Diputados, Escribano anunció que compraría el Tallerón. Lo acabaría haciendo en julio por 3,6 millones de euros, e integrando a los 150 operarios de Duro en una nueva factoría de blindados en la que Indra aspira a renovar las fuerzas terrestres españolas. Además, la empresa de defensa quiere ubicar allí a los trabajadores de su centro de sistemas aéreos, también en Gijón. En total, Indra quiere que en el recinto esté trabajando un millar de personas en el plazo de un año. La inversión para adecuar las instalaciones ronda los 50 millones de euros.
En todo ese proceso Ángel Escribano ha trabajado muy estrechamente con su hermano Javier, presidente de EM&E, que también explora implantar centros productivos en Asturias. Los Escribano trazaron su estrategia en la región con la previsión de que las dos compañías se acabaran fusionando, que es precisamente lo que ha desatado la intervención gubernamental que ha desembocado en la salida de Ángel de su cargo. Abortada esa integración, se desconoce si los planes inversores de Indra y EM&E seguirán tan acompasados como hasta ahora.

Instalación cultural en una nave de la fábrica de La Vega, en Oviedo. | MIKI LÓPEZ
Otro elemento común en todas estas operaciones y prospecciones ha sido la SEPI, accionista de Indra y prestamista de Duro Felguera, en cuyo consejo se sientan dos representantes. Por eso tampoco es casual que uno de los terrenos que Indra analiza para establecer una segunda fábrica sea el taller de Duro en Barros (Langreo). No obstante, ambas partes discrepan sobre el precio: Indra calculaba unos 10 millones y la empresa asturiana de ingeniería, tal como reveló este periódico, pide no menos de 16. De ahí los recientes mensajes del presidente de la Cámara de Comercio de Oviedo, Carlos Paniceres (uno de los principales interlocutores que ha tenido Escribano en Asturias) a que Duro sea "generosa" y recuerde la "deuda moral" que tiene con los contribuyentes asturianos, que sufragaron los 6 millones de euros que el Principado prestó en 2021 a la compañía, y que esta no prevé devolver.
Y también, volviendo al inicio de este texto, está en el aire el centro de I+D que, tal como anunció la secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, Indra quiere establecer en Oviedo. El propio Escribano ha visitado el recinto de La Vega para sondear localizaciones. Pero ya el 17 de marzo, cuando Indra realizó allí su foro empresarial, desde el Ayuntamiento ovetense se mostraban inquietos por el futuro del proyecto si Moncloa lograba doblar el brazo a Escribano. Lo que sucedió ayer.
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