¿Continuará la "nueva" Indra su apuesta por Asturias? Todos los actores del sector de la defensa que genera esperanza y dudas
La reformada cúpula de la empresa deberá abordar los planes trazados por Escribano

La defensa asturiana en la "nueva" Indra / LNE

Tarde o temprano, los nuevos máximos responsables de Indra –el presidente, Ángel Simón; y el consejero delegado y primer ejecutivo, José Vicente de los Mozos– visitarán Asturias para palpar sobre el terreno la evolución de los proyectos de la compañía en la región. Cuando tenga lugar la visita, se sabrá (quizá no el público general, pero sí los dirigentes locales) si en esta inaugurada etapa Indra continuará la apuesta por Asturias que mantuvo Ángel Escribano durante su año de mandato. No obstante, en el mapa asturiano del sector hay más actores con honda presencia y amplia trayectoria histórica.
Lo primero que quiso hacer Escribano al llegar al cargo fue comprar Santa Bárbara Sistemas, filial de la estadounidense General Dynamics con un planta de blindados en Trubia (Oviedo), ubicada en la centenaria fábrica de armas de la villa cañonera. La compañía, perteneciente al Estado hasta su venta al gigante norteamericano en 2001, es una histórica proveedora del Ejército de Tierra español. La factoría trubieca da empleo a unas 800 personas (sumando subcontratas y proveedores) y tiene afianzadas relaciones comerciales con destacadas compañías asturianas como, por ejemplo, el fabricante industrial Asturfeito.
No obstante, su último gran encargo –el suministro de 998 blindados 8x8 "Dragón", con los primeros 348 previstos para entregarse en 2028– ha causado una notable controversia por su retraso y por las acusaciones cruzadas entre las empresas implicadas para atribuir las responsabilidades.
Esas compañías conforman el consorcio Tess Defence, creado específicamente para llevar a cabo ese programa, y son las siguientes: Indra (que tiene el poder al poseer el 51% de su capital), Santa Bárbara, la vasca Sapa Placencia y Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), la empresa familiar de los hermanos Escribano. Una de las paradojas del complejo sector de la defensa es que hay compañías enfrentadas en algunos programas mientras son aliadas en otros.
Es exactamente lo que les sucede a Indra y Santa Bárbara. Son socias dentro de Tess para fabricar los 8x8, pero están enemistadas en lo relativo al contrato de los obuses autopropulsados a cadenas y ruedas, que el Gobierno ha adjudicado por más de 7.200 millones de euros a la unión temporal de empresas (UTE) formada por Indra y EM&E. Ambas firmas prevén producir los 536 vehículos en la nueva fábrica que la primera ha construido en el Tallerón de Gijón.
No obstante, Santa Bárbara ha recurrido esa adjudicación ante el Tribunal Supremo, que de momento no la ha suspendido cautelarmente. De forma paralela, el Ministerio de Defensa tiene hasta el próximo día 22 para pronunciarse sobre el recurso de alzada (la vía administrativa) presentado por la misma cuestión. De este proceso depende que el Tallerón se convierta o no en la nueva fábrica de referencia de las fuerzas armadas españolas.
Con todo, Indra no sólo cree que su plan seguirá adelante, sino que la capacidad de la planta gijonesa no será suficiente para satisfacer los encargos del Gobierno. Por eso está en busca de terrenos en Asturias para una segunda factoría, y ha considerado el recinto que tiene Duro Felguera en Barros (Langreo), pero existen diferencias de precio entre las partes. Indra también necesita suelo para una pista de pruebas (más grande que la que ya está hecha en el Tallerón) para ensayar con los blindados.
En Trubia, además del de Santa Bárbara, hay otro enclave del sector: la planta de munición de la alemana Rheinmetall, con unos 300 empleados. El nombre de esta empresa ha sonado como interesada en adquirir EM&E una vez que se ha abortado la fusión de esta con Indra, pero fuentes del sector consideran que se trata de un movimiento más especulativo y táctico que con base real.
De fondo, existe un debate en ámbitos empresariales y políticos asturianos sobre si la defensa es la nueva esperanza de la industria de la región en un momento en que la siderurgia pasa por momentos difíciles y la transición ecológica está siendo más lenta de lo que se había estimado hace unos años, con elementos otrora prometedores y hoy encallados, como el hidrógeno verde. Otras voces, más escépticas, sostienen que la defensa podrá jugar su papel, pero que no será ni el nuevo carbón ni el nuevo acero, y que todos los planes trazados hasta la fecha en Asturias están demasiado atados a la agenda del actual Gobierno español.
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