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Jesús Sanz Montes carga en Valladolid contra "la inmoralidad a chorros de los vendedores de moralina"

El arzobispo de Oviedo denuncia el "bronco paisaje" político durante su alocución del Viernes Santo y señala a los "mandamases que roban a mansalva"

Jesús Sanz Montes, durante el sermón.

Jesús Sanz Montes, durante el sermón. / | AYUNTAMIENTO DE VALLADOLID

Agencias

Valladolid

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, protagonizó este Viernes Santo el tradicional Sermón de las Siete Palabras, en la Plaza Mayor de Valladolid, un acto en el que no dejó pasar la oportunidad de hacer una contundente lectura política de la situación nacional. Montes reivindicó el "drama de la libertad" frente a lo que ha denominado como "verborrea cínica" y las situaciones de "corrupción" que, a su juicio, marcan la actualidad social y política. Denunció la "inmoralidad a chorros" de "los vendedores de moralina" y señaló a los "mandamases que roban a mansalva".

En una soleada mañana primaveral, el prelado subrayó que las Siete Palabras constituyen la "apretada síntesis de una donación sin igual" y ha lamentado que, en la actualidad, la sociedad se encuentre a menudo "secuestrada" por palabras vacías y "pretensiones inconfesables".

Defendió el arzobispo de Oviedo la relevancia de este sermón, iniciado en la ciudad en 1943, como un eco que responde a las "contradicción sórdida" de la humanidad, y denunció que se miente "a mansalva" para salvar "prebendas y gobernanzas".

En este marco, criticó a quienes roban con "codicia pendenciera", abusan de los inocentes o relativizan la verdad mediante la "post-verdad" y ha asegurando que la oración de Jesús sigue pidiendo un perdón que "allana" las "altiveces".

Al referirse a la figura del "Buen Ladrón", San Dimas, el prelado ha destacado que éste logró "robar honestamente a Dios" el paraíso a través de un acto de fe y un examen de conciencia. En este punto, ha instado a los fieles a no dejarse distraer por "corrupciones diversas" y a mirar hacia los "santos de la puerta de al lado", personas sencillas que viven el Evangelio en sus circunstancias cotidianas.

El prelado ha dedicado una parte del epílogo a denunciar el "bronco paisaje" que ha rodeado esta Semana Santa cuando la corrupción se "maquilla hasta lo obsceno", las mentiras se "normalizan como forma de gobernanza", la "inmoralidad sale a chorros" entre los "vendedores de moralina" y se observa la "irresponsabilidad de los mandamases que roban a mansalva". Frente a este panorama, ha propuesto el "abrazo sereno y libre" de la fe y la caridad como única vía para asomarse a la realidad desde la mirada de Dios.

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