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El periodismo llora a su último gigante, el asturiano Diego Carcedo, reportero en Vietnam, corresponsal en Nueva York y directivo en RTVE

El periodista cangués fallece en su domilicilo en Madrid a los 86 años

Diego Carcedo, en una imagen de archivo, durante una visita a Asturias en 2005.

Diego Carcedo, en una imagen de archivo, durante una visita a Asturias en 2005. / Ricardo Solís

Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

Del pequeño pueblo de Sobrecueva, muy cerca de Corao, en Cangas de Onís, al mundo, hay un nombre que lo cuenta todo. Se llamaba Diego Carcedo, tenía 86 años y este domingo por la mañana falleció en su residencia de Madrid, tras agravarse su estado de salud en las últimas semanas. Con él desaparece uno de los últimos gigantes del gran periodismo del siglo pasado, reportero de guerra en Vietnam, El Salvador o Angola, corresponsal en Lisboa y Nueva York, director de informativos de Televisión Española, director de RNE y miembro del consejo de administración del ente público. De las trincheras a los despachos, Carcedo hizo un viaje profesional de 360 grados como periodista de raza que era, riguroso con la información y cariñoso con sus colegas, tal y como le recuerdan ahora.

La vocación, contaba no hace tanto, le vino de casa, donde, si no había periodistas sí había lectores de prensa. Puede que la vocación aventurera también fuera en los genes de un abuelo, militar en la guerra de Cuba, del que conservaba su espada. El empujón definitivo que le metió en la profesión le llegó en LA NUEVA ESPAÑA, el periódico en el que comenzó su trayectoria, primero como corresponsal en el oriente asturiano, cerca de su Cangas de Onís natal, y luego ya en la redacción, a mediados de los sesenta. El periodista Graciano García, director emérito de la Fundación Princesa de Asturias, recuerda bien a aquel chaval un poco más joven que él que empezó a colaborar con el periódico a mediados de los sesenta: “En aquella época yo me hice cargo de los corresponsales, y vi que él era tan ágil, tan rápido y tan trabajador, que propuse traerlo para Oviedo”.

Carcedo, con su madre, en Corao.

Carcedo, con su madre, en Corao. / lne

En aquella redacción de LA NUEVA ESPAÑA, con compañeros como José Vélez y Juan de Lillo, Carcedo recorrió Asturias de un lado a otro y aprendió el oficio, de sus colegas y de los veteranos, del director Paco Arias de Velasco y de Pérez de las Clotas, a los que todavía recordaba como referentes en una profesión en la que, insistía siempre que podía, era necesario mantener la veteranía para que no se perdiera la transmisión del oficio.

Juan de Lillo, compañero de aquellos años y amigo constante con el que hablaba todavía semanalmente, a veces aprovechando las horas de espera de la diálisis, lo evocaba ayer con “cariño y una gran tristeza”. Él, Graciano García y Vélez compartieron viajes por Asturias y experiencias en las que Carcedo siempre fue cariñoso aunque especial para lo suyo. “Era reservado, quería hacer sus propias fotos, no quería que le acompañaran y no solía contar en qué estaba trabajando hasta que salía publicado. Menos una vez. Nos dijo que iba a entrevistar a un paisano que vivía aislado en una cabaña en el monte y que tenía una barba que le llegaba al suelo, una especie de Robinson Crusoe. Cuando volvió al coche, Vélez, que le tomaba mucho el pelo, le preguntó: ‘¿Qué, Carcedín, qué tal el Robison?’. Y nos dice: ‘No te jode… Le dijeron que venía a verle un periodista y el cabrón afeitose’”.

Otro periodista asturiano, Ramón Sánchez Ocaña, se acuerda perfectamente de que en aquellos años coincidieron haciendo el examen de ingreso en periodismo él, Graciano García y Carcedo, quien rememoraba hace pocos años aquella prueba en la que supo explicar a un examinador la peripecia vital del que entonces era el primer ministro de Malasia.

Después de tres años en el periodismo regional, Diego Carcedo se trasladó a Madrid en 1968 e ingresó en la agencia de noticias Pyresa, con la que empezó a viajar por el mundo en su etapa de “periodismo de aventura”. Fueron los años de la Guerra del Vietnam, en la que Carcedo cubrió los últimos días del conflicto, la evacuación de Saigón, siendo uno de los últimos reporteros en salir del país.

Con un prisionero herido del Vietkong en 1975.

Con un prisionero herido del Vietkong en 1975. / LNE

Después de aquellas experiencias, ingresa en Televisión Española para un nuevo programa, “Los reporteros”. El director de informativos era Juan Luis Cebrián, que sorprendido por el buen hacer de Carcedo le nombra director del programa.

En 1978 pasa a ocupar la corresponsalía de TVE en Lisboa y su actividad cambia definitivamente. En los seis años que pasó en Portugal, en plena transición democrática, Carcedo se convirtió en un rostro habitual en los telediarios nacionales y cultivó un trato muy estrecho con personalidades lusas como el presidente Mario Sares o el exprimer ministro Ramalho Eanes. En 1983 se desplaza al otro lado del Atlántico para ocupar la jefatura de corresponsales de América del Norte de TVE, con sede en Nueva York. Eran los años de Ronald Reagan y Diego Carcedo se enganchó tanto a aquel modelo que llegó a pedir una excedencia del ente público para alargar su experiencia americana como delegado de la agencia Efe y periodista en el canal hispano de la CNN.

El otro cambio definitivo en su carrera llega en 1989, cuando acepta el puesto de jefe de informativos de Televisión Española. La década de los noventa y el cambio de siglo le traerían otro tipo de responsabilidades nacionales e internacionales: fue uno de los que puso en marcha la cadena Euronews, pasó a dirigir Radio Nacional, entre 1996 y 2007 fue miembro del consejo de administración de RTVE y presidió la asociación de periodistas europeos.

Con él, lloraba esta mañana Graciano García, España y Asturias pierden “a uno de sus periodistas más importantes, un periodista de pura raza”. El periodista de Telecinco Carlos Franganillo, al que le une la asturianía y la corresponsalía en Estados Unidos, lo recordaba también esta mañana como “historia del periodismo español y ejemplo de pasión y curiosidad”.

Otro clásico de la profesión y amigo de Carcedo, Miguel Ángel Aguilar, se refería ayer a su colega destacando«su admirable trayectoria». «Supo estar sobre el terreno, tener la condición básica de ser testigo presencial, y lo practicaba muy bien. Fue exaltado a puestos de máxima responsabilidad pero no padeció el mal de altura, sino que siguió muy apegado al ejercicio del oficio. Lo demostró en el periodismo y en sus libros, preoducpado en honrar figuras que hubieran pasado inadvertidas. Y también sirvió de manera ejemplar como presidente de la asociación de periodistas europeos donde yo le traté de manera más intensa».

La periodista asturiana María Teresa Álvarez mantenía una estrecha amistad con Carcedo, al que había conocido en los tiempos de su corresponsalía en Lisboa. Cuando Carcedo llegó a jefe de informativos de TVE la llamó para ofrecerle la corresponsalía de Roma, que ella ansiaba. «Me morí de alegría y de pena, porque ya estaba con Sabino (Fernández Campo) y no podía irme, el amor me hizo quedarme. Luego tuvimos mucha relación, era encantador, el mejor presentador de mis libros».

La Asociación de la Prensa de Oviedo y el Colegio Profesional de Periodistas de Asturias también se sumaron ayer a los pésame por la desaparición de «una de las figuras más destacadas del periodismo español, testigo y relator de los acontecimientos nacionales e internacionales más importantes del siglo XX». «Carcedo, firme defensor del asociacionismo profesional», trasladó el Colegio a través de una nota, «trabajó toda su vida en defensa de los valores periodísticos de veracidad, objetividad y honestidad».

También los Reyes de España tuvieron su recuerdo con para el periodista cangués, «voz del periodismo internacional» y un «testigo de la historia», según escribieron en las redes sociales. «Su mirada ayudó a entender la realidad incluso en los escenarios más complejos. En cada historia contada con rigor, valentía y compromiso con la verdad, perdurará su huella», escribieron.

En su concejo natal, Cangas de Onís, se recibió con profunda tristeza la noticia del fallecimiento del que fue también su Hijo Predilecto. Aquel nombramiento se produjo en febrero de 2020. «Diego Carcedo fue el primer periodista que creyó en mí y en la obra que hoy se llama Mensajeros de la Paz y que hace más de 55 años se llamó La Cruz de los Ángeles», había recordado en aquel acto el Padre Ángel, al que ayer se pudo ver en el tanatorio en Madrid. «En aquellos tiempos de La Cruz de los Ángeles necesitábamos mucho apoyo para sacar adelante a tanto niño huérfano o solo y sin familia, y a mí nunca se me olvidará que Diego estuvo ahí para apoyar con lo que él podía: la palabra escrita», añadió el sacerdote.

(Foto de ARCHIVO) Diego Carcedo, presidente del Comité de Expertos para la renovación del Consejo de Administración RTVE, tras la reunión en el Congreso Eduardo Parra / Europa Press 07/09/2018. Muere el periodista Diego Carcedo;category_code_new

Diego Carcedo, presidente del Comité de Expertos para la renovación del Consejo de Administración RTVE, tras la reunión en el Congreso Eduardo Parra / Europa Press 07/09/2018. Muere el periodista Diego Carcedo;category_code_new / Eduardo Parra / Europa Press

Carcedo siempre estuvo muy vinculado a Cangas de Onís y cada vez que fue requerido para prestar alguna ayuda, allí estaba. El título de hijo predilecto se sumó entre otras colaboraciones realizadas en su concejo natal como la de pregonero de las fiestas patronales de San Antoniu, pregonero del Certamen de los Quesos de los Picos de Europa, pregonero de la Fiesta del Pescador, y también cuenta con El Puentón que le otorgó, allá por los 90 del siglo pasado, la asociación de empresarios de la comarca de los Picos de Europa (Incatur).

«El Ayuntamiento de Cangas de Onís lamenta el fallecimiento de Diego Carcedo, con una trayectoria marcada por el rigor, la vocación de servicio público y el compromiso con la información veraz», dijo ayer el alcalde, José Manuel González Castro. «El Ayuntamiento quiere destacar no solo su extraordinaria carrera profesional, sino también el orgullo que siempre manifestó por sus raíces canguesas, llevando el nombre de Cangas de Onís más allá de nuestras fronteras».

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