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El ejemplo de Brian, joven gitano que se sacó la ESO mientras madrugaba para ayudar a sus padres y ahora estudia Informática: "Siempre recibes lo que das"

El avilesino, que tuvo dificultades en Secundaria pero logró sacarla adelante, ahora se enfoca en seguir estudiando y especializarse en animación 3D, mostrando un espíritu de superación y compañerismo en el aula

Brian Castellón recibiendo dándole la mano a Juan Cofiño.

Brian Castellón recibiendo dándole la mano a Juan Cofiño. / LNE

Sara Bernardo

Sara Bernardo

A sus 19 años, Brian Castellón Hernández no habla de talento ni de suerte. Habla de trabajo. De levantarse muy temprano, de cargar muebles, de ayudar a su familia cuando hace falta. Y de, aun así, sentarse a estudiar. Esa constancia silenciosa es la que le ha hecho conseguir el Premio Extraordinario de la Consejería de Educación del Principado en la categoría de esfuerzo personal, un reconocimiento que pone nombre a una historia que suele quedar fuera de foco.

Brian estudia una FP de informática en el instituto Virgen de la Luz, en Avilés, y vive en el barrio de La Luz, donde vive una nutrida comunidad gitana, a la que él pertenece. Su día a día no ha sido el habitual de muchos estudiantes. "Tenía complicaciones", resume con naturalidad. Detrás de esa palabra hay jornadas ayudando en casa, en trabajos de todo tipo: pintura, mudanzas, lo que saliera. "A veces, en vez de estudiar, tenía que ayudar", explica. Pero añade algo más importante: "Nunca dejé de intentarlo, de sentarme frente a los libros y de ir al instituto".

Ese "nunca lo dejé" define su trayectoria. Brian terminó la ESO tras un tropiezo en Primero que atribuye al impacto del covid. "Me dejó en blanco", dice, y ahora avanza en su formación profesional con una idea clara: seguir creciendo. Tras terminar la FP básica, su objetivo es continuar hacia un grado superior y especializarse en animación 3D. "Quiero terminar lo que estoy haciendo y seguir estudiando", afirma.

Por la iquierda, Jonathan Jimmy, Izan Samuel, Braian y Sheila Castellón Hernández.

Por la iquierda, Jonathan Jimmy, Izan Samuel, Braian y Sheila Castellón Hernández. / LNE

En el aula, su perfil no se limita a las notas. Sus profesores destacan en él su compañerismo, una cualidad que él asume como algo natural. "A mí me gusta ayudar", dice. Y lo conecta con una idea sencilla que repite como un principio de vida: "Das lo que das y recibes lo que das". No es una frase aprendida, sino una conclusión nacida de su propia experiencia. Brian reconoce que también recibió ayuda en su camino, algo por lo que se siente "muy agradecido" y ahora intenta devolverla.

Es el mayor de cuatro hermanos, y en casa el esfuerzo se entiende como algo compartido. Su historia no es excepcional por épica, sino por cotidiana. No hay grandes gestas, sino pequeños gestos sostenidos en el tiempo: cumplir, insistir, no rendirse cuando toca arrimar el hombro fuera de los libros.

Cuando se le pregunta por el premio concedido por el Principado, responde con una mezcla de orgullo y discreción: "Me emociona, la verdad". No hay celebración grandilocuente. Quizá porque para él el reconocimiento no cambia lo esencial: el lunes volverá a clase y seguirá con su rutina.

En un sistema educativo que a menudo mide resultados, la historia de Brian recuerda que detrás de cada expediente hay contextos distintos. Y que, a veces, el mérito no está solo en llegar, sino en todo lo que hay que sostener para poder hacerlo.

"Lo que siembras, es lo que recoges", sonríe. En su caso, la cosecha empieza a ser visible.

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