Lío en la obra de la Casa Blanca por el uso de acero europeo de Arcelor: "Es una bofetada en la cara de los trabajadores estadounidenses"
Los demócratas cargan contra Trump por aceptar una donación de Mittal para la reforma del complejo presidencial

Atlas News

Donald Trump ha puesto el mundo patas arriba en los quince meses que lleva de actual mandato en la presidencia de EE UU. Y puede decirse también que físicamente también tienes patas arriba la Casa Blanca, donde en octubre de 2025 se inició una discutida reforma: convertir el ala este del icónico edificio en un gran salón de baile a la altura de la personalidad megalómana del líder republicano. Como tantas decisiones de Trump, la obra ha estado marcada desde su anuncio por las controversias. La penúltima, la orden de un juez de paralizar los trabajos porque, también como tantas decisiones de Trump, no contó con la autorización del Congreso. La más reciente polémica tiene que ver con los materiales: se le reprocha al mandatario el uso de acero europeo fabricado y donado por ArcelorMittal.
"The New York Times" informó la pasada semana, citando dos fuentes anónimas de la Casa Blanca, que Arcelor suministrará el acero para la estructura del nuevo edificio y que su procedencia será europea. Con arreglo a la misma información, no se trataría de un contrato de suministro realizado por la Administración Trump sino de una donación de la multinacional controlada por la familia Mittal, dueña, entre otras muchas dentro y fuera de Europa, de las plantas acereras de Asturias.
El rotativo neoyorquino habla de productos siderúrgicos por valor de 37 millones de dólares (31,5 millones de euros), dentro de una obra cuyo presupuesto asciende a 400 millones (340 millones de euros). El pasado otoño, la Casa Blanca anunciaba, sin dar más detalles, que "una gran compañía siderúrgica" se había ofrecido a donar materiales para los trabajos. El propio Donald Trump declaraba entonces que ello favorecería que los contribuyentes estadounidenses se ahorraran costes de una reforma que, ha sostenido también el mandatario, supuestamente será financiada por donantes privados, entre ellos algunas de las corporaciones tecnológicas más pegadas al entorno y a los intereses del presidente.
ArcelorMittal ni confirma ni desmiente. No hace comentarios sobre un asunto que en EE UU levanta polvareda en especial por la supuesta procedencia europea del acero. Algunos dirigentes demócratas están hurgando en el hecho de que Trump reforme un edificio tan emblemático como la Casa Blanca empleando materiales de fabricación extranjera a la vez que alardea de defender la industria doméstica. Josh Shapiro, gobernador de Pensilvania, ha sido uno de los primeros en saltar: "Es una bofetada en la cara de los trabajadores siderúrgicos estadounidenses", dijo estos días.
Pensilvania forma parte del llamado "cinturón de óxido" de EE UU, un conjunto de estados del Nordeste y el Medio Oeste del país que comparten un pasado de gran prosperidad vinculado principalmente a las industrias del carbón, el acero y el automóvil, y un proceso de desmantelamiento fabril cuyo inicio los historiadores económicos sitúan en los años 80 del pasado siglo y asocian a la competencia de las importaciones.
Tanto ante las elecciones que le llevaron al poder por primera vez en 2017, como en 2025 para conseguir su segunda victoria en las presidenciales, Donald Trump se volcó en promesas de renacimiento industrial para los estadounidenses del "cinturón de óxido", donde cosechó votos que fueron determinantes para su primera elección.
Los aranceles
Invocando la consigna "America First" en su primer mandato, y para el segundo con la versión MAGA ("Make America Great Again") por bandera, Donald Trump ha puesto el acero en la primera línea de sus despliegues proteccionistas, estableciendo aranceles a la importación de productos siderúrgicos que llegan a ser del 50% en el caso de los fabricantes europeos, excluidos del acuerdo general con la UE que dejó en el 15% las tasas con las que grava EE UU la mayoría de las compras que hace en Europa.
La prensa estadounidense ha establecido conexiones entre la política arancelaria de Trump y el ofrecimiento de acero gratis para la Casa Blanca que se atribuye a ArcelorMittal. El grupo de la familia Mittal sería uno de los potenciales beneficiarios de una decisión que, como esa donación, se anunció también el pasado otoño: reducir los aranceles a los fabricantes canadienses y mexicanos que se comprometan a invertir en EE UU. Desde que en 2020 vendió gran parte de su red estadounidense de acerías, Arcelor tiene una presencia modesta dentro del país: básicamente, una planta en Calvert (Alabama), que se ha comprometido a ampliar con 1.200 millones de dólares. Y dispone de grandes intereses en Canadá y México. Desde allí fabrica y exporta acero para el mercado estadounidense.
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