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Menos pescado y más caro: la crisis que ya se nota en la pescaderías asturianas debido a la guerra de Irán

La subida del gasóleo, con un alza del 72% desde febrero, obliga a la flota pesquera asturiana a reducir sus salidas, trasladándose la preocupación a lonjas y mercados minoristas

Cajas de xarda en los almacenes de la rula de Avilés, en una imagen de archivo.

Cajas de xarda en los almacenes de la rula de Avilés, en una imagen de archivo.

Xuan Fernández

Xuan Fernández

La escalada del precio del gasóleo por la guerra de Irán —con subidas de hasta un 72% desde finales de febrero— ya está condicionando la actividad de la flota pesquera asturiana, que ha empezado a reducir salidas ante la falta de rentabilidad. Ese contexto de preocupación, marcado por la incertidumbre y el temor a un parón mayor, comienza ahora a trasladarse con claridad a las lonjas y al mercado minorista, donde ya se perciben sus primeros efectos.

“Hay barcos que están ahora mismo amarrados y que no salen a faenar todos los días. Miran mucho el entrar a puerto más cercano para evitar desplazamientos mayores”, asegura Ángel Muñoz, gerente de la Rula de Avilés. A esa situación se suma otro factor que agrava la incertidumbre: “El aumento de los costes está coincidiendo con la temporada de la xarda, que está siendo muy mala. Los barcos no hacen tanto esfuerzo pesquero”.

Aunque la actividad no se ha detenido por completo, el menor esfuerzo pesquero y la prudencia de parte de la flota empiezan a dejarse notar en la oferta. Y ahí es donde entra en juego el funcionamiento de la lonja, que actúa como termómetro del sector. El pescado que entra cada día se pone a la venta mediante subasta y el precio lo fija, en última instancia, la puja entre compradores.

Precios en tensión desde origen

En ese contexto, una de las principales incógnitas es hasta qué punto el incremento de costes acabará trasladándose al consumidor. “El precio puede subir, claro. El gasoil sube para todos: para el que pesca, para el que compra el pescado, para el que lo transporta… Todo esto provoca que el precio pueda subir”, advierte Muñoz. “Hay una preocupación muy grande, enorme. Todo el mundo está muy expectante de que esto no se prolongue, porque puede tener consecuencias difíciles para todo el sector pesquero”, añade.

En la operativa diaria de la rula, esa tensión se percibe también en la subasta. El jefe de cancha, Jorge Juan Fernández, subraya que el encarecimiento afecta de forma desigual: “No es lo mismo la flota de arrastre que la de cerco; la más afectada es la de arrastre”. En algunos casos, reconoce, hay barcos que “paran o se plantean la actividad”, mientras que otros “piensan las cosas dos veces” antes de salir.

Fernández pone además el foco en una de las claves del sistema: “El pescado se compra en subasta, y al que compra le importan muy poco los gastos de explotación; es la ley de la selva”. De ahí que el aumento de costes no tenga un reflejo directo e inmediato: “El precio lo pone el comprador”. Aun así, admite que la menor actividad puede acabar teniendo consecuencias: “Si hay menos pescado, la ley de la oferta y la demanda hará que suba”.

A esa presión se suma una campaña de la xarda prácticamente inexistente. “Es la primera vez que no la veo”, señala, en una situación que, junto al gasóleo, “es la puntilla”. “Si un barco tiene que pescar 500 cajas y pesca 250, no compensa”, resume, reflejando la delicada rentabilidad del sector.

Ese escenario se traslada a las pescaderías, donde ya se percibe tanto la subida de precios como cierta contención en el consumo. Belén Martos, de Pescados Joaquín (Oviedo), explica que “caro está, se nota en general, para todo el mundo” y apunta también a un cambio en el comportamiento del cliente: “No sé si es que la gente está asustada, pero no ves movimiento en general”. A ello se suma la menor oferta: “Hay menos pescado y cuesta más caro; la xarda no está siendo muy buena”.

Desde Pescados Juanín, Juan Manuel Cervero describe subastas cada vez más tensas: “O pagas el pescado o te quedas sin él”. Una presión que se traslada a toda la cadena y que, según advierte, no tiene en cuenta el principal problema de fondo: “La subasta no tiene en cuenta el precio del gasoil; estamos hablando de un gasto superior”.

El resultado es un mercado cada vez más condicionado por la escasez y los costes, en el que la incertidumbre sigue siendo la nota dominante. Con todo, el sector coincide en el diagnóstico: si la situación del combustible se prolonga y la actividad continúa contenida, la subida de precios podría consolidarse en las próximas semanas.

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