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Masymas impulsa el "buenrollismo" y refuerza el orgullo de equipo entre su plantilla

El Palacio de Congresos de Oviedo acogió el 2º Encuentro de Bienestar de la compañía, una jornada de risas y abrazos donde Fernando Romay y Dani Delacámara pusieron el toque de humor a un proyecto que busca cuidar lo más valioso de la empresa: sus personas

Un momento del acto celebrado en el Calatrava

Un momento del acto celebrado en el Calatrava / Nestor Fernández

L. L.

Hay encuentros corporativos que revisan cifras y fijan objetivos y otros que buscan compartir emociones. El pasado domingo, 12 de abril, en los pasillos del Palacio de Congresos de Oviedo no se hablaba de logística ni de lineales, sino de historias personales. Bajo el título "A 2,13 de la cámara" —un juego de palabras que unía la impresionante altura de Fernando Romay (2,13 metros) con el apellido y el ingenio de Dani Delacámara—, cerca de 400 compañeros de Supermercados masymas se reunieron para celebrar algo que va mucho más allá del trabajo: el orgullo de pertenecer a un equipo.

Un día concebido para parar. Para que quienes sostienen la compañía cada día tuvieran el protagonismo, sin más orden del día que disfrutar.

La jornada fue organizada por el área de Bienestar Corporativo. Desde su puesta en marcha, este departamento trabaja en escuchar a los trabajadores, detectar necesidades y contribuir a mejorar el clima laboral y la convivencia en la empresa.

A juzgar por las caras y las reacciones del público el cartel de invitados cumplió con el objetivo principal: inyectar motivación y "buen rollo". Romay habló de trabajo en equipo, de la riqueza de ser distintos y de cómo los grandes resultados nunca son obra de una sola persona. Con su cercanía natural, conectó enseguida con el público. Después llegó Dani Delacámara, que recordó algo esencial: el humor no resuelve todo, pero ayuda mucho a afrontar casi cualquier reto.

Reencuentro

Pero el verdadero éxito estuvo en las butacas y en el aperitivo musical posterior. Los testimonios de los asistentes lo confirmaban: "Vimos a compañeros a los que habíamos perdido la pista y ese reencuentro da un plus de energía" o "a mí se me hizo corto. Me hubiera quedado al chocolate con churros." Esa frase, más que cualquier dato o métrica, demuestra que masymas encontró lo que buscaba.

En una compañía que se acerca a su centenario, cuidar a las personas no es una moda ni un gesto puntual. Es una manera de entender el trabajo. Y encuentros como este demuestran que cuando se apuesta por el buen ambiente, la motivación también se contagia.

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