La "familia arco iris": la aventura de Sete y Luis para adoptar a tres hijos en Argelia, Mali y China, dos de ellos con graves problemas de salud
Míriam sufre una discapacidad física y psíquica; Hamma, una enfermedad autoinmune degenerativa; y María estudia Biotecnología en Dinamarca
Los andaluces Setefilla (Sete) García Cobos y Luis Barrera Gallego presentan en Ribadesella el libro que recoge su experiencia familiar de dos décadas

Setefilla García Cobos y Luis Barrera Gallego, en la mañana de este sábado, en Ribadesella, con ejemplares del libro que recoge su experiencia familiar. / Pablo Álvarez

Los han llamado “la familia arco iris”. También “la familia benetton”. Y no van descaminadas esas expresiones cuando se ve a una pareja andaluza con dos niñas (María, del sur de China, y Míriam, de Mali), y un niño (Hamma, saharaui).
Hoy, los tres hijos son ya mayores, pero la vida no se ha simplificado: Míriam, de 20 años, sufre una grave discapacidad física y psíquica; y Hamma, con 31 años, una enfermedad autoinmune degenerativa. María estudia Biotecnología en Dinamarca.
“Nuestros hijos nos han ayudado a ser mejores personas. Es cierto que nosotros hacemos un acto de generosidad, de complicarnos la vida, al ir a por ellos; pero ellos nos han dado mucho más y nos han cambiado la mirada sobre muchas cosas”, explican a LA NUEVA ESPAÑA Setefilla (Sete) García Cobos y Luis Barrera Gallego, durante una conversación en una cafetería de Ribadesella. Ambos de 58 años y dedicados al ámbito del Derecho en la Administración pública, están visitando Asturias por vez primera, en unos breves días de relax.
Una familia singular
Se conocieron en la Facultad de Derecho, se casaron, se establecieron en Jerez de la Frontera (de donde Sete es natural) y decidieron formar una familia singular. Les movió a tomar esta decisión “el panorama de las infinitas necesidades que sufren tantos niños en todo el mundo”. Llegaron a poner en marcha un cuarto proyecto de adopción, también en China, pero no cuajó.
Setefilla (nombre muy poco común que proviene de una advocación de la Virgen María de Lora del Río, provincia de Sevilla) ha relatado esa experiencia en el libro “El lienzo de mi vida”. Y este testimonio de profunda humanidad ha sido presentado en la tarde de este sábado en la Casa de Cultura de Ribadesella, en un acto organizado por la Asociación Amigos de Ribadesella.
A Míriam fueron a buscarla entre la miseria y el absoluto desamparo de Mali. Y Hamma llegó a sus vidas a través de los campamentos de verano en España, y se convirtió en su hijo sin necesidad de ningún documento, sólo por la fuerza del cariño y de la supervivencia. Sigue vivo gracias a un trasplante de hígado que se le practicó in extremis hace dos años en el Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba.
Con frecuencia, cuentan, se une a la familia una sobrina, hija de Mercedes (hermana de Sete), muy rubia. “Cuando la gente nos ve nos dice: Irene es la única vuestra, ¿verdad?”. Y les decimos: “Pues mira, es la menos nuestra”.
Estos padres adoptivos tienen muy clara su filosofía de vida: “Tener una familia que te quiere y te cuida es el mayor regalo que la vida nos puede dar. Y nosotros hemos intentado hacer eso con estos niños. No es la genética lo que te hace madre o padre, sino el corazón. Eso es lo que hace que te desveles por ellos, que quieras que las cosas malas te pasen a ti en vez de a ellos”.

La familia, al completo. De izquierda a derecha, María, Míriam, Luis Barrera, Setefilla García y Hamma. / LNE
Hamma, desde Argelia
Por orden cronológico, el primero en llegar fue Hamma, en verano, como tantos refugiados del desierto del Sáhara: “Estaba desnutrido, en situación de pobreza extrema, sucio… Era muy triste verlo así. Pero pasamos un verano muy bueno con él”.
Al verano siguiente, no pudo volver por un problema de pasaporte. Entonces, decidieron acoger a otro niño saharaui. Y llegó Mohamed, de ocho años: “Estaba muy delicado con la dieta: no quería comer esto, no quería comer lo otro. Nos extrañó mucho, viniendo de los campamentos. Estando con nosotros, le dio un dolor tremendo, se revolcaba. Lo llevamos rápidamente al hospital y al final resultó que tenía piedras en la vesícula. Aquí lo tuvimos todo el verano, nos dedicamos a él. Hubo que operarlo. Cuando se recuperó, tuvo unos días para pasarlo bien”.
"Te quiero más que a la tortilla de patatas"
Al final del verano, Sete preguntó a Mohamed qué era lo que más le había gustado de su estancia en España. “Pues, Sete, que me he curado”, respondió de forma contundente. Ya podía comer chocolate y disfrutar de toda la alimentación. Alguien le preguntó antes de irse: “¿Tú quieres mucho a Sete?”. Y el chaval, genio y figura, dijo: “La quiero más que a la tortilla de patatas”.
Al verano siguiente volvieron Hamma y Mohamed. Pero, para entonces, Sete y Luis ya tenían en su casa a María, una niña de dos años a la que habían adoptado en China: “Acabábamos de adoptarla y todo el mundo nos decía que María necesitaba un tiempo de adaptación con nosotros. Pero queríamos que volviera Mohamed, que el año anterior apenas había podido disfrutar por las piedras de la vesícula, y también pudo venir Hamma. Así que, casi de golpe, pasamos de ninguno a tres”.
Hamma, que dos años antes estaba desnutrido y sucio, pero sano, en esta ocasión llegó muy enfermo. Y fue a peor…
“Hamma no podía caminar. Estaba muy mal. Había que llevarlo en brazos. Tenía las piernas arqueadas. Estaba súper delgado, con las articulaciones deformadas. No tenía nada que ver con el niño que había venido el primer año, que jugaba al fútbol y corría por la playa. Era otra persona. Como un anciano encarnado en el cuerpo de un niño. No tenía energía ninguna. No podía ni con el peso de una toalla. Y, claro, todo ese verano fue rehabilitación, médicos, analíticas, averiguar qué le pasaba”, explican Luis Barrera y Sete García. Al final, después de tiempo, se supo que tenía una enfermedad degenerativa autonimune.
Hamma se queda en España
En esas circunstancias, la vida de Hamma en los campamentos saharauis no era viable. Vivía con su padre, su madre y sus ocho hermanos biológicos. Luis y Sete se ofrecieron a acogerlo para que pudiera recibir los tratamientos que le eran indispensables. En un primer momento, su familia lo rechazó y Hamma volvió a su país con un cargamento de medicamentos y prescripciones de los médicos sobre lo que tenía que hacer. Pero el niño no mejoraba. Al verano siguiente, volvió a Jerez. Y al siguiente, pero entonces ya se quedó un año, y otro, y otro más… Y, sin necesidad de un proceso de adopción, cuando cumplió la mayoría de edad, decidió hacer su estancia definitiva.
Hamma tuvo un problema con el hígado hace dos años. Estaba totalmente amarillo. Un primer órgano no resultó compatible. Y el segundo pudieron implantárselo el 8 de abril de 2024. “La verdad es que está muy limitado”, precisan Sete y Luis, a quienes Hamma sigue llamando por sus nombres. Actualmente tiene 31 años.

Presentación del libro de Setefilla García Cobos en la Casa de Cultura de Ribadesella. A su lado, Alejandro Criado, presidente de la Asociación Amigos de Ribadesella. / LNE
En un orfanato de China
Toca ahora retomar la historia de María, a quien fueron a buscar a un orfanato del sur de China: “María estaba muy poco estimulada, con las piernas entre los barrotes de una cuna con varias niñas más. Los duchaban con agua fría. De hecho, tenía pánico al ruido de las tuberías, y al del secador... No hablaba. Se daba un golpe contra una puerta y no lloraba".
Cuando llegaron y la vieron, les dieron 24 horas por si querían renunciar a ella y dejarla allí: "Eso no estaba en nuestros planes". Al final, "no le pasaba nada, era un problema de estimulación, lo supimos después, claro, cuando ya estábamos en España con ella". Hoy, María es "una niña súper espabilada y muy linda, lo tiene todo”.
Evitar el desarraigo
Sete y Luis han hecho una apuesta continuada: que sus hijos no sufran desvinculaciones ni desarraigos. Hamma ha ido a ver a su familia biológica y ha vuelto. Sus hermanos han venido a España. Tiene cariño a su familia, tiene fotos de todos. “Hemos respetado mucho sus orígenes. Hablaba por teléfono con su familia de forma periódica. Su padre vive. Su madre ha fallecido”, explican sus padres. Sete añade: “Yo me ponía a rezar con él y le decía que él rezara a Alá y que yo rezaba a Jesucristo. Le explicaba que todas las religiones quieren que seamos buenas personas. Se lo simplificaba mucho cuando era pequeño. Yo no quería que dejara de rezar a Alá, porque cuando volviera a su país podía tener problemas”.
Y con María, lo mismo: “Tenemos en casa símbolos de China. Le hemos hablado de China siempre en positivo. Hemos ido a su país con ella, incluso a su lugar de nacimiento. Ella disfrutó mucho. Después, pudo volver con otras niñas”. Su madre la animó a que aprendiera su idioma y hoy habla chino. Y Sete García ha estudiado chino también: “No he conseguido alcanzar su nivel, pero he sacado un B1 de chino para apoyarla y que no se desanimara”.
Míriam, desde Mali
Y la última en llegar fue Míriam, desde Mali. En realidad, fue el primer proceso que pusieron en marcha y el último que cuajó, seis años después: “África es el caos. Mali y Mauritania son países tremendamente peligrosos, en los que la vida no vale nada. Mali fue una experiencia muy estresante. Míriam era una niña abandonada en la calle. Estaba muy desnutrida, comía una papilla de arroz cada quince días. Tan solo tenía a una señora mayor que por las noches se hacía cargo de ella. Nos avisaron unas monjas y nos animaron a hacer el expediente de adopción”.
Hoy, Míriam tiene 20 años. “Sufre una discapacidad física y mental muy grande, del 95%, y lo que hace es divertirse en lo que puede. Está en un colegio de necesidades educativas especiales. Su edad mental está en torno a los tres años”.
Cuando su madre está cansada y le pregunta: “Pero Míriam, ¿qué vamos a hacer contigo?”, le responde: “Pues quererme”. Y asunto zanjado.
Nos han cambiado la mirada
Sete García y Luis Barrera hacen balance de estas dos décadas largas de maternidad y paternidad: “Hemos cambiado la mirada sobre muchas cosas”, resumen a este periódico. Y reflexionan al hilo de la experiencia con Míriam: “Ves que hay que cambiar totalmente la mirada sobre las personas discapacitadas. Es indignante que en ocasiones no sean visibles para esta sociedad. Son personas con corazón, que sienten, que tienen la dignidad de todas las personas”.
Su perspectiva actual es otra: “Lo mismo sucede cuando miramos a un mendigo que está en la calle y volvemos la cara, o cuando preferimos que nos atienda un camarero español en vez de uno de fuera… Somos inclusivos en la medida que integramos al otro en nuestra vida, en nuestro corazón”.
El relato de Sete y Luis ha recibido esta tarde un aplauso unánime en la Casa de Cultura de Ribadesella.
Suscríbete para seguir leyendo
- Uber arranca hoy en Asturias: estas son las ciudades en las que funcionará y los precios básicos
- Cada día cierra un comercio en Asturias y en una céntrica calle de Oviedo tres históricos se sumarán a la lista: 'No se gana para todos los gastos
- Caen los 'Whiteboys', la organización juvenil de ultraderecha más violenta de Asturias: hay 19 detenidos, cuatro de ellos menores
- Es invierno en mayo: está nevando en la autopista del Huerna y los termómetros caen en Asturias hasta los 4 grados bajo cero
- Doce menores se intoxican en un viaje de estudios en Asturias: fueron atendidos en el aeropuerto y trasladados al hospital
- ¿Cuáles son dos de los barrios más 'cool' de Asturias?: están en el extrarradio de Oviedo y Gijón, sus vecinos dicen que 'hay de todo', disfrutan de tranquilidad y el gancho es la vivienda asequible (hasta ahora)
- Multa a las condenadas por el asesinato de Isabel Carrasco por salir en un documental hablando del crimen
- El drama de los interinos asturianos: 'Me planto con 60 años teniendo que aprobar una oposición y pudiendo irme a la calle