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Araceli Pereda, presidenta de la asociación Hispania Nostra: "El patrimonio no es un lujo, contribuye al bienestar"

"Bienes como los hórreos deben tener un uso; si no les das vida acaban perdiéndose, pero no hay soluciones estándar, cada uno requiere un tratamiento diferente"

Araceli Pereda

Araceli Pereda / Miki López

Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

La historiadora del Arte Araceli Pereda (Santander, 1948) preside Hispania Nostra desde hace 12 años. Desempeña esa tarea en régimen de voluntariado, comprometida con una asociación que vela por la preservación del patrimonio y que en Asturias ha premiado el esfuerzo y el buen tino de los gestores del Palacio de Meres, La Ponte-Ecomuseo o la asociación Incuna. Académica de Bellas Artes, dirigió la Fundación/Museo Lázaro Galdiano, ha trabajado en el Ministerio de Cultura y fue directora general de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid. En 2018 recibió la Medalla de Oro a las Bellas Artes. Esta semana Hispania Nostra conmemoró su 50.º aniversario con unas jornadas sobre patrimonio, identidades y territorio en Asturias y su presidenta no faltó.

¿Qué es Hispania Nostra? ¿Y cuál es su actividad?

El 22 de abril de 1976, un grupo de personas, funda Hispania Nostra. 1975 había sido el año del Patrimonio Arquitectónico Europeo. Europa Nostra había nacido en 1968 y bajo su paraguas creamos algo parecido en España. Los estatutos se firmaron en el Palacio de Liria. Empezó cuando empezaba la democracia. Intentamos aglutinar fuerzas. Somos pocos y no hay muchos recursos. Nunca el patrimonio ni la cultura han tenido mucho apoyo económico. Hispania Nostra nace como una asociación de voluntariado y todo lo que se hace es con cuotas de los socios. Cuando hay programas específicos, como este de Asturias, se buscan patrocinios. Es independiente, está basada en la filantropía y tiene dos programas fundamentales.

¿Cuáles son?

Uno para unir fuerzas con otras asociaciones españolas en el campo del patrimonio y otro los premios Europa Nostra, creados en el 78, de conservación del patrimonio. Desde el primer año, España tiene premios. En el 78 se le da uno a la conservación del pueblo de Covarrubias, en Burgos, y a la restauración de la Torre de Don Borja, en Santillana del Mar, en Cantabria. En el año 2002 esos premios dejan de ser solo de Europa Nostra para convertirse en los premios de la Unión Europea. España sigue siendo el país más premiado de toda Europa.

Hispania Nostra tiene una lista roja de patrimonio.

Ponemos el foco sobre el patrimonio en peligro. De ahí nace la lista roja en 2008. La información nos llega de los ciudadanos y un comité científico la analiza y decide. Son voluntarios, profesionales muy cualificados del mundo de la arquitectura, del patrimonio natural, geólogos... Lo que queremos es que ese patrimonio deje de estar en peligro, entonces creamos la lista verde, verde esperanza, y tenemos la lista negra, a la que va aquello por lo que no podemos hacer ya nada.

¿Qué tal anda España en gestión patrimonial?

Se están haciendo muchas cosas bien, pero dispersas. Hay muy buenas prácticas, muy pequeñitas o locales. Nosotros queremos dar a conocer qué es lo que se hace bien y quiénes lo hacen bien, por eso creamos el premio a las buenas prácticas en el año 2012. Yo he trabajado toda mi vida en patrimonio y he visto que muchas administraciones, sobre todo locales, defienden el monumento pero no el contexto. Una de las categorías de los premios es para las intervenciones en el territorio y el paisaje.

¿Las otras?

Para las intervenciones que generan desarrollo social y económico. En el patrimonio no se interviene solo porque sea histórico o artístico, sino porque beneficia a la sociedad. La tercera categoría, que está muy mal en España, es la señalización. A veces hacemos inversiones enormes y luego no sabemos contarlo, por eso un premio a la difusión y a la señalización, que nos lleva a otro programa.

Que es...

El que atiende a la educación para el patrimonio. También creamos una plataforma de micromecenazgo. Las asociaciones nos proponen cómo recuperar una fuente o una ermita, no grandes proyectos, porque esos son para los grandes inversores. Con ese programa de micromecenazgo que empezamos en el 2014 hemos movilizado 70 proyectos y 11.000 personas, no todos socios, pero que son donantes. Hemos movilizado casi 1.300.000 euros para hacer proyectos, directamente y luego, de forma inducida, personas o administraciones ponen en marcha otros proyectos.

¿Cuántos socios tiene Hispania Nostra actualmente?

1.200, un poco más de 1.200, y la celebración del 50.º aniversario nos ha llevado a estar en redes, a hacer una página web... Las vías de participación, a través de las que la gente se hace socia, son muy variadas. En la pandemia creamos un programa que se llamaba «Hispania Nostra contigo en casa», «on line», los martes a las siete de la tarde para presentar proyectos y otras cosas relacionadas con patrimonio. Seguimos utilizando las redes sociales, seguimos interesadísimos en la difusión a través de los medios tradicionales, la prensa, la radio, la televisión…

La percepción del patrimonio cultural e histórico ha cambiado mucho en estos últimos 50 años.

Ahora la gente tiene sensibilidad. ¿Por qué? Porque tiene más información y más formación. Ha descubierto que el patrimonio no es un lujo, es una necesidad y contribuye al bienestar. Y, además, al ampliarse el concepto de patrimonio, ha adquirido conciencia de que el patrimonio puede hacerte más feliz. Parece cursi, pero no es así. Aquí, en Asturias, el prerrománico es un arte que en el resto de Europa no existe, cuando te explican quién lo hizo y por qué te ayuda a conocerte mejor. A ello se añade el valor económico, que yo no pondría en primer lugar, y su valor para el desarrollo turístico. El patrimonio es una fuente de recursos.

¿Su diagnóstico del estado general del patrimonio español?

Para ser, como somos, uno de los países más ricos del mundo en patrimonio, que no en recursos económicos ni participación, está aceptablemente bien. Esto no es el mundo anglosajón; aquí no hay tradición de que los ciudadanos asuman competencias. El mundo mediterráneo en más de dejar hacer a la providencia. Antes de nada está la vivienda, la salud, la educación..., pero una vez resueltos esos problemas fundamentales, la vida sin cultura pierde, es menos rica. Ahora hay más interés y por ello hay más demanda, de modo que quienes tienen capacidad jurídica, administrativa o económica para actuar se espabilan un poco más. Eso ha hecho que el patrimonio español haya mejorado, aunque sigue siendo el pariente pobre de la cultura.

En esa lista negra de la que antes hablaba, ¿qué hay?

Patrimonio que ha estado antes en la lista roja y que ha desaparecido: torres que se han caído, teatros que ha llevado la piqueta, que no se han conseguido salvar. Recuerdo una antigua casona, del XVI o XVII, se hizo una restauración dentro que era… La acabamos pasando a la lista negra porque aquello era irrecuperable. Hay supuestas restauraciones que destruyeron todo el valor histórico y artístico de la obra.

¿Y en la lista roja? ¿Algún elemento en emergencia por el que sea necesario movilizarse ya?

Hay interés fundamentalmente por la arquitectura civil, palacios, torres, castillos. Cuando se incluye algo es porque se ha trabajado mucho, se ha pedido siempre informe al interesado, hay un comité de distintos profesionales, porque lo que piensa un ingeniero no es lo que piensa un historiador del Arte, preguntamos al ayuntamiento, a la administración autonómica...

Asturias tiene patrimonio muy singular: prerrománico, industrial....

Y prehistórico. Las cuevas, son tremendas. Yo adoro Tito Bustillo, aunque lo he visto solo dos veces. Mi familia ha veraneó en Llanes ocho años y éramos amigos de Trevín, un día nos llevó; luego, como historiadora del Arte que soy, me colé otra vez. Y Pimiango, El Pindal… Bajábamos mucho a la cueva del Pindal y a mí la ballena me tenía obnubilada. Soy de Cantabria y puedo presumir, pero... Lo que no tenemos es prerrománico, muy poco, en Liébana, pero no es la riqueza que tiene Asturias.

La señalización y la intervención en los entornos, a la que se refería al principio, es uno de los problemas del prerrománico.

Es un problema general. Le cuento esto casi como anécdota: en una colegiata en Palencia, da igual cuál, de camino entre Madrid y Santander, cuando yo trabajaba en el Ministerio de Cultura, se había gastado un porrón de dinero en una restauración con un espléndido arquitecto, con un trabajo ímprobo de investigación y una restauración primorosa; años más tarde, hacen la autovía, quiero llevar a unos amigos a ver ese monasterio y no lo encuentro, empiezo a dar vueltas y no lo encuentro. Antes estaba señalizado. Lo tenemos como un San Luis, como los chorros del oro, y no se puede llegar. En el Ministerio yo había peleado mucho, en la Ley del 85, para que en los presupuestos de restauración se incluyera una partida para comunicación. Nunca lo conseguí. Y trabajé mucho también para que nos dejarán entrar en las iglesias y hacer inventario. Era la época en la que Erik el Belga saqueó iglesias y museos. La información a veces induce a la delincuencia, pero se combate con vigilancia y sistemas de seguridad. En Asturias algún cura se negó.

Los hórreos y la cultura horrera acaban de ser declarados bien cultural inmaterial, y está abierto el debate sobre su uso.

El patrimonio debe tener un uso, si no le das vida acaba perdiéndose, pero hay que tener en cuenta no solo el valor del objeto sino del entorno. Si pones un bar, qué voy a pasar con los vecinos, con el entorno, con el silencio, el silencio también es patrimonio. Siempre tiene que ser al servicio de la gente y en beneficio del mayor número de personas. No hay una receta única, cada bien tiene su solución.

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