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Las carencias de muchos edificios del Arte Asturiano: sin luz ni vigilancia y con mal acceso

La ambición del Libro Blanco del Prerrománico Asturiano, que data de 2018, choca con la falta de servicios, las exigencias del culto y las restricciones que impone la preservación de los edificios

Las carencias de muchos edificios del Arte Asturiano: sin luz ni vigilancia y con mal acceso

A.D.

Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Oviedo

Alfonso II el Casto ordenó construir San Julián de los Prados a principios del siglo IX. No antes del año 812, según las dataciones de los expertos, ni más tarde del 842. Oviedo se había consolidado como capital indiscutible del Reino de Asturias y San Julián, símbolo de un poder floreciente, se erigió en una llanura fértil, en un lugar santo y llano –Santullano–muy próximo al complejo palatino y administrativo. Es la construcción prerrománica más antigua que se conserva en Asturias. Ramiro I, no mucho más tarde, mandó edificar Santa María y San Miguel, en el monte Naranco, y de esa misma época son la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo y Santa Cristina de Lena. Los 40 años de su declaración como patrimonio cultural de la humanidad se quedan en nada frente a los casi doce siglos desde los que los contempla Asturias y el mundo.

El reconocimiento de la Unesco no ha sido en vano, sin embargo. En estas últimas cuatro décadas se han encadenado intervenciones de rehabilitación, restauración y mantenimiento en todos y cada uno de los monumentos incluidos en aquella declaración y en otros tan relevantes como el monasterio de Valdediós que no están recogidos en ella. Si en algo coinciden todos los entendidos en la materia, ya sean de la Administración, de la Iglesia o del ámbito académico, es en el buen estado de conservación de los edificios. Salvo por las pinturas murales de Santullano y las de Valdediós, tan excepcionales y tan exigentes en lo que se refiere a su preservación, no hay excesiva preocupación en ese aspecto.

El tesoro está a salvo. Ahora hay que vigilarlo y saber aprovecharlo. El Libro Blanco del Prerrománico Asturiano, redactado por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Principado y consensuado con la Diócesis y el Ministerio de Cultura, se presentó el 4 de marzo de 2018 en Santa María de Naranco y, desde entonces, ha sido la brújula que ha guiado las intervenciones en el Prerrománico. En él están recogidas las grandes líneas de acción sobre ese conjunto patrimonial disperso por toda Asturias, con una visión global y a largo plazo: planes sistematizados y periódicos de mantenimiento y de rehabilitación, planes de regulación de los entornos, planes de aprovechamiento turístico, planes de investigación y de difusión, planes ambiciosos que chocan con una realidad más precaria y perentoria.

Si el restaurador madrileño Jesús Puras, al que no le queda edificio prerrománico en el que intervenir, comentaba días atrás, en declaraciones a LA NUEVA ESPAÑA, que las actuaciones en el Prerrománico se iban haciendo a demanda y sin mucha planificación, el párroco de Santa María de Naranco, José Emilio Díaz, alerta de carencias tan elementales como la conexión a la red eléctrica, la falta de saneamiento para instalar aseos, los malos accesos y la falta de vigilancia y seguridad.

"Hay que entender la particularidad de los edificios y tener en cuenta que su excepcionalidad condiciona la gestión", advierte el sacerdote, que lleva 12 años al frente de la parroquia del Naranco. Siendo como son para muchos visitantes Santa María y San Miguel de Lillo, por su importancia y su localización, la puerta de entrada en el Prerrománico asturiano, a día de hoy no disponen de electricidad y eso supone, hace ver José Emilio Díaz, no tener acceso a internet, no poder usar audioguías, ni instalar un sistema de televigilancia. Eso implica limitaciones y riesgos: cuenta que días atrás la cerradura de San Miguel apareció reventada.

Por otro lado está el asunto de los accesos, que no duda en calificar de "terribles". "El aparcamiento está lejísimos y la subida se vehicula por un camino porque el que no todos pueden transitar, difícil o imposible para personas mayores o con alguna discapacidad. Luego se encuentran con un ‘prao’, no hay un acceso en proximidad a los monumentos. Eso es lamentable", continúa.

Sigue explicando que también existen restricciones, impuestas desde la Administración atendiendo las recomendaciones de los expertos para la preservación de los edificios, sobre la recepción de visitas: "La Administración ha puesto una limitación, no más de 25 personas en cada visita a Santa María y en San Miguel la mitad, el grupo se divide en dos".

En 2025, según los datos del párroco, los monumentos prerrománicos del Naranco recibieron 36.766 visitas y de ellas 8.119 fueron gratuitas. La entrada más cara, que se puede reservar a través de la página web del Prerrománico asturiano, cuesta cinco euros y los lunes no se cobra: "La ley no nos obliga, lo hacemos por cortesía, por divulgación de la cultura". "Esto son iglesias no es un negocio, se cobra porque hay que pagar a los empleados", indica y da cuenta de que la parroquia dispone tres guías en verano, dos en Semana Santa y una en invierno, que cuando se prevé un aumento en la afluencia de turistas se refuerza con otro.

José Emilio Díaz deja claro que "los monumentos son lo que son, iglesias, y tienen culto, no recurrente, pero habitual". Agrega que "la parroquia se ve limitadísima en sus iniciativas –en cambiar la puerta de San Miguel tarde casi tres años–, cuando habría cosas como esa o como la instalación de un sistema de televigilancia, que la parroquia podría asumir". "Los monumentos tienen tal grado de protección que, al final, la Iglesia es un sujeto pasivo", sostiene.

Financiación escasa

Lorenzo Arias, historiador del Arte y uno de los grandes eruditos en el Prerrománico asturiano, opina que el problema de fondo es la "falta de financiación", en general y para cada uno de los edificios. La falta de recursos y de planificación está detrás, a su juicio, de "la inercia que tiene la Consejería de Cultura, y la Administración en general, para apreciar los problemas y adelantarse a ellos: es muy lenta". También se necesita dinero para acometer nuevas excavaciones arqueológicas: "El Prerrománico hay que excavarlo, entre Santa María y San Miguel se hizo en los 90, se encontró un cripta, y no sabemos nada más". Y parecido en Santullano".

"Hace falta un cambio de perspectiva", concluye el historiador, "no tanto un Libro Blanco, que el que hay habrá que actualizarlo, sino que las generaciones futuras no se queden en blanco con el Prerrománico, que lleguen a conocerlo. Con el Prerrománico estamos escribiendo un libro para conocer nuestra historia y la de la monarquía asturiana".

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