Gustavo Palomares Lerma, politólogo especializado en Relaciones Internacionales: "Invertir en defensa no es invertir en guerra"
"Junto al liderazgo de Francia y Alemania, España puede convertirse en un puntal esencial en la construcción de la ‘Europa de la Defensa’", asegura el experto, que ve fundamental una política común en seguridad para "influir en la gobernanza mundial"

Gustavo Palomares.
El politólogo y especialista en la Unión Europea Gustavo Palomares Lerma, analiza la necesidad de impulsar una Europa de la defensa, el papel que puede desempeñar España y el nuevo escenario geopolítico marcado por la guerra de Ucrania y la sorprendente posición de Estados Unidos.
¿Qué significa exactamente liderar la Europa de la defensa?
Significa impulsar un proceso político capaz de reunir a un grupo de Estados dispuestos a firmar un tratado que permita avanzar en la creación de esa Europa de la defensa. Reformar el tratado actual sería extremadamente difícil, porque exigiría unanimidad y, en algunos países, incluso consultas internas. Por eso, la vía más realista es un tratado específico que se incorpore al acervo comunitario y haga posible ese desarrollo. Liderar la Europa de la defensa consiste, en definitiva, en encabezar ese proceso.
¿Por qué se hace especialmente necesaria ahora?
Porque durante más de 40 años Europa ha vivido bajo el paraguas de seguridad colectiva de Estados Unidos y hemos comprobado que un cambio en la Casa Blanca puede alterar o incluso hacer desaparecer ese respaldo defensivo. En un contexto de guerra en Europa, los europeos tienen que asumir de una vez su propio déficit histórico en materia de seguridad. No podemos depender de qué administración gobierne en Washington. Igual que la Unión ha desarrollado otras políticas comunes, también debe asumir la parte que le corresponde en seguridad y defensa. Se trata de pasar de una seguridad prestada a una autonomía estratégica plena.
En ese escenario, ¿España podría situarse a la cabeza o llega tarde?
España ha sido, desde 1986, uno de los países que más ha impulsado que la Unión Europea tenga una política exterior y de defensa con mayor autonomía. En este momento, además, su papel puede ser muy importante porque representa a una parte de los Estados del sur. Junto al liderazgo de Francia y Alemania, España puede convertirse en un puntal esencial en la construcción de esa Europa de la defensa.
¿Esa Europa de la defensa tendría que incluir necesariamente a los 27?
No. Muy probablemente no estarían los 27 Estados. El propio tratado prevé mecanismos para que un grupo de países pueda avanzar aunque otros no quieran sumarse. Es lo que se denomina cooperación reforzada. Ese instrumento permite que varios Estados impulsen una política comunitaria sin necesidad de que participen todos. En ese sentido, el eje Francia-Alemania-España puede ser el motor fundamental de la Europa de la defensa que necesitamos.
¿Y eso implicaría un ejército europeo propio o una mayor coordinación entre los ejércitos nacionales?
La idea pasa, por ejemplo, por contar con una fuerza de despliegue rápido de 5.000 efectivos. Esos efectivos saldrían de los ejércitos de los Estados que formen parte de esa Europa de la defensa. Además, los distintos países podrían ceder tropas para misiones concretas. Por tanto, hablamos tanto de la posibilidad de disponer de una capacidad militar europea como de articular operaciones con contingentes aportados por los ejércitos nacionales.
¿Cómo puede posicionarse Europa ante la rivalidad entre Estados Unidos y China?
Europa no tendrá un peso real en la gobernanza global mientras no resuelva con autonomía estratégica su seguridad y su defensa. La única forma de que la Unión Europea tenga un papel decisivo en el sistema internacional es que esos ámbitos dejen de depender de terceros y estén bajo la autonomía de los propios Estados miembros. Igual que el euro dio a la Unión una posición importante en el ámbito financiero global, una política común de seguridad y defensa permitiría a Europa influir de verdad en la gobernanza mundial.
¿De quién dependemos ahora mismo en materia de defensa?
Dependemos fundamentalmente de la Alianza Atlántica, diría que en un 90%. Existe un pilar europeo dentro de la OTAN, pero los mandos operativos y los grandes objetivos estratégicos siguen estando muy condicionados por Estados Unidos. Eso significa que hoy existe una subordinación estratégica y defensiva de Europa a la agenda norteamericana. No se trata de romper con la Alianza Atlántica, sino de lograr que la agenda que marque nuestras prioridades de seguridad sea la europea y no la estadounidense.
¿Y qué incluiría esa agenda europea?
Incluiría no solo una dimensión estrictamente militar, sino también cuestiones de seguridad interior: compartir información reservada, combatir células terroristas en territorio europeo o perseguir el tráfico de personas que afecta especialmente a los Estados del sur. Subordinar la seguridad y la defensa a una agenda europea significa disponer de medios propios para afrontar los riesgos y amenazas que afectan directamente a los países de la Unión.
¿Ha cambiado la estrategia europea a raíz de la guerra de Ucrania?
Sí, sin duda. Estados Unidos fue, hasta la llegada de la Administración Trump, el principal apoyo de Ucrania. Pero también es cierto que la ayuda de los Estados de la Unión Europea ha sido más constante y continuada. Trump ya había anticipado que supeditaría ese apoyo al inicio de una negociación, que es precisamente el escenario en el que estamos ahora. En este contexto, los Estados europeos se han convertido en el único soporte sin condiciones para Ucrania. Y eso altera profundamente la arquitectura de la seguridad colectiva europea. Europa debe prepararse para un eventual acuerdo de paz que cambie las reglas del juego de la seguridad en el continente.
¿Los europeos estamos mirando para otro lado?
Los europeos deben asumir que, igual que existe una política industrial, comercial, agrícola o medioambiental común, también tiene que haber una política pública de seguridad. Ningún Estado miembro renuncia a la seguridad interior; por tanto, esa seguridad hay que financiarla. No podemos seguir viviendo de prestado, apoyándonos en una estructura militar y de seguridad cuya agenda principal no es la europea. Igual que pagamos otras políticas comunitarias, también tenemos que pagar nuestra propia seguridad.
¿España se está quedando descolgada en este debate? ¿Está realmente interiorizada la necesidad de invertir en defensa?
Creo que el Gobierno de España ha sido uno de los principales impulsores de la Europa de la defensa y, además, ha contribuido a generar consenso entre Estados que todavía no tenían clara esa apuesta. Otra cosa es que una parte de la ciudadanía siga viendo con distancia este debate. Pero la responsabilidad de los gobiernos es explicar que la seguridad y la defensa son una política pública más y que, como tal, deben tener su espacio en el presupuesto comunitario.
¿Cómo se le explica a la ciudadanía que invertir en defensa no significa apostar por la guerra?
Hay que dejar claro que invertir en la Europa de la defensa no es invertir en la guerra. Es invertir en medios preventivos para evitar que los conflictos estallen, en mecanismos de mediación y acompañamiento para resolverlos y también en capacidades de ayuda ante emergencias dentro del territorio europeo. Hablamos de medios defensivos, preventivos y de protección, no de una lógica ofensiva o militarista. Es disponer de fuerzas capaces de actuar con rapidez en una frontera europea o de auxiliar a la población en una emergencia. La Europa de la defensa debe estar subordinada, además, a los valores fundamentales de la Unión: la libertad, los derechos humanos y la protección de la ciudadanía. Para nada significa invertir en la guerra.
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